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Los congresistas se encuentran en receso hasta el 7 de febrero, cuando iniciará el trámite del Plan Nacional Desarrollo (PND), la gran prioridad de este primer semestre de 2023. No obstante, ya se calientan motores para las grandes discusiones que habrá en el Capitolio durante la primera mitad del año. Una de esas será la segunda vuelta de la reforma política, que superó los cuatro primeros debates en la pasada legislatura y en este semestre se debatirán los cuatro debates finales al tratarse de una reforma constitucional.
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Sobre la iniciativa surgieron un sinnúmero de reparos, como lo que algunos han denominado una “puerta giratoria” de congresistas a ministros, la irrupción a las garantías de las minorías políticas y la reglamentación de las primarias. Pero el tema que más diferencias ha evidenciado, en especial entre la propia coalición de gobierno, es en cuanto a las listas cerradas que se plantean como una forma de mejorar la democracia y propender por la paridad mediante listas en cremallera.
Dentro del oficialismo se entiende que hay tres anillos. El primero está compuesto por los partidos que conforman el Pacto Histórico. El segundo, por la bancada de Alianza Verde que está más en sintonía con las banderas progresistas y de centroizquierda. Y en el tercero están las colectividades tradicionales, que aterrizaron a última hora en la coalición de gobierno cuando Gustavo Petro y Francia Márquez fueron elegidos como cabeza del nuevo gobierno.
En ese segundo anillo hay una posición casi unánime en contra de las listas cerradas. Por medio de redes sociales, congresistas de esta bancada y el presidente del Senado, Roy Barreras (Pacto Histórico), vienen sosteniendo varios cruces de comentarios sobre este punto que el propio senador ha calificado como una contradicción no solo al Acuerdo de Paz, sino a la agenda del Gobierno siendo partido de Gobierno.
“Es oponerse al cambio del sistema clientelista privilegiando los protagonismos individuales”, expresó Barreras sobre la postura de Alianza Verde, a la que le recordó que está aspirando a presidir el próximo Congreso. Esos señalamientos no cayeron nada bien entre los verdes que, según cuentan, están en su amplia mayoría en contra de este tema. Esto quedó en evidencia luego de un sondeo que hizo Antonio Navarro Wolff, integrante del comité ejecutivo del partido, entre los militantes activos y quienes ocupan cargos de elección popular. ¿El resultado? Más del 90 % se mostraron a favor del voto preferente, es decir de las listas abiertas.
La razón de esta postura, coinciden algunos congresistas, no tiene que ver con algo irracional ni personal, sino por lo que consideran como un “torpedo” contra la democracia al darle potestad a los grandes caciques políticos para que definan el orden de las listas. Y en el verde, que se considera un partido “sin caudillos y sin patrones”, según dice la senadora Angélica Lozano, creen que a pesar de las buenas razones que tiene este punto de la reforma, ponerlas en práctica implican un cambio cultural y son una utopía al aterrizarse a la política nacional.
Desde las toldas verdes creen que las listas deberían seguir como hasta ahora, siendo una opción si se presentan abiertas o cerradas, para evitar que figuras como las de Álvaro Uribe en 2014 o la de Gustavo Petro en 2022 arrastren esas listas. “No se construyen en torno a banderas, sino a figuras”, subraya Alejandro García, representante por Risaralda.
“Terminan cerrando la puerta a la democracia”, manifiesta el senador Fabián Díaz sobre la idea de cerrar las listas. “Le quitan el derecho a elegir y ser elegido porque quienes terminan decidiendo el orden de las listas son los partidos, por amistad, apellido, cercanía con el dueño o hasta dinero”, añade el congresista, a quien secunda su copartidario Jonathan Pulido Hernández (también conocido como Jota Pe), con un pronóstico claro sobre lo que la bancada bautizó la “dictadura del bolígrafo”.
“Al tener listas cerradas obligatorias a muchos líderes alternativos los dejarían por fuera para poner al que más pague o al más manipulable que se sientan a votar por lo que digan o los de estructura política”, señala Hernández, el senador más votado del partido a pesar de que estaba en el puesto 54 de la lista abierta de Alianza Verde en las pasadas elecciones. “¿Qué opciones de quedar en un buen lugar tendría alguien que no hace parte de esos tres casos?”, cuestiona también.
Hernández es un buen ejemplo de la competencia sana de las listas abiertas y el motivo por el que para los verdes esta figura le cierra puertas a figuras nuevas. A pesar de estar en el puesto 54 de la lista, Hernández obtuvo 189.291 votos, más de los que obtuvieron políticos de renombre como Humberto de la Calle (187.307 votos), Angélica Lozano (84.064), David Luna (112.329), Arturo Char (102.121) o Paloma Valencia (63.062). “Con mis votos no hubiera sido elegido, pero hubiera impulsado a otros políticos que estuvieran en los primeros puestos”, apunta Hernández.
Siendo así, en una próxima elección con listas cerradas el ciudadano “no va a tener la posibilidad de escoger a sus candidatos sino a quienes quieran los directivos del partido”, menciona por su parte la senadora Lozano, y advierte que ningún partido político tiene mecanismos de democracia interna para garantizar que las listas se construyan con un verdadero criterio de paridad, diversidad, resultados y trayectoria de las candidaturas. “La lista abierta da garantías para que la ciudadanía sea quien escoja con lucha, mérito y trabajo”, resalta.
Otra voz que confiesa que “jamás habría podido llegar en una lista cerrada” al Congreso, debido a que es nueva en política, es la senadora Andrea Padilla. La parlamentaria, quien fue uno de los golpes de opinión más fuertes en las elecciones, defiende que la defensa de las listas abiertas tiene que ver con la esencia del partido que recoge militantes de causas que no están identificadas con la política tradicional.
“Hay personas que representan alguna posición en un abanico muy amplio frente a diferentes temas. Muchos reivindicamos en el fondo que las listas abiertas nos han permitido llegar al Congreso”, destaca Padilla sobre las licencias que a su juicio hace Alianza Verde para que los electos representen sus causas y puedan moverse entre agendas particulares, como en su caso las banderas animalistas.
Además de estas razones, en la bancada verde tampoco cayó bien la forma en que Barreras y otros congresistas del Pacto Histórico les han pedido apoyo para el trámite de este apartado de la reforma. Han llegado a considerarlo un “chantaje público”, de acuerdo con la representante Catherine Juvinao, quien siente que el partido de gobierno los está queriendo hacer ver como líderes de “complot” y que buscan hundir las listas cerradas a toda costa.
“Ningún partido quiere apoyar las listas cerradas a excepción del Pacto. Solo queremos advertir que si no se aprueban listas con mecanismos de democracia interna y se aprueba la reelección de facto del actual Congreso, que es algo absolutamente bajo, como lo hemos advertido es una legislación en causa propia y eso es pérdida de investidura”, enfatiza la representante por Bogotá.
Pero la aparente decepción de algunos congresistas no significa que contemplen apartarse de la coalición de gobierno. A pesar de que hay un sector liderado por el senador Hernández, que pretende declararse en “para hacer control político como se debe hacer”, hay una mayoría que, como el representante García, siente que están en la bancada “por convicción, no como los partidos, tradicionales” y que son más los temas que los unen que los que marcan distancian del Gobierno.
“Son las dinámicas de la política y el rifirrafe está marcado por las formas y es natural disentir, el hecho de ser partido de gobierno no implica que no haya discrepancias fuertes y tuvo que ver más con las formas, pero no se ha planteado, más allá de un sector, que nos declaremos en independencia”, secunda la senadora Padilla.