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Recientemente Álvaro Forero Sánchez abordó un taxi. Al solicitarle que lo llevara hasta el Capitolio Nacional el conductor sólo atinó a decirle: “Claro, yo lo llevo a donde esos ladrones”. Con voz pausada, pero firme, Forero increpó al taxista: “Señor, a mi me robaron en un taxi, y por eso no digo que todos ustedes son unos delincuentes”.
Esta es la actitud que toma Álvaro Forero cada vez que escucha comentarios desobligantes con los congresistas, los mismos que han sido sus compañeros de trabajo durante los últimos 46 años de su vida, pues llegó al Capitolio en 1963 a desempeñarse como portero, gracias al llamado que le hizo Julio Enrique Olaya, un coterráneo de Tausa (Cundinamarca), pero a los pocos meses ya se encontraba en el departamento de audio, del que en 1970 se convirtió en su jefe.
Su trabajo consiste en estar pendiente de que el sonido de todos los espacios del Senado operen a cabalidad, grabar todo lo que se discute y transcribir el material. Esta misión es vital, pues de allí se desprenden los textos finales de las leyes que rigen al país. Para esto cuenta con un equipo de seis personas.
Dice que nunca pensó en llegar a realizar esta labor, pues sus esfuerzos se concentraron en trabajar algún día en la radio. “Estaba trabajando como locutor del almacén Ley de la Plaza de Bolívar cuando me contrataron en el Congreso. Pasé de ganarme $250 mensuales a $904 mensuales. Duré como portero dos meses y de ahí me llevaron a ser ayudante de grabación. El 5 de noviembre de 1970 llegué al puesto que tengo en la actualidad, después de que el Servicio Civil encontró que quien se desempeñaba como Jefe de Grabación del Senado tenía problemas de sordera”.
Por temperamento es un hombre muy calmado, y de eso dan fe todos quienes lo conocen, tal es el caso de Ignacio Sánchez, uno de sus discípulos: “Lo que más admiro es su sencillez, su tranquilidad y que es un hombre muy humanitario. Nunca lo he visto con la piedra afuera”.
Con esa misma tranquilidad se proclama como conservador y ahora uribista, pero eso no le impide reconocer la capacidad de los congresistas de otras corrientes. Por eso no duda en señalar al desaparecido senador liberal por Caldas, Víctor Renán Barco, como el mejor congresista que ha conocido. “Era el primero en llegar al Congreso, hubiera sesiones o no, siempre estaba a las 7:30 de la mañana, además era un hombre muy estudioso”.
En sus 46 años de labores le han correspondido varios saltos tecnológicos, como han sido las grabadoras de transistores, las de carrete abierto, las de casete y las digitales. Sin vacilaciones afirma que el sistema más fidedigno es el de carrete, y lo comprueba una cinta de julio de 1971 en la que se pueden escuchar los gritos desesperados del entonces presidente del Senado, Eduardo Abuchaibe, quien solicita la presencia de la Policía, ante la zambra que provocó el congresista Luis Ignacio Nacho Vives en un debate que le realizó al general Gustavo Rojas Pinilla, lo que generó la ira de 60 parlamentarios de la Anapo que acudieron al recinto a sacarlo a como diera lugar, incluso con el uso de armas de fuego.
Hoy su mayor preocupación es que se conserve todo el material que guarda su archivo, en un proceso de digitalización que espera iniciar muy pronto el Congreso y que depende mucho de Álvaro, pues la única persona que sabe reconocer la voz de todos y cada uno de los senadores de quienes hay audio. “La idea es que continúe como asesor, pues no quiero alejarme del Congreso, que ha sido como mi hogar”.