Reforma política, arrinconada por los políticos

Este domingo, 16 de diciembre, el Gobierno se jugará su última carta para evitar el naufragio de uno de los pocos proyectos de su interés que siguen con vida en el Congreso.

14 de diciembre de 2018 – 07:00 p. m.
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Lo que parecía ser la única victoria legislativa del gobierno de Iván Duque en su primer semestre en la Casa de Nariño está a punto de convertirse en una estrepitosa derrota. No solamente porque el acto legislativo de la reforma política fue perdiendo su espíritu a lo largo de los primeros cuatro debates, sino porque evidenció que el Gobierno no tiene con qué conducir al Congreso hacia el puerto trazado.

Tanto así que ni en Senado ni en Cámara, los congresistas de su coalición defendieron los puntos de honor de su jefe político y permitieron que la rebelión legislativa pusiera contra las cuerdas la que es, hasta ahora, la principal reforma constitucional de comienzos de la era Duque. 

Tras la aprobación de la iniciativa en la Cámara, que incluyó la conciliación, el Senado no tuvo quórum y aplazó la sesión para este domingo 16, a las 7:00 de la noche —una fecha inusual— cuando solo queden cuatro horas para salvar la reforma, pues el 16 de diciembre, a las 12 de la noche, habrá caído el telón de las sesiones formales en el primer semestre legislativo.

Y de paso, habrá dejado en evidencia la poca capacidad del Ejecutivo para maniobrar dentro del Capitolio, donde, a pesar de contar con una bancada mayoritaria, no pudo hacer alarde de aquella máxima política que indica que el primer año en el Congreso le pertenece, enteramente, al presidente de la República.

Tal fue la derrota del nuevo mandatario que el senador de la U, Roy Barreras, uno de sus principales contradictores —especialmente, en asuntos de paz—, salió en su defensa: “Quienes con cálculo electoral y no pensando en el bien del país sino en su propio beneficio en 2022 le apuestan a que todo fracase, a que todo se hunda para que el país mire al pasado y diga ‘¡Ah!, Es que se equivocaron eligiendo a ese presidente, pudiendo haberme elegido a mí’, actúan de manera mezquina, al intentar hundirlo todo en un gobierno que apenas comienza. Quienes se han ausentado, lo han hecho con cálculo interesado, electoral, pensando y queriendo que todo fracase para proponerse como alternativa”, dijo Barreras a pocos segundos de levantarse la sesión.

Por el momento, en todo caso, lo aprobado en la reforma política no da cuenta de una verdadera transformación del sistema electoral, como lo pretendía el Gobierno cuando radicó la propuesta. “Los contenidos de la reforma, que de por sí es precaria porque no plantea modificar el Consejo Nacional Electoral, se convirtieron en una colcha de retazos que no resuelven los principales problemas políticos y electorales del país”, fue la descripción que hizo la representante de la Alianza Verde, Juanita Goebertus. 

Lo único rescatable, a su juicio, es el artículo que limita a tres periodos la permanencia en las corporaciones públicas (Senado de la República, Cámara de Representantes, Asamblea Departamental, Concejo Municipal y Juntas Administradoras Locales). Disposición que se había presentado como proyecto independiente, producto de la consulta anticorrupción, pero que se hundió en la plenaria de la Cámara.

De resto, la iniciativa contiene reglas para la conformación y funcionamiento de partidos y movimientos políticos; régimen de inhabilidades para quienes busquen cambiarse de partido —el cual aumentó a dos años—; la financiación preponderantemente estatal, que seguirá permitiendo los aportes privados en las campañas; la posibilidad de que los congresistas puedan ser delegados ministros del gabinete y, por último, un punto polémico que para muchos es disfraz de la llamada “mermelada”: la creación del Fondo de Inversión de Iniciativa Congresional, proveniente del Presupuesto Nacional General, para los proyectos específicos de los congresistas, que deben de ser sustentados ante el Departamento Nacional de Planeación.

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Una de las heridas que deja el trámite de la reforma fue la exclusión de la listas únicas, bloqueadas y cerradas, que era considerada la columna vertebral del acto legislativo. La idea era que las listas cerradas fueran conformadas a través de mecanismos de democracia interna, sin embargo, a los detractores de este artículo, que promovía el Gobierno, se sumó parte de la oposición, con una gran mayoría de los representantes de la Alianza Verde.

La lista cerrada, que fue pensada para acabar con los cacicazgos regionales y la relación transaccional entre los votantes y los candidatos, había quedado aprobada en el texto del Senado, eliminada en Cámara y, finalmente, desechado en la conciliación. 

En el mismo artículo de la lista cerrada estaba la conformación de listas paritarias, intercaladas entre un hombre y una mujer, lo que establecía que el próximo Congreso estaría compuesto 50 % por hombres y 50 % por mujeres, idea que, finalmente, no prosperó. La Cámara había aprobado también el llamado Senado Regional, que permitía a los 32 departamentos del país (más Bogotá como Distrito Capital) contar cada uno con un senador. El resto de curules serían elegidas por el mecanismo ordinario. Pero tampoco se salvó.

Por último, otro elemento que naufragó en las turbias aguas políticas fue la reforma al Consejo Nacional Electoral (CNE). La idea inicial era suprimirlo y crear un tribunal electoral. Ante la dificultad de hacerlo, se propuso reformarlo, dándole autonomía administrativa y cambiando el origen de sus integrantes, pero ni lo uno ni lo otro. Al final, como siempre, el CNE sobrevivió y conservó su papel como autoridad electoral. 

Ahora, el gobierno de Iván Duque tendrá un par de días para llamar al orden a los congresistas de su coalición y a aquellos parlamentarios de otros partidos interesados en que avance la reforma política para que, con su asistencia y su voto, salven el semestre legislativo. La meta es lograr que las nuevas reglas electorales continúen su trámite en el primer semestre del 2019 y entren en vigencia para las elecciones locales y departamentales de octubre.

Sin embargo, el panorama no es optimista, pues, si no hubo asistencia este viernes, no hay muchas posibilidades de que los congresistas trabajen un domingo. Por lo menos, no ha ocurrido esto en los últimos años.

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