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Las víctimas levantan la voz

Este viernes comienza el V Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo en Medellín.

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A las nueve de la mañana del 19 de abril de 1995, Ken Thompson terminaba una taza de café. Acababa de llegar a su trabajo en la ciudad de Oklahoma cuando una fuerte explosión sacudió las ventanas de su oficina. “Todos corrimos a ver qué pasaba. Miré hacia afuera, vi humo blanco saliendo del centro de la ciudad y luego todo se volvió negro”, le relató a El Espectador.

Luego de encender la radio, Thompson escuchó que la explosión había sido en uno de los edificios federales, ubicados en pleno centro. Un escalofrío recorrió su cuerpo, su madre trabajaba allí. “Prendí el televisor y antes de empezar a entender qué estaba pasando comencé a ver las imágenes de las ruinas. En ese momento supe que seguramente mi madre habría fallecido”, contó Thompson a este diario un día antes de viajar a Medellín para participar en el V Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo.

Timothy McVeigh, un veterano de la guerra de Vietnam, había cargado un camión con 2.300 kilogramos de explosivos y lo había activado al frente del edifico Alfred P. Murray, que albergaba oficinas del FBI y una guardería para los hijos de los empleados. Tenía todo fríamente calculado. Incluso su plan de huida: cerca del lugar, el terrorista parqueó un automóvil Mercury amarillo en el que intentó huir de la ciudad, pero fue detenido por la policía por conducir sin licencia. En el carro, la policía encontró un sobre en donde McVeigh confesaba que “el atentado era contra el imperio del mal”.

Mientras tanto la tragedia iba en aumento. Las autoridades informaban que 168 personas habían muerto y más de 500 estaban heridas. Ken Thompson buscaba a su madre en el hospital, tenía la esperanza de que estuviera en el último grupo. No la encontró. Luego de 16 días de frenética búsqueda derrumbaron lo que había quedado del edificio y entonces el cadáver de su madre fue encontrado. El 1º de junio Virginia Thompson fue la última víctima en ser sacada de entre los escombros.

Sólo comprender lo que había pasado, explicó Thompson, fue un proceso largo, que duró más de un año. “Cada vez que veía la nuca de alguien parecido a mi mamá, pensaba, ‘¿De pronto estaba fuera del edificio y algo le golpeó la cabeza y no recuerda quién es?’, luego volvía a la realidad”.

Ken Thompson no quiso asistir al juicio de Timothy McVeigh ni a su ejecución con inyección letal, en 2001. “Ese hombre ya había robado tantos días a mi familia que no quise permitirle más”, aseguró. Hoy Ken dedica su vida a la prevención del terrorismo y a trabajar con víctimas de la violencia. Su drama lo ha contado en Irlanda del Norte, Nueva York, Londres y Madrid, entre otras ciudades. Hoy su voz y la de cerca de mil víctimas de actos terroristas se escuchará durante dos días en Medellín. “Cada día pienso en lo que pasó esa mañana”, confesó.

Los asistentes al evento

Los Príncipes de Asturias, que se encuentran desde hace tres días en Bogotá,  estarán entre los asistentes a la apertura del V Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, en Medellín. Al evento concurrirán más de mil víctimas de la violencia terrorista en 11 distintos países, desde Ruanda y España, pasando por Colombia, Argentina, Chile y Estados Unidos. Los participantes en el congreso narrarán sus vivencias con el objetivo de poner luz sobre ellas y no sobre los victimarios.

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