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Por razones de trabajo me encontraba entre el 11 y el 16 de junio pasados en San José del Guaviare, hospedado en el hotel Las Palmas. A mi llegada, cuando me estaba registrando, a mi lado se encontraba un hombre joven, rapado, tomándose una cerveza y tratando de hablar en inglés, sin mucho éxito, con la recepcionista. Alcancé a entender lo que quería y le traduje a la niña que él estaba interesado en viajar a Calamar. Era, ahora lo comprendo, el exmilitar estadounidense Kevin Scott Sutay, que las Farc mantienen secuestrado.
La recepcionista me dijo entonces que con ese cuento estaba desde el día anterior, que quería irse solo a la selva, pero que le habían aconsejado que no lo hiciera. Le repetí que ese lugar, que yo desconocía, según la niña era muy peligroso y que había presencia se la guerrilla. Me contestó que bueno, que él de todos modos quería viajar. Le desee suerte y le dije que estaba loco, y me fui a mi habitación.
Cuando bajé a almorzar, horas más tarde, me lo encontré en el comedor y me invitó a sentarme con él. De nuevo estaba tomándose su cerveza, y con el almuerzo pidió otra. Me preguntó si yo sabía qué armas tenía la guerrilla y le dije que suponía que algunos eran fusiles Galil. Procedió entonces a buscar en su celular y me mostró una foto para que yo le confirmara. Le dije que suponía que ese era.
Traté de averiguarle por que había llegado hasta el Guaviare y me dijo que venía de Centroamérica, que lo había escogido en el mapa, que quería conocer la selva y que lo iba hacer caminando, que no le importaba cuánto se demorara, pero que no lo dejaban. Le sugerí que, si quería conocer la selva, en Amazonas había buenos sitios para conocer reservas indígenas. Se negó, insistió en que él quería caminar.
Le pregunté si viajaba solo y me dijo que sí, que iba a venir con su novia pero que no había podido acompañarlo porque había tenido un aborto. Era holandesa, si mal no lo recuerdo, y había viajado a Holanda.
Más adelante me contó que era militar y que había estado en Afganistán y había sido herido en la cara.
Terminé de almorzar y lo dejé en el comedor con su teléfono buscando armas y con el GPS trazando la ruta que iba a seguir. Le deseé suerte y salí a trabajar.
Cuando regresé al hotel al final de la tarde, pregunté qué había pasado con el gringo y me contaron que no había podido viajar pero que al día siguiente se iba, ya no para Calamar, sino para Mapiripán.
Al día siguiente, en la hora del almuerzo, de nuevo lo vi en la recepción y le pregunté qué había pasado. Me dijo que quería hacer un recorrido en lancha y luego a pie, y me mostró en su celular la ruta que pensaba seguir. Pretendía atravesar la selva del Guaviare. Repetía que necesitaba comprar un machete, mientras la administradora del hotel le insistía en que ese era otro lugar con mucha guerrila y que no le aconsejaba viajar. Sin embargo, ante la insistencia, le dijo que con mucho gusto lo llevaba a comprar lo que necesitara, incluso el machete, así que se fueron de compras . Luego, en la tarde, lo volvía a ver. Me comentó que no había encontrado la lancha pero que al otro día saldría de madrugada.
La administradora del hotel me dijo que estaba preocupada por su responsabilidad y que pensaba notificar a la Policía. Le aconsejé que era lo mejor que podía hacer. Así, más tarde, vi al joven sentado con unos hombres de civil en el vestíbulo del hotel. Pregunté a la recepcionista qué pasaba. Me contestó que insistía en viajar, ahora no a Mapiripán sino a un sitio más cercano, pero igual de peligroso, que se llama El Resbalón. Me dijo que los hombres eran policías que estaba hablando con él, lo cual hicieron durante toda tarde, tratando de convencerlo. Después me contarían que no hapudieron convencerlo y que estaba decidido a viajar.
Al día siguiente cuando salí a trabajar pregunté por el hombre y me dijeron que definitivamente había salido a buscar su futuro a las cuatro de la mañana, con su machete y su morral, que pesaba más de 20 kilos, muchos de los cuales eran por varias botellas de agua que tenía para su caminata. Un aventurero que se fue a las manos de las Farc voluntariamente y que ahora es un secuestrado que tiene a dos naciones esperando el anunciado gesto de buena voluntad de la guerrilla. Inaudito.