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Esta semana, luego del confinamiento por la pandemia, se instaló por primera vez y de forma presencial la Mesa Directiva de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (EuroLat), que la presiden el representante colombiano Óscar Darío Pérez (Centro Democrático) y el eurodiputado español Javi López.
El Espectador habló con López sobre la reactivación de la agenda birregional, el acompañamiento que la Unión Europea puede hacerle a los países de Latino América en materia social y económica, sectores más afectados por los cierres debido a la pandemia del coronavirus, la percepción que tiene sobre la implementación del Acuerdo de Paz, migración, entre otros temas.
Además de que el copresidente suyo sea colombiano, ¿hay otra razón por la que hayan elegido Colombia para la reactivación de la agenda birregional de la EuroLat?
Colombia es un país relevante para la región y lo es para nosotros, la Unión Europea. Es un país amigo en el que pasan cosas muy relevantes y en las que está implicada la Unión Europea. Es verdad que Óscar Darío es el copresidente y eso facilita la hospitalidad de un órgano como el nuestro. Tenía todo el sentido venir, pero no es solo eso.
¿Cuál fue el objetivo del encuentro EuroLat aquí en Colombia?
La reunión tenía como objetivo reactivar las relaciones de este puente parlamentario de ambas regiones, de las mesas directivas, discutir sobre posiciones, construir una agenda común. Nosotros hemos señalado que, dentro de la prioridad de política exterior de ambas regiones, debe estar la revitalización de las relaciones y estos espacios tienen todo el sentido.
Uno de los temas de la declaración conjunta, tras la reunión, fue la situación económica y social de los países de Latinoamérica por la pandemia, ¿cómo la Unión Europea puede entrar a ayudar a Colombia y otros estados en estas situaciones?
Obviamente una de las discusiones centrales fue la pandemia. No solo la pandemia en sus efectos sanitarios terribles para la región Latinoamérica y el mundo, sino en cómo construir una reactivación económica y social, sostenible medioambientalmente, después de su impacto. Y ahí hay varios debates en marcha. Primero, nuestra opinión es que uno de los problemas de la región para afrontar situaciones como las actuales es que no tienen suficiente margen fiscal y la Unión Europea debiera ser capaz de coordinarse con Latinoamérica, especialmente los organismos multilaterales de carácter financiero como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para asegurar líneas de crédito y financiación para la recuperación económica, que sea, como dije, justa social y medioambientalmente sostenible. Además del bajo margen fiscal, en los últimos cinco años el crecimiento fue muy débil y se le añaden, en algunos casos, los estados frágiles, con poca capacidad de gasto en un momento donde la presión social ha aumentado de forma muy notable.
Segundo, tener un debate razonable sobre la deuda y la gestión de la deuda en la región, para que esta no acabe tapando graves problemas sociales que afecten directamente a las democracias en la región. No solo margen fiscal, sino gestión de la deuda. Y, en tercer lugar, nosotros, y ese es nuestro valor añadido en el mundo, hemos sido capaces durante las últimas décadas de construir estados sociales robustos, con prestaciones universales, en el ámbito de la sanidad, la educación, espacios de derechos como la igualdad de género, entre otros colectivos. Por eso, sería razonable que la Unión Europea aporte este bagaje a la región, especialmente después de una pandemia que lo que ha hecho, a mi modo de ver, es revalorizar el Estado y las prestaciones universales como tal. Probablemente, por primera vez, desde los años 80 no se había revalorizado tanto el Estado y el papel del Estado.
España durante la pandemia brindó un mínimo vital a las personas más pobres, Colombia hizo lo propio, pero entregando un ingreso que no supera los USD$50, eso no alcanza para una familia promedio en el país, y una de las razones por no aumentar ese monto es la deuda adquirida por el país, ¿qué aprender de estados, que obvio son más sólidos económicamente, pero no lo piensan mucho cuando tirar salvavidas a la ciudadanía se trata?
Lo primero es que no nos toca enseñar lo que tiene que hacer otro país, pero, haciendo un análisis frío, Colombia tiene una presión fiscal del 16%; México, del 13%; la medida de la OCDE es de 33%. 16% es menos de la mitad de la capacidad presupuestaria en términos de PIB, o sea, relativo, no absoluto. Yo diría que sería razonable desarrollar un estado social con más capacidades. Mi opinión es que me cuesta mucho imaginar cómo los problemas de la región se pueden resolver sin fortalecer un Estado, obviamente con control de la ciudadanía mediante los órganos democráticos. Los mayores problemas de la región, a mi modo de ver, son la desigualdad, que se ha visto agravada por la pandemia, la corrupción y la seguridad. Sin fortalecer las instituciones públicas y las prestaciones universales y los controles del Estado, me parece difícil resolver las tres cosas. Tanto afrontar la desigualdad, como la seguridad, como ser capaz de abordar la corrupción desde un punto de vista exigente, no. Y los datos hablan por sí solos, especialmente si se compara el estado social europeo con la medida de la OCDE con Latinoamérica.
La desigualdad ustedes la reconocen, en la declaración conjunta, como uno de los factores de riesgo. Colombia la vivió recientemente con el paro nacional, al igual que otros países de la región, ¿cómo la Unión Europea puede ayudar a consolidar las democracias, dándole frente al problema de la desigualdad, el hambre y la pobreza?
La desigualdad actúa como un disolvente en la democracia. Hemos aprendido durante la última década fenómenos electorales enormemente disruptivos, que están vinculados o han acabo creciendo gracias al desgarro que significa la desigualdad para una sociedad. Entonces yo diría que, si queremos democracias estables, necesitamos sociedades equitativas, que generen oportunidad y protección social. Eso es un aprendizaje de la última década, especialmente de la ola populista. Y para eso necesitamos rehacer el pacto social sobre el que está construido el Estado y nuestra sociedad.
Antes comentaba que el margen fiscal es una angustia necesaria y una mayor coordinación fiscal a nivel internacional también empujaría en ese sentido. Europa ha estado trabajando durante los últimos meses, con la nueva administración americana, en el G20 para llegar a un acuerdo para luchar contra la evasión fiscal. Me parece necesario reducir economías informales, que son grandes aquí en la región, formalizar el sector económico, aumentar la capacidad del Estado, y especialmente las prestaciones universales.
También hemos aprendido durante los últimos años que es difícil hacer esto solos, como un solo país. En una economía globalizada y muy abierta como la actual son necesarios mecanismos multilaterales. Por eso son tan importantes estos espacios entre la Unión Europea y Latinoamérica, porque yo creo que puede converger una agenda en este sentido: democrática y exigente en este sentido, pero al mismo tiempo que crea en rehacer el pacto social y que aborde desde la crisis de la deuda y la crisis medio ambiental del cambio climático.
¿Cómo ve a Colombia en ese pacto social que mencionaba?
Yo creo que la región tiene el pacto social por rehacer. Las protestas y las manifestaciones que hemos visto en toda la región en los últimos años es un síntoma de eso. También lo hemos visto en Europa. Así que diría que es una de las obligaciones de la política en los próximos años. Esto puede parecer polarizante, pero tenemos guías consensuales, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la agenda 2030 de Naciones Unidas, que han adherido 150 Estados. Esa es una guía razonable, consensual para rehacer el pacto social. Yo creo que debiéramos tomar buena nota todos.
El debate sobre ese nuevo pacto social se ha dirigido a nuevas constituciones. Perú y Chile lo están viviendo, ¿es necesario que esos pactos estén atravesados por nuevas cartas políticas?
No lo sé, probablemente depende del caso, de la situación. Miro con interés el proceso que está teniendo Chile, con la redacción de una nueva constitución, creo que es una oportunidad para el país, para pasar finalmente página a la época de Pinochet, pero al mismo tiempo reconozco que cualquier tipo de proceso de este tipo no está exento de riesgo. Y que una nueva constitución tampoco es una varita mágica para solucionar los problemas de un país. Probablemente depende del caso. Aquí no existen soluciones mágicas. Es cierto que los pactos constitucionales te permiten rehacer pactos de fondo, pero deben ser profundamente consensuales. Hacer una constitución debiera ser lo menos divisivo que pueda hacer la política.
La Unión Europea ha acompañado mucho el Acuerdo de Paz. A Iván Duque se le critica por manejar una doble agenda con el Acuerdo, la internacional y la interna. Desde afuera, ¿cómo observan ese discurso del presidente y cómo lo ve estando acá?
Hace cinco años, la Unión Europea y el Parlamento Europeo se comprometió firmemente con el proceso y el Acuerdo de Paz. Lo vimos con una enorme esperanza para pasar página a años de conflicto. Y cinco años después te diría que continuamos firmemente comprometidos con el Acuerdo de Paz y con su implementación de forma integral y paulatina.
Nosotros reconocemos que durante los últimos años los gobiernos aquí han hecho avances en una implementación que no es nada sencilla. Lo reconocemos y lo hacemos también de la mano de Naciones Unidas, con sus mecanismos de verificación de la implementación de los acuerdos. Al mismo tiempo detectamos algunas áreas preocupantes, como que haya aumentado notablemente el número de asesinatos de líderes sociales o excombatientes, defensores de derechos humanos. El país tendrá que continuar implementando unos acuerdos complejos y se tendrá que continuar dando pasos en la reforma agraria, a la justicia transicional, entre otros temas.
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¿Pero si ven un compromiso firme del Gobierno con relación a la implementación del Acuerdo?
Vemos que el país ha hecho pasos, pero que queda mucho por hacer y, sobre todo, vemos que no hay otra opción para Colombia. No existe otro camino para Colombia que no sea continuar con el Acuerdo de Paz y el cumplimiento íntegro. Yo sé que en el país genera mucho debate político apasionado, pero no hay alternativa que no sea recorrer el camino de la paz y unos acuerdos que también permitan reconectar el Estado con Colombia. El Estado colombiano con Colombia. Esa es mi opinión y esa es la opinión del parlamento europeo. Y hay mecanismos de verificación, como los de Naciones Unidas que hay que seguir de cerca.
Europa ha destacado el papel de Colombia en acoger migrantes venezolanos, mientras que el país pide más apoyo. ¿Qué puede esperar Colombia más allá de un reconocimiento?
Debiera haber más compromiso de la comunidad internacional y de la Unión Europea en este ámbito. Colombia ha acogido a dos millones de venezolanos, ha creado un estatus propio para proteger los derechos. Mi percepción es que es digno de admirar que el Estado y la sociedad colombiana haya acogido a dos millones de venezolanos. No es muy común en el mundo este tipo de ejercicios en términos de solidaridad, de responsabilidad internacional. De hecho, la Unión Europea no los practica para ser honestos. Diría que debiéramos ser capaces en el resto del mundo, especialmente la Unión Europea, de poner un poco de foco a este fenómeno y ser capaces de ayudar en términos financieros.
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¿Cómo la Unión Europea puede contribuir a ser modelo para que los países de la región se unan al nivel en el que ustedes están, pese a momentos difíciles como el Brexit?
Nuestro mensaje es que es necesario más cooperación y vínculos entre la Unión Europea y Latinoamérica y que para ello también es necesario un impulso en el proceso de integración Latinoamericano. Latinoamérica no solo ha padecido protestas sociales derivadas de la desigualdad, sino una fragmentación institucional y de sus mecanismos de integración. Y la pandemia nos demostró que es absolutamente necesario tener mecanismos que nos permitan gobernarnos en nuestra interindependencia y vulnerabilidad, que es básicamente lo que hemos visto con la pandemia. Somos más interdependientes y vulnerables.
Y luego, hemos visto brechas sociales, fragmentación institucional y una fragilidad democrática. Y eso es preocupante. Creo que es razonable que Latinoamérica sea capaz de impulsar mecanismos de integración. Aprender también del pasado de los últimos años. Una excesiva politización de los espacios y mecanismos de integración han acabado por debilitarlos o hacerlos inoperantes. Muchas iniciativas de carácter muy político e ideológico, que no construyan consensos en la región. Sería bueno aprender de eso, aprender de cosas que funcionan, que su integración funcional vinculada y orientada a los resultados más tecnificada, en donde hay enorme espacio de mejora. Creemos que una región más integrada no solo va a proteger mejor los derechos y va a construir un futuro mejor para los latinoamericanos, sino también va ir en beneficio de las relaciones en bloques, entre Latinoamérica y Europa, y va a ser positivo para el mundo.
¿Cómo está Europa hoy después del Brexit?
Europa después de la pandemia está mejor que antes. La pandemia ha sido normalmente traumática y dolorosa por muchas razones, pero ha sido capaz de dar una respuesta a la pandemia y de tomar buena nota de las lecciones que teníamos que tomar con el Brexit, y dar una respuesta solidaria. Hemos generado, por primera vez, un mecanismo presupuestario y fiscal con 750.000 millones de euros para reactivar nuestra economía. Un mecanismo solidario, creo que es básicamente un aprendizaje de cómo gestiona Europa la última crisis que, básicamente, la gestionó mal. Así que diría que aprendimos lecciones que hay que extraer de lo que a uno le pasa y esta lección la hemos aplicado en la respuesta a la pandemia, con un mecanismo de inversión, apostando por el futuro, apostando por la unidad de los europeos y además que hace frente a los dos retos principales retos que tenemos: la transformación digital y la agenda verde. Con esto quisiera acabar. La Unión Europea está profundamente comprometida en ello. El pacto verde europeo es el programa estrella de la Unión Europea para la próxima década. Tenemos mucho campo de trabajo conjunto con Colombia y Latinoamérica en este sentido, que atesora un patrimonio en términos de biodiversidad gigantesco, vital para el planeta y tenemos un campo de trabajo que no tenemos que desaprovechar.
¿Cómo convivir con movimientos de ultraderecha, que en Europa han florecido en los últimos, en medio de las elecciones que se avecinan, cuando los ánimos se crispan aún más?
No hay manual para gestionar la extrema derecha. Si algo hemos aprendido es que todos los sectores comprometidos con la democracia, en el sentido más amplio y profundo, debemos no intoxicar nuestro discurso. Me refiero a tanto progresistas como conservadores. Es decir, no dejarnos intoxicar en nuestro discurso y nuestra agenda por mensajes intolerantes y discursos de odio, vengan de donde vengan. Muchas veces el poder de la extrema derecha, de los discursos intolerantes, no es tanto el apoyo electoral que tienen, sino cómo influyen en el resto de los actores en su compartimento, cómo acaban influyendo en la conversación pública, monopolizando e intoxicando la conversación pública. Debemos de salvaguardar un debate público basado en los hechos, en contraposición de ideas. Que sea racional, pausado y que no le dé cabida a estos discursos de odio, que solo generan una enorme división en la población y dejan básicamente inoperante la política.
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