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¿Llegó el divorcio?

Hay quienes creen que el distanciamiento es obligatorio y que Santos no puede asumir los líos judiciales de  su antecesor.

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La postura asumida por el presidente Juan Manuel Santos con respecto al comunicado del ex presidente Álvaro Uribe —en el que habló de una justicia politizada, perseguidora y que no ofrece garantías–, marca por primera vez, al menos en declaraciones personales y no de terceros, un distanciamiento entre el uno y el otro, cuyas consecuencias en el terreno de la política aún son inciertas. “Nadie puede sostener que no hay garantías para ser juzgado. En Colombia tenemos libertad de poderes (…)”, dijo Santos, en evidente divorcio con lo expresado por Uribe.

Y aunque ha repetido una y otra vez que por su antecesor sólo siente admiración y respeto, hay quienes creen que por más lealtad que exista, Santos no puede arrastrar con los líos judiciales de los funcionarios del anterior gobierno y que le es casi que obligatorio desmarcarse. El meollo del asunto radica ahora en saber de qué lado se van a poner aquellos ‘uribistas purasangre’ que hoy forman parte de la unidad nacional, teniendo como telón de fondo unas elecciones locales y regionales en 2011, donde cada quien maneja sus intereses y tanto la U como los conservadores esperan contar con el liderazgo de Uribe para atraer votantes.

Lo que se ve hasta el momento es que muchos prefieren prenderle una vela a Dios y otra al diablo. “Para nadie es un secreto que se necesita una reforma a la justicia para volver a balancear los pesos y contrapesos. La preocupación no es sólo del ex presidente Uribe sino del Congreso frente a los vacíos que se han dado en el Poder Judicial, como en el caso de la escogencia del Fiscal (…). Pero yo apoyo irrestrictamente al presidente Santos”, dice el representante de la U por Antioquia, Augusto Posada.

El senador conservador Hernán Andrade considera, por su parte, que esta diferencia de criterios entre Santos y Uribe es un claro mensaje al país de que el primero es quien está gobernando y que debemos entender que no pueden estar identificados en todo. Y para Juan Carlos Vélez, de la U, era obvio que el presidente Santos tuviera que salirles al paso a las palabras de Uribe, ya que como Jefe de Estado no puede entrar a cuestionar a la justicia aunque, eso sí, el ex mandatario sí puede opinar porque ya no ejerce la primera magistratura.

Una buena radiografía de lo que está pasando la tiene el congresista liberal Luis Fernando Velasco: “Los colombianos creíamos que el primer año de Santos iba a ser el noveno de Uribe, pero la realidad es otra. Él tiene su agenda propia (…). Lo que estaba quedando en el ambiente con la carta de Uribe era que en Colombia no había un Estado Social de Derecho y eso no lo podía aguantar ni Santos ni ningún otro presidente. Sería como permitir un señalamiento de que Colombia es una republiqueta”.

Y en la unidad nacional hay quienes sí ven un futuro incierto en ese ‘matrimonio’ Santos-Uribe, como el representante Guillermo Rivera, también liberal: “Todos sabíamos de las diferencias de talante y estilo entre uno y otro, pero hacía falta un factor detonante para que éstas se reconocieran de boca de sus protagonistas, y ese factor resultó ser el asilo de María del Pilar Hurtado”. Sólo el tiempo dará respuestas.

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