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Se calienta en la Casa de Nariño un nuevo remezón que tiene la mirada puesta en las elecciones de 2026. Con el cuarto movimiento del gabinete en poco más de dos años —y 40 ministros en este periodo—, el presidente Gustavo Petro tendría previsto cerrar su círculo de poder para resguardarse con las personas más cercanas a su proyecto político en el Ejecutivo y dar vía libre a quienes están ojeando la posibilidad de una candidatura presidencial y legislativa.
El cargo de cabeza de cartera limita los tiempos de renuncia para no incurrir en una posible inhabilidad para aspirar a un cargo de elección popular, por lo que entre diciembre y enero estarán despidiéndose varias caras reconocidas de esta administración, entre ellas algunas que han resaltado por haber llegado sin haber hecho campaña con el progresismo de Petro. Y lo que se habla en lo pasillos de Palacio es que, mientras algunos si se irían con el partido único que busca formar la izquierda, otros se decantarían por sus propias agrupaciones.
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Justamente, las fechas de salida dependerán de varios factores. Uno de ellos es si los ministros caben bajo la sombrilla de “ordenadores del gasto”, una figura que corresponde a aquellos que cuentan con “la capacidad de ejecución del presupuesto”. En esos casos, la renuncia tendría que ocurrir antes de que finalice el año, pero los otros tendrían hasta marzo para dimitir. Eso sí, en el mismo gabinete existen dudas sobre quién entraría bajo este calificativo, pues algunos manejan un fondo rotativo, lo que relega esas decisiones de presupuesto a secretarios, como es el caso de la Cancillería.
En todo caso, el gabinete tuvo agitaciones por el disgusto de algunos de los ministros frente a la llegada de Armando Benedetti, exembajador de Colombia ante la FAO, como asesor presidencial. Aunque la molestia fue palpable en el gabinete, especialmente entre el sector ‘purasangre’ —pues se trata de una persona que no viene de la izquierda y quien además había lanzado algunas declaraciones en las que dejaba entrever la posibilidad de irregularidades en la campaña Petro—, al final, varios de ellos aseguraron que las decisiones del presidente “se respetan”.

Lo cierto es que Benedetti no ha perdido tiempo desde su nombramiento, por lo que ya pisó el Capitolio y ha tenido algunas reuniones con el presidente. Todo eso podría ir en la vía que busca delinear el mandatario para 2026, en la que quiere rodearse de quienes puedan fortalecer el movimiento. Los disgustos entre el gabinete, de todas formas, se mantienen.
Los cercanos al corazón del petrismo
La lista de los que saldrían incluye a una de las ministras estrella del mandatario, la minambiente Susana Muhamad, una de las pocas, junto con la mintrabajo, Gloria Inés Ramírez, y el mindefensa, Iván Velásquez, que se ha mantenido en el gabinete en estos dos años y que suena para ser una de las caras incluidas en el tarjetón de la consulta de la izquierda para elegir un candidato único. Y ya tiene experiencia en la política electoral, pues estuvo en el Concejo de Bogotá desde 2019 por la Colombia Humana, partido del cual fue vicepresidenta de la junta de coordinación nacional.
El pulso de esa posible candidatura que ella ha negado buscar, se midió también en el escenario de la COP16, donde fue una de las caras de Colombia y fue aplaudida por su liderazgo en materia ambiental.
Otro de los cercanos al progresismo analiza sus posibilidades de ingresar a la lista del Senado. Se trata de Andrés Camacho, el ministro de Minas y Energía —quien llegó a reemplazar a Irene Vélez, actual cónsul de Colombia en Londres—, estaría buscando una curul para 2026. Ya ha hecho presencia en varios actos políticos de la Unión Patriótica, junto con la minagricultura, Martha Carvajalino, y entraría a reemplazar a la senadora María José Pizarro, un nombre que también se analiza para la consulta de las candidaturas presidenciales. El ministro había intentado llegar al Congreso con el entonces partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), fundado en 2017, como candidato para la Cámara por Bogotá, pero no alcanzó el umbral de votos.
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A ese nombre se sumaría Daniel Rojas, el ministro de Educación, quien inició en 2022 como el director de la Sociedad de Activos Especiales y llegó a reemplazar a Aurora Vergara en julio de este año. La administración Petro ha sacado pecho de su inclusión en el gabinete, al ser una de las figuras más jóvenes, y lo reconoce como uno de los más comprometidos con el “Gobierno del cambio”, con una formación política que lo ha vinculado con el presidente desde hace algunos años.
Guillermo Alfonso Jaramillo, el minsalud que llegó después de Carolina Corcho, podría aplicar para retirarse de su cargo en los próximos meses. Se trata de otro que viene de la Colombia Humana, en donde fungió como presidente de la agrupación y secretario general, así como de la Bogotá Humana, en la que fue el secretario de Salud del actual mandatario en su paso por la Alcaldía. En su hoja de vida se suman su paso como alcalde de Ibagué y gobernador del Tolima en dos periodos.
La inclusión de estos personajes en una lista del movimiento de izquierda para 2026 ha generado ciertas dudas entre los partidos que ahora integran el Pacto Histórico, especialmente los más pequeños. Entre los miedos de este sector están que las aspiraciones a Senado y Cámara se decidan a dedo, bajo criterios que no tengan en cuenta, justamente, a esos participantes de menor calibre en el escenario de la izquierda. De todas formas, las agrupaciones que han manifestado su interés de participar en ese nuevo partido han dicho que se concretará una forma democrática para la elección de esos candidatos, aunque no han aminorado esos temores.
Esa lista se cerraría con un nombre cuyo mantenimiento en el gabinete tambalea, aunque no por cuenta de las elecciones ni por regaños del presidente: el minhacienda, Ricardo Bonilla, salpicado por la red de corrupción de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd). El escándalo, uno de los más grandes que ha tocado al Gobierno Petro, tumbó a figuras como Sandra Ortiz, la exconsejera para las Regiones, y a César Manrique, exdirector de la Función Pública, supuestamente involucrados.
Pero ese no ha sido el caso de Bonilla, quien llegó a reemplazar a José Antonio Ocampo, y ha adelantado algunas de las jugadas más arriesgadas del Ejecutivo en materia económica. Incluso, el mandatario ha defendido en varias ocasiones a la cabeza de la cartera de Hacienda, lo que pone en duda su posible salida. No han faltado las peticiones de su renuncia desde el Congreso, especialmente en un álgido momento de discusión de la ley de financiamiento, cuyos ponentes no han podido llegar a acuerdos para presentar la ponencia, situación que ya ha ocurrido en tres ocasiones.
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Las caras nuevas del gabinete
Junto con Muhamad, también saldrían dos figuras que han sido clave en los últimos meses para el mandatario, pero que no han tenido la misma trayectoria de afiliación hacia el progresismo. La ventaja de estos funcionarios es que cada uno cuenta con un partido propio, por lo que podrían partir sábanas con el progresismo de Petro de cara a 2026.
Entre ellas, el canciller Luis Gilberto Murillo, cuya dimisión se planea para el 10 de enero, la fecha de la posesión de Nicolás Maduro tras las cuestionadas elecciones del pasado 28 de julio, donde también se determinará cuál será la vía que tomará Colombia frente al país vecino.
“Nosotros vamos a continuar en una relación de Estado a Estado, con estos procesos en términos económicos, comerciales, de seguridad, humanitarios. ¿Qué puede seguir? Una de las cosas que se ha dicho es elecciones libres, ojalá y se pongan de acuerdo allá, con diálogo político. Eso solo lo pueden definir los venezolanos y venezolanas, y la intención es que se evite la injerencia de cualquier actor externo, no tienen que llegar a ese punto”, afirmó Murillo en entrevista con El Espectador.
En los últimos meses, el jefe de la diplomacia ha tratado de lidiar con los problemas que surgieron de esa situación, suavizando el tono en las relaciones exteriores y en medio del lío de los pasaportes que sacó a su antecesor, Álvaro Leyva, pero ahora se alistaría para una candidatura presidencial. Después de todo, cuenta con su propio partido, Colombia Renaciente.
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A él se suma el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, cuyo trabajo ha sido esencial para destrabar la agenda legislativa del Gobierno Petro y ya acumula los réditos políticos de su trabajo en el Congreso. El tercer jefe de esa cartera en dos años de esta administración— después de Alfonso Prada y Luis Fernando Velasco— se convirtió en la cara de la reforma al Sistema General de Participaciones, una iniciativa parlamentaria a la que le puso el acelerador con su llegada al Gobierno, así como el impulsor de varias de las victorias de la Casa de Nariño en el Legislativo.
Con su posible salida del gabinete, analizaría, además, volver a entrar a la contienda electoral, aunque su partido, En Marcha, perdió su personería jurídica por una decisión del Consejo de Estado en mayo de este año. En este momento, la agrupación ocupa tres curules en el Congreso: los senadores Gustavo Moreno, Guido Echeverri y Jairo Castellanos, todos quienes recibieron el aval de ASI para las elecciones de 2022.
El que cerraría esta lista es Mauricio Lizcano, quien inició como director del Departamento Administrativo de Presidencia (Dapre) en agosto de 2022, pero pasó en mayo de 2023 al Ministerio de las TIC para reemplazar a Sandra Milena Urrutia como la cabeza de esa cartera. Aunque sin una afiliación de izquierdas como algunos de los más cercanos al presidente, el ministro se ha destacado por su trabajo sobre la Inteligencia Artificial, y especialmente en lo regional, desde donde mantiene sus afiliaciones políticas en Caldas. Su partido, Gente en Movimiento, que nació de una división del Partido de la U, aseguró su personería jurídica en 2023, y le da vía libre para poder medirse en las urnas.
Con más de un año para que ocurran las elecciones de 2026, ya empiezan a partir sábanas para hacer sus apuestas y asegurarse un puesto en la contienda. Mientras el progresismo trata de unificarse, con todo lo que eso significa en términos de organización, la derecha y la centroderecha hacen lo propio. Y no es poco que varios actores de la política estén tomándose su tiempo para poder medir el pulso de la ciudadanía y ver cuál será la vía que pueda asegurarles más músculo electoral.
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