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Menos de tres semanas se tardó Rodolfo Hernández en superar en las encuestas a Sergio Fajardo. Si bien se había mantenido en intención de voto desde el comienzo de la campaña bordeando los 13 puntos, según la encuesta de Invamer, a mediados de mayo se disparó a 20. Con eso, además de dejar atrás al candidato de la Centro Esperanza, se consolidó como la tercera opción, igualó en presencia digital a Gustavo Petro y pateó el tablero. Su 20.9% de la última medición de esa encuestadora, le dio 5.953.209 votos, que equivalen al 28.15% del total de las votaciones.
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Durante todo mayo los expertos en política, previeron que la estrategia del ingeniero santandereano iba a cambiar el panorama. “Luego de dos meses de campaña por primera vez se puede identificar un cambio de tendencias relevante. Un candidato marca una tendencia que puede cambiar el resultado que se había dado como definitivo”, anotaron los analistas Leonardo García y Ricardo Ávila hace una semana.
Los resultados de la primera vuelta eran impensables en marzo, cuando se daba por hecho que la pelea final sería entre Gustavo Petro y Federico Gutiérrez. Hernández había sido un candidato con competidores débiles, y ahora, de cara a la segunda vuelta, se enfrenta a una figura , aún desconocida por muchos, pero que puede llegar al Solio de Bolívar.
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Fueron varias las cosas que jugaron a favor del ingeniero. La primera de ellas el cansancio generalizado con la política. En todas las mediciones el desencanto frente a las instituciones es generalizado, y las campañas contendoras de Rodolfo Hernaádez han estado salpicadas de suspicacias por sus vínculos con prácticas tradicionales. La de Petro, por contar con figuras así percibidas como Armando Benedetti o Roy Barreras, o por la presencia en las listas del Pacto Histórico de personajes como Piedad Córdoba, que va de escándalo en escándalo. Y la de Federico Gutiérrez, por estar tan cerca del desgastado uribismo y recoger las banderas de un gobierno con tan bajos niveles de legitimidad como el de Iván Duque. El “ni petro ni uribe” terminó siendo un lema popular que recogió Rodolfo y que invitó a la acción política: miles de ciudadanos pensaron en que el voto por el político santandereano era un apuesta por superar el panorama de 2018.
En medio de la peleadera y la radicalización, se coló Hernández, aprovechando también la caída de un centro que perdió sus argumentos y llegó desgastado por las disputas internas que suscitó Ingrid Betancourt. Ella lo hizo mejor que un enemigo, al destruir la Coalición de la Esperanza dejando amarrado y sin libertad de acción a Humberto de la Calle, atacando a Alejandro Gaviria y asegurando después que su viaje a Colombia era para unir.
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El fenómeno del temor extremo al contrincante fue otro de los elementos que permitió que Rodolfo robara votos de otros candidatos. Cuando Sergio Fajardo bajó de los diez puntos de intención de voto, llegando a 5.1%, después de tener más del 18 en noviembre de 2021. Al ver su descenso en viabilidad, muchos fajardistas se sintieron más seguros en la apuesta por Rodolfo que con la de Petro o Federico Gutiérrez, por quienes nunca votarían. Hacia el ingeniero también se desplazaron las preferencias de muchos uribistas que consideraron tibio a Gutiérrez o que veían que había llegado a su techo.
El porcentaje de indecisos, que en las encuestas se movía entre el 6 y el 16% de quienes decían que sí votarían, también incidió en el logro de Rodolfo. Se decidieron por él a última hora al ver su viabilidad. Se inspiraron además en otro elemento que bien expuso Brigitte Baptiste, columnista de este diario, y es el valor que en Colombia y el mundo tiene la simplificación sobre la representación. Así ,el mensaje de Rodolfo Hernández , aunque con poco contenido, fue claro: “hacer lo que haya que hacer contra la corrupción”.
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En una agenda marcada por las necesidades sociales que impuso la pandemia, la lucha contra la corrupción como lema de campaña también pegó porque para muchos colombianos, argumenta el encuestador César Caballero, esa causa equivale a la lucha contra la pobreza. En otras palabras, consideran que la pobreza es consecuencia –en buena medida—de que los políticos se roban la plata.
Calladito en los medios y activo en las redes, con mas silencio que gritos, el fenómeno Rodolfo se consolidó velozmente y en menos de tres semanas cambió el panorama. Sus promesas populistas calaron en un país que, más que nunca, y tras la pandemia, quiere oír cosas fáciles. Así pateó el tablero.