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Estos son los colombianos por la paz

Criticados por algunos de querer sacar provecho del tema humanitario, hombres y mujeres provenientes en su mayoría de la academia trabajan por la libertad.

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Lanzar un globo al aire con un mensaje. O una botella al mar. Sin saber si algún día se obtendrá una respuesta, pero con fe en que el envío llegará a su destino. Esa fue, prácticamente, la determinación que tomó el pasado 11 de septiembre un grupo de personalidades del mundo político, académico y de las artes que decidió escribir una carta pública a las Farc para desbloquear el tema del acuerdo humanitario. Un gesto que en concepto de muchos fue ingenuo, pero gracias al cual hoy seis secuestrados podrían regresar a sus hogares después de años y años atados a la selva y a la montaña. Los colombianos por la paz, como los bautizó la propia guerrilla, llamaron a la puerta. La puerta fue abierta y hoy cuentan con el reconocimiento del Gobierno y el respaldo de más de 50 mil personas que, a través de la internet, se han sumado a su empresa: lograr la libertad de todos los cautivos.

La historia comenzó exactamente hace cinco meses en el apartamento de la senadora liberal Piedad Córdoba, en el centro de Bogotá. Unas 30 personas se reunieron a almorzar para proponer ideas sobre cómo descongelar el diálogo con el grupo subversivo, duramente golpeado por el Ejército con la Operación Jaque. Entonces, poco se hablaba en el país de la libertad negociada. Córdoba lideraba la conversación en la mesa, en la que la acompañaban entre otros la activista Olga Amparo Sánchez, la ex alcaldesa Gloria Cuartas, el periodista Jorge Enrique Botero, el profesor universitario Alberto Cienfuegos y el escritor estadounidense Marc Chernick, autor del libro Acuerdo posible, solución al conflicto armado colombiano.

La líder política planteó la posibilidad del intercambio epistolar público, pero su propuesta fue refutada por quienes consideraban que las Farc jamás contestarían. Otros que la apoyaron en su idea no tardaron en cuestionar la conveniencia de que su nombre apareciera firmando el mensaje. “Ojo, que nos podrían judicializar” y “no demorarían en interceptar nuestros teléfonos”, fueron algunas de las frases que se escucharon entre café y café. La reunión comenzó al mediodía y se extendió hasta las 11 de la noche.

Sin embargo, después de la jornada que nadie dudó en calificar de “durísima”, quedaron más certezas que dudas. Alpher Rojas, director del Instituto de Pensamiento Liberal, se dedicó las semanas siguientes a redactar la primera carta, en la que también trabajaron Córdoba y Sánchez. A principios de septiembre, unos 130 intelectuales y académicos recibieron la comunicación final en sus correos electrónicos, junto a unas cortas líneas en las que se les invitaba a suscribirla. Algunos, asegura la senadora, prefirieron no participar. Su nombre encabezaba la lista de firmantes.

Las Farc contestaron el mensaje, difundido por internet, un mes y cinco días después. Aceptaron iniciar el diálogo público y el 27 de noviembre el entonces llamado “grupo de intelectuales” volvió a escribir. A diferencia del texto más bien escueto de la primera vez, en esta ocasión enviaron una carta extensa y profunda en la que “de manera cordial pero sin rodeos” le preguntan a la guerrilla si están dispuestos a abandonar definitivamente la práctica del secuestro. A la vez, le recordaron al secretariado la ocasión en la que, con el liderazgo de alias Manuel Marulanda y Jacobo Arenas se prometieron abandonar ese delito como arma política y económica. Se trata del compromiso que asumieron en el acuerdo de La Uribe, en 1984, en el gobierno de Belisario Betancur.

La idea de asumir una posición en contra del drama que padecen cerca de cuatro mil colombianos surgió entre varios miembros del movimiento. Entre ellos está el reconocido periodista Javier Darío Restrepo, quien aunque jamás se ha reunido con los líderes, ha participado activamente del proceso en forma virtual.

Restrepo cree que este proyecto lleva implícito un rechazo a la política guerrerista del presidente Álvaro Uribe y que precisamente por eso no se puede dejar lugar a dudas: “El secuestro es un desacierto político y un crimen repudiable”.

Así las cosas, el intercambio epistolar era un hecho. El proceso, no obstante, estaba algo lejos de ser inalterable. Las críticas de quienes consideran que Piedad Córdoba quiere sacar un beneficio político con las liberaciones se escucharon entonces

más fuerte que nunca. Al mismo tiempo, los colombianos por la paz tenían que sortear las diferencias internas entre hombres y mujeres provenientes, en su mayoría de la academia, que sin bien coinciden en muchos puntos tienen ideales y convicciones que no en todos los casos armonizan.

La fortaleza y el impulso, dicen, se los terminó de dar la segunda comunicación de la guerrilla, en la que anuncia la liberación unilateral de seis cautivos. En el mensaje, el grupo subversivo los saluda como los colombianos por la paz. Sin embargo, no hacen mención alguna a la pregunta de sus interlocutores.

Ellos, los interlocutores, criticados por unos y aplaudidos por otros, aseguran que ahora queda esperar a que el Gobierno facilite la eventual liberación.

Después de que eso suceda prometen seguir trabajando, no sólo en el tema del acuerdo humanitario, sino en todo lo concerniente a la guerra: las minas antipersona, los desplazados, los niños en el conflicto, la violencia contra las mujeres… Su lema: Hay mucho por hacer  por Colombia.

Avanza proceso de liberación unilateral

Esta semana la senadora liberal Piedad Córdoba se ha reunido en dos ocasiones con el comisionado de  paz, Luis Carlos Restrepo, para ultimar los detalles de lo que será la liberación de seis personas anunciada por las Farc. Como resultado de los encuentros, la congresista fue autorizada para mediar en la liberación a la vez que puso sobre la mesa las fórmulas logísticas para el proceso. Ahora en manos del Ejecutivo está que se ponga en marcha un mecanismo de liberación  similar al de las  anteriores liberaciones o que se permita que la Cruz Roja Internacional contrate este operativo por fuera del país.

Los planteamientos que han hecho las Farc en sus comunicados para liberar a cuatro miembros de la Fuerza Pública y dos civiles sugerían la mediación de Piedad Córdoba y que al CICR lo acompañara un garante internacional. Sin embargo, acerca del último punto, el Gobierno ha insistido en que no permitirá la participación de ningún gobierno o personalidad extranjera.

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“Proyecto político, pero no electoral”

Aunque la primera carta enviada a las Farc iba firmada por unos 130 académicos e intelectuales, el segundo mensaje que el grupo de colombianos por la paz le mandó a la guerrilla recibió el apoyo de más de 25 mil personas, y a lo largo del proceso otras 30 mil se han vinculado virtualmente al proyecto.

Estudiantes, amas de casa, indígenas, miembros de las comunidades afrodescendientes y grupos de mujeres forman parte del movimiento. Entre los conocidos que han participado activamente están también el defensor de los Derechos Humanos, Iván Cepeda; el periodista Jorge Enrique Botero; los directivos de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, y el historiador Medófilo Medina.

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La mayoría de los entrevistados para esta nota destacan que se trata de una iniciativa inédita en el mundo, en la que un grupo de personas afines arman una “corriente de voluntades” de manera prácticamente virtual y logran una comunicación con un grupo armado ilegal públicamente.

Para la indiscutible líder del proceso, la senadora Piedad Córdoba, se trata sin duda de un tema político, pero no electoral. “Esto no da votos. Hay mucha gente que vive de la paz, monta ONG y saca libros, pero se necesita voluntad de servir para asumir los riesgos necesarios para llegar a donde haya que llegar por la paz”.

Laura Ardila Arrieta

Por Laura Ardila Arrieta

Periodista Caribe con un gusto especial por la crónica y los reportajes sobre el poder. Autora del libro ‘La Costa Nostra’, historia no autorizada del clan Char. Ha ganado cinco premios nacionales de periodismo, incluyendo el Simón Bolívar en la categoría Periodista del año en dos ocasiones.
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