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Por el coronavirus, el Congreso perdió todo un mes de sesiones. Aunque debía comenzar el 16 de marzo, el trabajo legislativo se aplazó hasta el 13 de abril. En esa fecha entró a funcionar el Senado y la Cámara de forma virtual. La adaptación a los entornos digitales fue más difícil de lo pensando, y hasta demoró la discusión y aprobación de proyectos, tanto así que en Senado solo se llevó a cabo esta labor en el último mes.
Lo que se tenía que hacer en cuatro meses se tuvo que sacar adelante en casi la mitad del tiempo. La agenda se apretó y las últimas dos semanas de Congreso fueron una maratón diaria en las que el trabajo de comisión y plenaria superaba las 12 horas. Entre el ajetreo de los últimos días, el tema de las sesiones extraordinarias era una posibilidad de la que poco se hablaba, sobre todo porque la agenda estaba colmada de proyectos que no podían discutirse en estas sesiones por su carácter o por el vencimiento del periodo que tenían para tramitarse.
En la noche del sábado 20 de junio se acabó el periodo de la legislatura 2019 II-2020 I, el cansancio de los congresistas era evidente, algunos aseguraron que “nunca habían trabajado tanto como en las sesiones virtuales”. No obstante, con la agenda depurada de los proyectos que se podían hundir, se dio paso al siguiente cuestionamiento: ¿Para cuándo las sesiones extraordinarias? y ¿qué proyectos se iban a discutir en estas sesiones?
La duda residía en que apenas se aplazó el inicio del periodo parlamentario, el 16 de marzo, el presidente del Senado, Lidio García, que se iba “a recuperar el tiempo no laborado durante el periodo de receso de mitad de año”. Este compromiso fue hecho de manera similar por la Cámara, que aseguró que retomaría sus labores en las vacaciones de Semana Santa, para así recuperar el tiempo perdido.
El 13 de abril se reanudaron sesiones tanto en Cámara como Senado, lo que quiso decir que no se cumplió con la primera ventana para recuperar parte del mes que no se sesionó. Esto llevó a pensar que sería después del 20 de junio que se recuperaría el tiempo perdido al convocar a sesiones extraordinarias.
Este punto fue confirmado por la ministra Alicia Arango. A mediados de mayo, en plena sesión de la Comisión Sexta del Senado y en una entrevista con un medio bogotano, la cabeza de la cartera del Interior reveló que se convocarían a sesiones después del 20 de junio. “Tenemos que llamar a sesiones extras al Congreso de la República. Es una necesidad. Hay que sacar adelante la agenda legislativa en esta temporada de pandemia”, contó Arango en ese momento.
A pesar de los anuncios del Senado y del Ministerio del Interior, a este viernes no está claro si se convocarán a sesiones extraordinarias. Aunque en las últimas semanas se había dicho que se estaba definiendo cuál iba a ser la agenda, ahora el Gobierno da casi por descartado que se vayan a llamar.
“Hasta este momento no va a haber extras. Eso se tiene que definir con los presidentes de Senado y Cámara y no se ha hecho nada”, declaró Arango a este diario, que luego agregó: “si iba a haber extras, ya lo hubiéramos hecho. Yo creo que se va a dejar todo para la próxima legislatura”.
Esta posición fue confirmada por las secretarías de ambas cámaras, que aseguraron que el Gobierno no había tenido la voluntad para convocar las sesiones extraordinarias y eso se reflejaba en que no había hecho las gestiones para llamarlas. De acuerdo con la Constitución, es el Ejecutivo el único que puede convocar al Congreso en periodo de vacaciones y es este el que tiene que definir los proyectos que se deben discutir en estas sesiones. Nada de esto ha ocurrido hasta el momento.
Una de las razones por las que no se ha convocado a estas sesiones fuera del periodo regular es que no se ha encontrado una motivación que los justifique. “No se ha visto nada positivo para sesionar en las extras”, declaró el secretario del Senado, Gregorio Eljach. Y es que más allá de los proyectos que venían desde periodos anteriores, son pocas las iniciativas que tenían urgencia de ser tramitadas, sobre todo debido a que, por el COVID-19, el Gobierno no radicó ninguna de las que tenía presupuestadas.
Al indagarse por posibles proyectos que debían ser estudiados entre el 20 de junio y el de julio, la Cámara señaló que no tenía constancia de un proyecto en el que se tuviera afán por adelantarse, mientras que en Senado se indicó que solo se había dejado pendiente la aprobación en Plenaria de los ascensos de los seis miembros del Ejército que ya habían sido aprobados por la Comisión Segunda. Frente a este tema, varios apuntaron que no era conveniente convocar a extras por unos ascensos que fácilmente podían tramitarse apenas se regrese el 20 de julio.
Eso sí, tanto en Cámara como en Senado advirtieron que las extras hubieran sido el escenario perfecto para sacar adelante el proyecto que reforma la ley quinta de 1992, que establece el reglamento del Congreso, para incluir las sesiones remotas en caso de emergencia. Las mesas directivas de ambas corporaciones advirtieron que a este proyecto solo le falta dos debates en Senado y es necesario para dotar de toda legalidad la virtualidad en el Congreso.
Según el secretario Eljach, actualmente el Congreso funciona en entornos digitales gracias al decreto 491 de 2020, que habilita las sesiones virtuales mientras la emergencia sanitaria. Bajo este argumento, cuando se venza el decreto de la emergencia, el Legislativo no podrá seguir trabajando de forma remota. En cambio, si se saca adelante el proyecto de ley que reforma el manual del Congreso, las sesiones virtuales no dependerían de la voluntad presidencial.
Las sesiones extraordinarias también fueron pedidas para poder llevar a cabo labores de control político en las comisiones. Antes del fin del periodo legislativo, varias pasaron solicitudes a sus respectivas corporaciones para poder seguir en funciones y citar a los miembros del Gobierno a rendición cuentas, pero esas exigencias fueron rechazadas. La Cámara solo habilitó a la Comisión de Investigación y Acusación para seguir en funciones mientras se reanudan oficialmente las actividades legislativas.
No obstante, en este punto, el secretario del Senado indicó que, a pesar de la negativa, no hay necesidad de ningún permiso para que las células o la plenaria se reúnan para ejercer el Control Político. De acuerdo con la Carta Magna, esta labor la debe ejercer el Congreso en todo tiempo y no puede ser restringida. Eso sí, Eljach advirtió que el permiso se pide para así justificar los gastos de los parlamentarios en vacaciones, pero, al estar sesionando de forma virtual, no habría necesidad de desplazamientos o gasto de recursos que tendrían que ser aprobados por la Plenaria para poder convocar a debates.
Con todo este panorama, este viernes se cumple la primera semana de vacaciones del Congreso. Si no se plantea el tema en los próximos días, es poco probable que se convoque a extras, rompiendo así el compromiso de recuperar el tiempo perdido por el coronavirus. No obstante, hay varios congresistas que anunciaron que seguirán trabajando de manera informal hasta el 20 de julio y así llegar con proyectos listos para radicar apenas comience la legislatura 2020 II-2021 I.