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¿En la misma dirección?

Presidente Santos pidió liderazgo y compromiso de todos los países, sobre todo de los mayores contaminantes.

23 de septiembre de 2014 – 10:47 p. m.
El presidente Santos, ayer en la Cumbre del Clima en la ONU. / SIG
El presidente Santos, ayer en la Cumbre del Clima en la ONU. / SIG
Foto: CCA=jCESARCARRION

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Ya pasaron los tiempos en que los efectos del cambio climático eran pronosticables. Las crisis ambientales provocadas por ese fenómeno ya son una realidad y se agravarán con los años. Ese fue el consenso al que llegaron ayer los países que participaron de la Cumbre del Clima, organizada por las Naciones Unidas.

Sin embargo, en ese contexto, las posiciones de los países latinoamericanos —la mayoría proclives a los efectos del cambio climático— son bastante variadas y dan a pensar que, si en la región ha sido difícil llegar a puntos de encuentro, mucho más lo será en París, en 2015, cuando los afiliados a la ONU deberán suscribir un acuerdo para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Por ejemplo, algunas naciones se la siguen jugando por buscar a los grandes responsables de los daños cometidos contra el medio ambiente para que sean esos países y sus industrias los que financien y asuman los mayores compromisos en la mitigación y la reducción de la emisión de gases.

Es el caso de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. Para él, “esta crisis la produjo el mundo capitalista. Son ellos, las potencias, los que quieren adquirir el derecho a contaminar mediante el canje de bonos haciendo de la crisis un negocio. Si ayer era tarde, pronto será demasiado tarde. No podemos seguir bajo un modelo de desarrollo que va a acabar con la especie. ¿Alguien puede creer que las corporaciones podrán convertirse en las salvadores del planeta? Desde Venezuela nos comprometemos a seguir defendiendo el derecho de los pueblos a cambiar el sistema y a preservar la vida en el planeta”.

En el mismo sentido, aunque un poco menos beligerante, el primer mandatario peruano, Ollanta Humala, dijo que un nuevo acuerdo debe ser “justo y reconocer las responsabilidades históricas diferentes de los países, y equilibrado, para que permita el crecimiento económico y la lucha contra la pobreza. El cambio climático constituye la prueba más ardua jamás enfrentada por el sistema multilateral de Naciones Unidas. Ninguno demanda tanta planificación pública, tanta movilización de la sociedad civil, tanta previsión y sentido de competitividad por parte del sector privado”.

La declaración de Humala causó gran expectativa en la prensa internacional, pues Perú albergará, en diciembre próximo, una nueva ronda de negociaciones de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP20), que debería dejar el camino allanado para que en París, en 2015, sea posible la firma de un pacto que involucre a todos los países, incluyendo a Estados Unidos, que se rehusó a ratificar el Protocolo de Kyoto, Japón, firmado en 1997 y ratificado por 187 Estados, cuyo principal compromiso es la reducción de la emisión de seis gases de efecto invernadero.

En otra orilla, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, habló de los ocho compromisos que asumió su país para preservar el medio ambiente. Entre ellos, va a recuperar 100.000 hectáreas de suelos degradados en los próximos 20 años con recursos propios y prometió que buscará el apoyo internacional para duplicar esa superficie. “El cambio climático es un factor de profundización de desigualdades y un multiplicador de amenazas, y nuestra obligación es encarar dicho problema antes de que sus consecuencias sean irreversibles”, dijo.

En el mismo sentido, el presidente Juan Manuel Santos se comprometió con la recuperación de bosques. Y, como Chile, se sumó a la iniciativa 20/20 que pretende recuperar 20 millones de hectáreas en América Latina y el Caribe para 2020. Además, dijo que “en el marco de la Alianza para la Preparación de los Mercados —iniciativa del Banco Mundial— ya estamos analizando diferentes mecanismos de fijación de precios al carbono, que desincentiven las emisiones de gases de efecto invernadero”.

La verdad es que, en el plano económico, algunos ven el cambio climático como un asunto político de falta de compromiso de parte de los países emisores (entre ellos Brasil, cuya presidenta Dilma Rousseff fue criticada, pues no reconoció su calidad de emisor y no mostró cifras concretas sobre una supuesta limitación a las emisiones), otros lo ven como una posibilidad de crecimiento. Pero en lo ambiental, los daños están ahí y si no se logra un acuerdo vinculante en París, pasará otra década de desastres naturales antes de que el mundo tenga que repensar el problema como una asunto de supervivencia y no de competitividad.

csegura@elespectador.com

@CamiloSeguraA

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