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Honradez e inteligencia vencerán

Carlos Augusto Hernández, profesor de la U. Nacional dice que nadie como Antanas aprende tan rápidamente las tareas más complejas.

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Cuando conocí a Antanas, a finales de los años 70, él era un profesor muy joven de la Universidad Nacional de Colombia, que despertaba la admiración de sus colegas por el modo excepcionalmente brillante como había realizado sus estudios de matemáticas puras en un tiempo récord y con las más altas calificaciones. Me acerqué a él porque compartíamos la tentación de la filosofía y la política y porque nos atrevíamos a soñar un mundo mejor. Tal vez por eso nuestras conversaciones no versaban sobre las ciencias puras, sino sobre el sentido social de la ciencia y sobre la educación.

En 1980, el profesor Carlo Federici nos invitó a hacer parte de un grupo de investigación en educación, y así esa amistad se fortaleció alrededor de la reflexión sobre la escuela. Antanas, siendo el más joven, era el líder del grupo, por su gran inteligencia y capacidad de trabajo. Todos reconocíamos su lucidez, su dedicación y su generosa disposición a ver sus ideas originales como fruto del trabajo colectivo.

Ese capítulo inolvidable de la educación colombiana que fue el Movimiento Pedagógico nos hizo saber que nuestro amigo llegaría muy lejos. Allí Antanas se reveló como el líder carismático y como el pensador político que construyó un fundamento teórico para ese movimiento de maestros; un movimiento que ponía los intereses de la pedagogía muy por encima de las reivindicaciones económicas y que comprometió a Fecode y a los más serios investigadores en educación en la lucha por la dignidad de la tarea de enseñar.

No conozco a nadie que aprenda tan rápidamente como Antanas las tareas más complejas y sea capaz de llevarlas a cabo con mayor seriedad, honradez y eficiencia. Fui su compañero de estudio en la maestría en Filosofía y vi cómo se destacaba por encima de los filósofos de profesión.

Antanas no tenía experiencia administrativa ninguna cuando llegó a la Vicerrectoría y luego a la Rectoría de la Nacional, en donde dio pruebas indudables de su capacidad de gestión y adelantó una Reforma Académica que, en lo fundamental, sigue sirviendo de guía a la Universidad. Cuando Antanas fue alcalde de Bogotá, los ciudadanos asistimos a una transformación de la ciudad que nos hizo enamorarnos de la capital.

Los grandes pensadores políticos contemporáneos han puesto sus ojos en Colombia y se han unido al coro internacional de las voces que expresan su reconocimiento a la gestión de Antanas en la alcaldía y respaldan sus aspiraciones a la presidencia.

La historia de Antanas Mockus da razones para no renunciar a la esperanza de que la honradez y la inteligencia vencerán la manipulación y la falta de principios. Antanas cree que la reserva moral del pueblo colombiano es suficientemente grande para quebrar la hegemonía de las mafias. Recogiendo las palabras de alguien a quien también respeto mucho, diría que Antanas hizo en la Nacional una rectoría histórica, que hizo en la ciudad una alcaldía histórica y que, cuando llegue a la Presidencia de la República, hará una presidencia histórica.

 *Docente universitario.

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