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Las dos comenzaron a saborear las mieles del poder hacia finales de la década de los 80. Piedad Córdoba al lado del entonces alcalde de Medellín William Jaramillo, como su secretaria privada, y luego siendo elegida concejal de la capital antioqueña en 1988, el mismo año en que Nancy Patricia Gutiérrez logró en las urnas la alcaldía del municipio de Agua de Dios (Cundinamarca). Hoy, el devenir político las tiene como protagonistas de una realidad nacional donde priman la polarización, los rumores y los chismes de pasillo. Y aunque nadan en orillas distintas, lo curioso es encontrar paralelos entre tan enconadas rivales políticas. Las dos dieron sus primeros pasos en las filas del Partido Liberal. Córdoba se ha mantenido fiel a la colectividad roja, mientras que Gutiérrez —quien arrancó en Colombia Siempre, un joven movimiento creado dentro del liberalismo—, abandonó ese barco en 2004 para vincularse a Cambio Radical y comenzar a militar en lo que llaman el “uribismo purasangre”.
Si de ‘padrinos’ políticos toca hablar, al menos en el comienzo de sus carreras, hay que decir que la ex gobernadora de Cundinamarca y ex senadora Leonor Serrano fue para Nancy Patricia lo que William Jaramillo para Piedad. Tras ser elegida mandataria de los cundinamarqueses, en 1994, Serrano nombró a Gutiérrez como secretaria de Medio Ambiente y luego la pasó a la Secretaría General. En el 97, la hoy presidenta del Senado se retiró para emprender la campaña que la llevó a la Cámara de Representantes, en las elecciones legislativas de marzo de 1998.
Para ese entonces, Piedad Córdoba ya había probado el polvo de la derrota electoral (en 1990 se lanzó a la Cámara, pero se ‘quemó’) y había aprendido a pararse (meses después de la derrota se postuló a la Asamblea de Antioquia y llegó). Y tras la Constituyente de 1991 y la revocatoria del Congreso, volvió a presentarse a la Cámara para el período 1992-1994 y obtuvo la curul.
Durante el cuatrienio Samper, Córdoba supo lo que es el verdadero sabor del poder al convertirse en una de las ‘mimadas’ y bastión del Gobierno en el Congreso de la República, donde ya era senadora. Nancy Patricia Gutiérrez, por su parte, vive en la actualidad una situación parecida, como quiera que es una de las ‘protegidas’ del senador Germán Vargas Lleras y del mismo presidente Álvaro Uribe Vélez.
Y entre esos ires y venires, el juego político las puso frente a frente el martes pasado, cuando en la plenaria del Senado de la República, por iniciativa de Gutiérrez, su presidenta, se planteó un improvisado debate sobre la manera como Piedad Córdoba se ha referido al país y a las instituciones en escenarios internacionales, en medio de toda la turbulencia por la liberación de los secuestrados por las Farc y la búsqueda de un acuerdo humanitario.
Bien decían las abuelas que “en pelea de comadres se saben las verdades”. Las dos congresistas se tiraron pullas y hasta insinuaron intimidades. Porque ante la arremetida de Gutiérrez, Córdoba tuvo que decirle al país que no es la novia del presidente venezolano Hugo Chávez y que no se va a casar con él, además de que no es de las Farc. Y en contragolpe, dejó en el aire uno que otro interrogante en torno a los “pájaros” que vuelan por todas partes en Cundinamarca, palabras que, según los malpensados tienen que ver con presunto jefe paramilitar apodado El Pájaro, con el que se ha querido involucrar a la presidenta del Senado.
Por cierto, en lo del acuerdo humanitario y la liberación de los secuestrados, las dos congresistas juegan hoy en día sus propias cartas. La labor de Piedad Córdoba la conoce todo el país y ha traído la libertad de seis de los plagiados por la guerrilla, un resultado incuestionable a pesar de los rayos y centellas que le han llovido. Mientras tanto, durante las últimas semanas, Nancy Patricia Gutiérrez ha tomado el espacio que tiene el Senado en el Canal Institucional de televisión para escuchar la voz de los familiares de esos secuestrados.
Todo parece indicar que el debate del pasado martes fue apenas la cuota inicial. El senador Armando Benedetti se atrevió a decir que lo que había detrás de tantos cuestionamientos a Piedad Córdoba no era más que la “envidia” por su protagonismo y efectividad en su gestión. ¿Pelea de ‘comadres’? ¿Disputa ideológica entre uribismo y oposición? Es el juego de la política, que al fin de cuentas, tiene como trasfondo la lucha por el poder.