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Ni fueron los más votados para la Cámara de Representantes ni ganaron en las de Senado, en las que se tuvieron que conformar con el cuarto lugar, después del Partido de la U, el Centro Democrático y los conservadores. De hecho, ninguno de sus candidatos alcanzó los 200 mil votos y sólo Horacio Serpa, cabeza de lista al Senado, superó los 100 mil. Pero para el Partido Liberal, que esperaba ser la mayor fuerza política del país, lo ocurrido ayer está lejos de ser un fracaso.
Y es que las cifras pueden decir muchas cosas. Mientras en las huestes uribistas se celebra por la consolidación del Centro Democrático como la segunda mayor fuerza del Senado, con más de dos millones de votos y un enorme poder para hacerle contrapeso al gobierno de Juan Manuel Santos, en el liberalismo alegan que se convirtieron en la fuerza con mayor número de congresistas del país.
Escrutado el 96% de los votos de las elecciones de ayer, los liberales lograban 18 senadores y 39 representantes. Eso significa que mantuvieron su representación en Senado, pero aumentaron ocho escaños en la Cámara. Al decir de las directivas del Partido, encabezadas por Simón Gaviria, la explicación es clara: la ola uribista les quitó escaños a todos los partidos menos al Liberal, al cual, de todas formas, le impidió crecer en Senado.
Algo de realidad hay en ello, como también en que medidos en votos para el Congreso los liberales son la primera fuerza de la Unidad Nacional y eso también lo pone, por vez primera, en condiciones de privilegio dentro de la coalición.
Pero a los seguidores del partido de todas formas les queda un sinsabor, pues la cantidad de votos no dista mucho de la que obtuvieron en las elecciones de 2010, que tuvieron que encarar en condiciones más adversas, pues llevaban ocho años de sequía burocrática como consecuencia de su decisión de hacer oposición a los dos gobiernos de Álvaro Uribe. En esta ocasión, en cambio, llegaban a los votaciones con cuatro años en el poder, con ministros e institutos descentralizados a su cargo, con obras para mostrar y, sobre todo, con la expectativa de un resultado mucho mejor que el que obtuvieron.
¿Qué hará ahora el liberalismo? Su reto inmediato es la campaña presidencial, en la que cumplirá un papel primordial para la defensa de la candidatura reeleccionista de Juan M. Santos. Luego vendrá la posesión del nuevo Congreso, sobre el cual acaban de ganarse un lugar figuras de gran valía de todos los partidos. No será fácil destacarse en medio de tanta figura y, por ello, los liberales deben apelar a su gran ventaja: la de trabajar como colectivo.