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Hace apenas unos meses, antes de que la campaña electoral por la Presidencia de la República entrara en la calentura que hoy protagoniza, el voto en blanco lideraba las encuestas. Días antes de que el presidente Juan Manuel Santos anunciara que iba a la reelección, esa opción presentaba un 30% de favorabilidad, una cifra que se mantuvo más o menos constante en los siguientes sondeos. Sin embargo, en los últimos días la tendencia, que según algunos analistas debería estar creciendo ante el triste espectáculo que hoy ofrecen las campañas santista y uribista, está decreciendo.
Pareciera que día tras día sus adeptos estuviesen optando por unirse a alguno de los cinco candidatos, aunque todavía hay voces que insisten en dar la pelea y siguen considerando que, ante la actual polarización y falta de propuestas, el voto en blanco es la oportunidad para que los colombianos expresen su indignación “con la corrupción, la politiquería, los falsos positivos, las chuzadas, las desigualdades, el desempleo y la falta de oportunidades”, como dice el exmagistrado de la Corte Constitucional Jaime Araújo, uno de sus impulsores.
Es claro que el descontento está presente. Para no ir muy lejos, hace apenas ocho días, en el marco de la Feria del Libro, el escritor Fernando Vallejo —asiduo crítico de la política colombiana— invitó con sarcasmo a votar en blanco en las próximas elecciones presidenciales porque, según él, “sólo hay una oportunidad para nosotros: la de la primera vuelta, que tenemos que ganar con más del 50% de los votos válidos, para anular los comicios e inhabilitar a estos asquerosos”. Y agregó que esa sería una verdadera lección para los políticos.
La pregunta es: ¿por qué esa opción, que se veía tan fuerte en un principio, no logró despegar? Lo que se sabe es que dos de los defensores más visibles de la iniciativa se encontraban enfrentados antes de las elecciones al Congreso por la manera de financiar la campaña del voto en blanco. Por un lado estaba Gustavo Bolívar, que con su movimiento Manos Limpias comenzó a impulsar la opción para las elecciones al Congreso y continuó haciéndolo para las de la Presidencia. Y por el otro, Carlos Felipe Flórez Alvarado, del movimiento S.O.S Sin Odio Social, quien pretendió crear un comité promotor para llevar la iniciativa por todo el país, pero no logró recoger las firmas necesarias para su validación ante la Registraduría.
En su momento, Bolívar aseguraba que Flórez pretendía quedarse con el dinero de la publicidad y de la repartición de votos, mientras éste se defendía asegurando que la suya era una iniciativa en pro de la política colombiana. Superada esa disputa, y a 15 días de las elecciones, Bolívar —que está haciendo diversas correrías por la geografía nacional— sostiene que la iniciativa no se ha desinflado, como algunos quieren hacerlo ver: “Hemos hecho mucho. No tenemos medios de comunicación, ni estructura de campaña. Si los porcentajes actuales se mantienen, vamos a hacer historia”.
En diálogo con El Espectador, aseguró que la desventaja es muy grande frente a los candidatos, debido a que éstos tienen tres y cuatro comerciales en el horario prime time, “mientras que el voto en blanco está reducido a las redes sociales, que tienen un porcentaje de penetración de máximo dos millones de personas”. Sin embargo, cuando se le pregunta por qué no se inscribieron ante la Registraduría como comité promotor para llevar adelante la iniciativa, responde que “si inscribíamos ese comité la gente iba a pensar que íbamos detrás de la reposición de votos, por eso no nos inscribimos, no queríamos ponerle un precio y ponerlo al nivel del voto comprado”.
Para Bolívar, las encuestas son tendenciosas: “Por ejemplo, en una de las últimas, sólo el 9% de los encuestados son jóvenes, mientras que un 26% son personas mayores de 48 años, que es donde están los votos de Santos y de Zuluaga”. De hecho, ayer, un grupo de personas lideradas por el mismo Jaime Araújo realizó un plantón ante la sede de la Registraduría Nacional en Bogotá y con pancartas y banderas blancas invitaron a votar en blanco en las próximas elecciones presidenciales y exigieron que se les dé el mismo acceso a medios de televisión y radiales que tienen los demás movimientos. “Es lo que la ley nos ha dado, pero nos lo han quitado”, enfatizó el exmagistrado.
Lo cierto es que cada día el voto en blanco baja su poder de convencimiento en la sociedad y, según Carlos Uribe, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad El Bosque, la expectativa comienza a disminuir conforme los candidatos van avanzando en el imaginario de los electores: “Incluso, varios de los electores del voto en blanco se podrían decidir a última hora por uno de los virtuales perdedores para hacerle contrapeso a quien se supone que va ganando”, explica. En su concepto, el inconformismo es natural cuando está en juego una reelección, ya que el presidente candidato es visto por los ciudadanos con una gran ventaja.
Para el analista político Luis Carvajal, es normal que se dé ese descenso en la intención a favor del voto en blanco a medida que se acerca la fecha de los comicios. “La gente empieza a ver que hay que votar por alguien, y hay que decirlo también: algunas encuestas están mal hechas. En Colombia, las cifras históricas del voto en blanco han estado, para Congreso, entre 5% y 6%, pero para las presidenciales disminuyen al 1,5%, que fue lo que se vio en 2010. Y hay otra realidad: aquí votar es un fenómeno cultural, y casi siempre votan los mismos”, concluyó.
ebonces@elespectador.com
@Raskolnikov1072