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Los médicos de Uribe

El contagio del Presidente con la nueva gripe muestra la historia de un variado equipo médico que vela por su salud.

05 de septiembre de 2009 – 03:59 p. m.

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El Comité Contra la Pandemia de la gripe AH1N1 que el propio presidente Álvaro Uribe ordenó crear hace dos meses fue el que terminó protegiendo su salud esta semana luego de que fuera diagnosticado con la nueva gripe.

Desde que regresó de su viaje a Bariloche, donde asistió a la cumbre de Unasur, tenía fiebre, tos y estornudos permanentes. Teniendo en cuenta el esquema preventivo que le recomendó el ministro de Salud, Diego Palacio, y con el antecedente de que el jefe de seguridad del presidente de Ecuador, Rafael Correa, y uno de sus ministros habían sido declarados positivos para la infección, a Uribe se le hizo un “aspirado de garganta” que confirmó la enfermedad.

Los médicos Carlos Álvarez y Gustavo Aristizábal se pusieron al frente del caso y restablecieron la salud del Mandatario para que esta semana reinicie sus labores. ¿Por qué ellos fueron los escogidos? Los dos fueron vinculados al comité por el ministro de Salud, Diego Palacio. El médico cirujano Álvarez porque es una de las principales autoridades del país en materia de infectología, tanto que lidera la investigación sobre el virus del VIH sida y es el representante de Colombia a nivel panamericano. “Fui llamado a atender al señor Presidente porque en el país hay muy poca gente con experiencia en infectología, una especialidad relativamente nueva que se centra en el manejo de complicaciones de enfermedades especiales como esta, que evolucionan inusualmente”, le explicó el viernes a este diario.

Y Gustavo Aristizábal Duque porque, además de destacado epidemiólogo y neumólogo, es especialista en pediatría y atendió a Tomás y Jerónimo Uribe desde recién nacidos. También le hace seguimiento a la salud de la primera dama, Lina Moreno. “Conozco a la familia Uribe desde hace muchos años —aseguró— y desde la Secretaría de Salud de Bogotá apoyo al grupo técnico contra la pandemia. De manera que vivo pendiente de cualquier inquietud, sea del Palacio de Nariño o del sistema nacional de salud”.

Si el virus es detectado a tiempo, como en el caso de Uribe, antes de que los problemas respiratorios pongan en riesgo la vida del paciente, el cumplimiento de los protocolos de aislamiento y tratamiento con el medicamento Tamiflú hacen la tarea fácil. El problema es que, según le dijo Aristizábal a El Espectador, por cada uno de los 642 casos confirmados en Colombia se calcula que hay cien más sin detectar.

Tanto Álvarez como Aristizábal tuvieron que repartir sus responsabilidades entre el seguimiento a la pandemia y las consultas en la casa privada del Palacio de Nariño. Lo que ocurrió esta semana es que ellos reforzaron el esquema de salud del Jefe de Estado, del que forman parte por lo menos otros tres profesionales. Elsa Lucía Arango, nacida en Manizales, ha sido desde su época de congresista su médica bioenergética de cabecera. Ella lo introdujo en técnicas orientales de relajación a las que el Presidente le dedica al menos quince minutos en la mañana y quince minutos en la noche. El yoga nidra y el chi kong son de las más recomendadas, así como la “recanalización de energías” con poliedros. La médica de la Universidad Javeriana hizo famosas las goticas que el Presidente siempre carga a la mano.

Como no logró que disminuyera sus jornadas laborales, sí le ha enseñado lo importante que es dedicarle tiempo a sentarse, respirar y concentrarse en busca de relajación. Para regular la impaciencia que le produce a Uribe, de 57 años, su lema de “trabajar, trabajar y trabajar”, ella le prepara, por ejemplo, un frasquito marcado con el nombre “remedio de urgencia”. Son gotas a base de estrella de belén, cerasífera, heliantemo y clemátide. Otras de sus recetas son: hojarazo para combatir el cansancio y devolver vitalidad, esencia de roble para las jornadas más estresantes, mímulo para recobrar el coraje y una mezcla secreta de cinco esencias llamada “rescate”, para casos extremos. Como el del 3 de febrero de 2005 cuando Álvaro Uribe sufrió mareo y náuseas en plena sesión de la Mesa de Países Cooperantes en el Centro de Convenciones de Cartagena. Fue trasladado de urgencia al Hospital Naval y le diagnosticaron laberintitis o Síndrome de Meniére, una afección de oído que altera el equilibrio.

Los bioenergéticos llegaron a Palacio desde que Santiago Rojas asesoraba a Andrés Pastrana, así como lo ha hecho con la actual primera dama. A él se le atribuye haber modernizado el servicio médico de la Casa de Nariño, pues era elemental. Ahora hay botiquines especiales, equipo de primeros auxilios y un plan de reacción con ambulancia y línea directa con las centrales de urgencia de los hospitales más cercanos.

Gabriel Riveros, médico de presidentes y ex presidentes, asesoró a Pastrana con un equipo de emergencia para sus viajes a las selvas del Caguán durante los diálogos de paz con las Farc. Incluía equipos para electrocardiogramas, terapia respiratoria, cirugía básica, anestesiología, reanimación y trauma.

Otros especialistas cercanos a Uribe son el acupunturista Mauricio Llano —se lo presentó su esposa Lina— y el psiquiatra Mauricio Fernández, su amigo y ex compañero de pupitre en el Instituto Jorge Robledo de Medellín.

Aunque el médico Gustavo Aristizábal le dijo a El Espectador que el caso del Jefe de Estado es un ejemplo de cómo controlar la nueva gripe, es consciente de que falta masificar tales esquemas preventivos: “El Presidente se recuperó muy bien, pero lo que ahora nos preocupa es cómo mitigar el impacto de la segunda ola de este virus, que es muy contagioso y, más que haber mutado hay que decir que ya se instaló en el país y, según nuestros cálculos, potencialmente puede afectar al 40% de la población, de la cual un 20% ameritará atención médica especializada”.

Cuando los presidentes se enferman

Las enfermedades de los presidentes colombianos son históricas: El único presidente que ha muerto en ejercicio del poder fue Francisco Javier Zaldúa, quien ocho meses después de haber asumido el cargo falleció de un infarto en 1882. Desde 1892, Rafael Núñez permanecía en cama y a su última esposa, Soledad Román, se le atribuía el manejo del poder durante sus largas convalescencias en Anapoima y Cartagena por cuenta de problemas respiratorios y hasta por disentería. En los años 40 Alfonso López Pumajero debió ausentarse del poder dolencias suyas y de su esposa. En 1951 Lauerano Gómez sufrió un síncope y debió ser reemplazado por Roberto Urdaneta. En tiempos recientes, en 1987, Virgilio Barco fue operado del colón en Corea, durante una visita de Estado. Ernesto Samper, quien había recibido cinco balazos en el atentado que le costó la vida al líder de la Unión Patriótica, José Antequera, debió pedir una licencia para hacerse un tratamiento postrauma en Canadá, por lo que encargó durante diez días a Carlos Lemmos.

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