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El Gobierno está a punto de concluir uno de los semestres legislativos más productivos de los últimos años, en el cual la llamada Unidad Nacional marchó al paso que impuso el ministro del Interior y Justicia, Germán Vargas Lleras. Pero, paralelo a esto, cada vez son más evidentes las fracturas en la coalición. En criterio de los mismos congresistas, no sólo se les dio trámite a las iniciativas que constituyen las bases jurídicas del gobierno del presidente Juan Manuel Santos, sino que se discutió con altura y se hicieron aportes a las iniciativas.
En dos semanas, cuando inicie el receso legislativo, Vargas Lleras podrá dar un parte de victoria en lo referente al trámite de la ley de víctimas, la desconstitucionalización de la Comisión Nacional de Televisión, las reformas a la salud y a las regalías, el proyecto para sacar del limbo jurídico a los más de 17 mil paramilitares desmovilizados, la reglamentación de la reforma política, la constitución de los clubes de fútbol como sociedades anónimas, las facultades especiales para la creación de nuevos ministerios y la prórroga de la Ley 418 para negociaciones de paz, eliminando la posibilidad de zonas de despeje.
Pese a esto, es evidente el fraccionamiento entre los partidos de la Unidad Nacional en dos grandes bloques: el que componen los partidos de la U y el Conservador, y el frente de Cambio Radical y el liberalismo. División que, sin duda, tiene como gran protagonista a Vargas Lleras. Una fractura que reconocen públicamente los mismo congresistas que forman parte de la coalición.
Como el senador liberal Luis Fernando Velasco: “Hablemos claro. Conceptualmente el uribismo puro está concentrado en los partidos de la U y el Conservador. A ellos, evidentemente, no les gustan muchos temas de la agenda, como la ley de víctimas, que la pasaron porque no pueden renunciar al oxígeno político que no es más que la burocracia”.
O el representante de la U Miguel Gómez Martínez: “Es claro que hay diferencias que se están haciendo más profundas. Esta es una coalición muy amplia ideológicamente, que va desde Piedad Córdoba hasta el Partido Conservador. Son dos ejes claros, el Partido Liberal en la izquierda y el Partido Conservador en la derecha. La voz de la U es importante, porque es la que media, pero es cierto que la coherencia es muy baja”. Y en cuanto al futuro de la Unidad Nacional, Gómez cree que dependerá de la habilidad del Gobierno para navegar dentro de la coalición. “Si lo hace con prudencia, esto puede mantenerse. Pero si no tienen en cuenta que con la contienda electoral del próximo año se van a elevar los ánimos, se generarán roces muy complejos”.
Para Velasco, el problema radica en que “hay dirigentes políticos que no son en particular de un partido, sino gobiernistas y nunca votan en contra de quien gobierne, porque el centro de su actividad es esperar a que les den algo a cambio de su respaldo”.
En el Partido de la U defienden la tesis de que las mayorías están conformadas desde hace ocho años y que la alianza del liberalismo y Cambio Radical no puede generar equívocos. “Nosotros, con el Partido Conservador, somos la coalición mayoritaria que acompañó al presidente Uribe, que no se equivoquen en el liberalismo”, aseguró el vocero de la U, senador Roy Barreras. Pese a las evidentes diferencias, el avance de las propuestas del gobierno Santos es reconocido por los dos sectores. “El balance hasta ahora es bueno, pero me hubiera gustado que hubiese mayor prioridad en temas como salud y empleo, porque el Gobierno se dejó imponer la agenda liberal”, señala Gómez.
Por cierto, una muestra de las atizadas diferencias entre los dos bloques que componen la coalición la representan el presidente del Congreso, senador Armando Benedetti, y el ministro Vargas Lleras, quienes han hecho públicas sus discrepancias. Esto es evidente para Santos, quien reconoció sus diferencias y los felicitó por poner por encima los intereses del gobierno. “Germán Vargas, nuestro Ministro del Interior y de Justicia. Otro de mis nuevos ‘mejores amigos’; al igual que el resto del gabinete, le ha tocado trabajar especialmente duro, porque es que aguantarse a Benedetti y al doctor Zuluaga y sus representantes, no es fácil”, dijo de forma jocosa.