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La dirección del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) se ha convertido en uno de los cargos más espinosos del país. No en vano, en febrero de este año, aceptaron la renuncia de la directora Teresa Moya, tras la fuga de dos paramilitares de la cárcel La Picota, en Bogotá: Dúmar de Jesús Guerrero Castillo, alias Carecuchillo, desmovilizado del bloque Héroes del Llano y Héroes del Guaviare de las Autodefensas Unidas de Colombia, y Rahomir Rodríguez Trujillo, alias Tribilín, ex integrante del bloque Central Bolívar de las Auc.
No fue el único escándalo en el que se vio envuelta su administración. El episodio de la remodelación de la celda del ex senador Juan Carlos Martínez, detenido por parapolítica en La Picota, motivó el relevo del director del centro carcelario Enrique Arce. Eso sin contar las versiones de corrupción en la entidad.
En reemplazo de Moya entró el coronel Carlos Barragán, a quien el ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, le aceptó la renuncia protocolaria por el cambio de mandato.
Sin embargo, después de tres meses de haber comenzado el gobierno Santos, Vargas Lleras confesó este miércoles que no ha sido fácil encontrar al nuevo director del Inpec. Mientras tanto, Luis Felipe Henao se desempeña como director encargado.
Y después de la intervención a la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), por corrupción, el ministro del Interior anunció que el Gobierno se apresta a investigar al Inpec por las irregularidades en varias cárceles del país. “Se le va a poner lupa”, dijo, “pero no hay director aún”.
Vargas Lleras reconoció que le ha ofrecido el cargo de director del Inpec al general Roso José Serrano, al general Jorge Enrique Mora y al ex senador Alfonso Valdivieso, pero ninguno lo ha aceptado. Si bien el asunto no es fácil, el Ministro tiene claro lo que quiere para dicho cargo, “un extraordinario gerente y con experiencia en criminalística”.
Valdivieso reconoció que Vargas le propuso la dirección desde el primer momento, pero sus razones para negarse fueron dos básicamente: no dar la sensación de ser un burócrata y la necesidad de que al frente del Instituto se ponga a una persona que maneje el tema y tenga conocimientos criminalísticos. “Uno sabe que es complejo y que el sistema carcelario tiene cosas que mejorar”, agregó.
Desde adentro el director (e) Henao explicó las dificultades que existen para la dirección de la institución. La primera es el manejo del personal. Son 33.000 hombres armados. Además, hay 34 sindicatos que dificultan la tarea administrativa, por ejemplo, en el caso de los traslados de personal de guardia, cuando la persona no quiere ser trasladada simplemente se afilia a uno de los sindicatos y eso frena la decisión.
En caso de que las medidas sean muy fuertes con el personal, los sindicatos buscan la manera de tumbar al director, por ejemplo, “permitiendo una fuga”. Eso ha llevado a que sea una entidad muy difícil de manejar. En este punto la propuesta de Henao es que el Inpec sea integrado a la Fuerza Pública y se aplique el mismo régimen.
La corrupción dentro de la institución es otra de las dificultades que queda a nombre del director. Éste debe firmar cerca de 300 documentos diarios, hasta los recibos de caja menor. “La corrupción está en todos los niveles: desde el personal de guardia, que permite la entrada de objetos y sustancias prohibidas, pasando por las fugas, hasta el tema de contrataciones”, dijo. Al mismo tiempo, el director debe velar por el cumplimiento de los derechos humanos, las condiciones carcelarias y la seguridad y los resultados. ¿Quien se le medirá?