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Hace cuatro años, la posesión de Iván Duque fue recibida con rechazo por la oposición. El discurso de Ernesto Macías, presidente del Congreso en ese entonces, tuvo duras respuestas y marcó el clima que durante cuatro años habría entre gobiernistas y opositores. Desde entonces, fue claro que, a pesar de tener más de la mitad del Congreso, el ahora exmandatario iba a tener una férrea oposición de Gustavo Petro y otros sectores alternativos. Tanta fue la importancia de este espectro político que ahora el líder del Pacto Histórico fue el que recibió la banda presidencial este domingo. Desde el sector contrario al gobierno cosecharon un reconocimiento que hoy los tiene en el poder. Algo muy similar a lo que ocurrió con el uribismo en 2014 y les permitió llegar a la presidencia en 2018.
Sin embargo, al 8 de agosto de 2022 no hay seña alguna de que la oposición tendrá el mismo peso que tuvo en las dos administraciones anteriores. A Gustavo Petro se le plegaron la mayoría de partidos que le fueron contrarios durante el proceso electoral (liberales, conservadores y la U). Los mensajes de alerta sobre un riesgo de la democracia y el modelo económico, que fueron lanzados con virulencia durante la campaña, se olvidaron y sin mayores escalas pasaron a ser partidos gobiernistas. Ni siquiera importó que antes fueran partidos de la línea de Iván Duque. Tampoco llegaron a considerar la alternativa de ser partidos independientes, como la ley les permite a las colectividades que no se consideran de oposición o gobierno.
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En la independencia solo quedaron algunas de las colectividades de centro que hicieron parte de la Coalición de la Esperanza, los partidos cristianos y Cambio Radical, que no siguió el camino de La U, con la que habían acordado negociar las dignidades del Congreso. La oposición quedó reducida a cuatro nombres, de los cuales solo dos tienen representación en el Congreso: Centro Democrático, Liga de Gobernantes Anticorrupción, Verde Oxígeno y el Movimiento de Salvación Nacional. Estos dos últimos no tienen escaños —en el caso de Verde Oxígeno debido a la expulsión de Humberto de la Calle y Daniel Carvalho—, por lo que tendrían un peso casi nulo en cuanto a posibles acciones políticas en contra del nuevo oficialismo.
Esto implica que en el Congreso solo habrá dos representaciones fuertes de la oposición: el uribismo y la colectividad de Rodolfo Hernández. Incluso en este caso se duda un poco de la fuerza que podrían llegar ejercer contra Petro y su administración. En el caso del nuevo partido, la Liga de Gobernantes, lo cierto es que es una oposición sin tanta convicción. Apenas perdió la segunda vuelta, Rodolfo Hernández tendió puentes con Gustavo Petro y anunció que no le haría oposición. Esto causó un gran rechazo en el sector de derecha que votó por el exalcalde de Bucaramanga para frenar a Petro. Luego reconsideró dicho pronunciamiento y pidió la curul que tiene por derecho como segundo en las presidenciales y le anunció al CNE que sería de oposición. El aviso fue tomado como un intento de garantizarse el escaño y la personería de su movimiento.
Esto deja al uribismo como la única fuerza que podría hacerle verdadero contrapeso a la nueva administración. Incluso en este caso, los anuncios de las semanas siguientes a la segunda vuelta demostrarían que no habría una férrea oposición como la que el país vio en los últimos ocho años. Después de recibir la acreditación como presidente electo, Gustavo Petro hizo una invitación directa a Álvaro Uribe para dialogar. Además de una muestra de reconciliación con su mayor enemigo político de los últimos tiempos, el ahora presidente revivió como su mayor figura contradictora al expresidente entre 2002 y 2010. Y, aún así, el encuentro entre los dos fue bastante amigable y hubo una promesa de que habría una “oposición reflexiva” y abierta al diálogo, tanto que se pidió un canal de comunicación directo entre el líder natural del Centro Democrático y la cabeza del Pacto Histórico.
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“Cualquier cosa que yo quiera discrepar lo haré con respeto y argumentos, pero lo haré por el canal del diálogo con el presidente Petro. En el ejercicio de la oposición, aquí no hablo en nombre del partido, hay que hacerlo de manera argumental y respetuosa, para cuidar el canal del diálogo directamente con el presidente”, comentó el expresidente y exsenador Álvaro Uribe en una rueda de prensa tras el encuentro. Luego, Uribe fue invitado como expresidente a la posesión de Gustavo Petro, aunque este la rechazó y aprovechó para lanzar un “vainazo” por su proceso ante la Fiscalía. “Hoy llamé por teléfono al presidente electo Gustavo Petro, le agradecí la amable invitación a su posesión, me excusé de asistir porque desde hace dos años tengo complejo de preso. No asistiré por el pudor derivado de mi situación jurídica, que anhelo superar (…) Los compañeros del Centro Democrático asistirán a la posesión, símbolo de nuestra democracia”.
Sin embargo, este domingo, no hubo gran presencia de los congresistas del Centro Democrático en la posesión. De las caras más conocidas de la colectividad, solo se observó la del senador Miguel Uribe. Por otro lado, se esperaba que, el 7 de agosto, Paloma Valencia, María Fernanda Cabal y Paola Holguín usaran su derecho como oposición a responder al discurso de posesión de Gustavo Petro, pero no lo hicieron. Se supone que lo harán en la noche de este lunes. Sin embargo, el hecho sirve para ejemplificar que, más allá del uribismo, no se avista otro sector que pueda ser el contradictor de peso del nuevo gobierno. Eso sí, el nuevo presidente apenas lleva un día en el cargo y serán cuatro años llenos de retos que pueden hacer surgir nuevas fuerzas contrarias.