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La fuga del congresista Óscar Tulio Lizcano, secuestrado por las Farc durante ocho años, trastornó el domingo el orden del día, en el que un encuentro entre el presidente Álvaro Uribe y las comunidades indígenas del Cauca figuraba como prioridad.
Pero el tema Lizcano dilató la reunión y el presidente Uribe llegó a la cita en el Centro Administrativo Municipal, en la capital del Valle del Cauca, con más de tres horas de retraso. No fue atendido por los indígenas, que se encontraban molestos por el incumplimiento del Primer Mandatario. Ni siquiera lo dejaron subir a la tarima. Argumentaron que ya se había disuelto la Asamblea y apagaron el sistema de sonido. Los aborígenes insistieron en un encuentro este lunes en el estadio Pascual Guerrero, pero recibieron una respuesta negativa a la propuesta.
Inclusive, algunos indígenas le gritaron “paraco, paraco”, a lo que Uribe respondió: con megáfono en mano y ubicado sobre un puente peatonal: “¿Para qué me invitan? Si el desayuno es de insultos, ¿cómo será el diálogo? (…) Allá me están diciendo marica, ¿para qué me insultan?”.
El Presidente había prometido esta reunión, para “deliberar con sentido de hermandad”, al líder indígena Daniel Piñacué desde el jueves pasado y el domingo, acompañado de varios de sus ministros, arribó a Cali con la intención de cumplir con la cita.
Los más de 30.000 marchantes indígenas, que llegaron desde distintos resguardos del sur del país, madrugaron para realizar una caminata desde la Universidad del Valle, a lo largo de la Calle 5, hasta el Centro Administrativo Municipal.
Sin embargo, la noticia del regreso a la libertad del congresista caldense, sumada a un desacuerdo inicial sobre el punto de encuentro, comenzó a dilatar la reunión. Mientras el Gobierno exigía que la reunión se cumpliera en el auditorio de los estudios de Telepacífico, en Imbanaco, que tiene capacidad para 350 personas, los líderes indígenas le dieron plazo al mandatario para presentarse antes de la una de la tarde en el Centro Administrativo Municipal.
Sobre las 2:40 p.m., el presidente Álvaro Uribe se dirigió al país, a través de la televisión, para presentar los detalles de la fuga de Lizcano y su carcelero, alias Isaza. Después de esto, el Primer Mandatario envió un nuevo mensaje a los indígenas: “Tenemos toda la voluntad para escucharlos y darles unas respuestas. Los invitamos a que asistan a este lugar de acuerdo con la oferta que se había hecho”.
A esa misma hora, los indígenas se disponían a iniciar una asamblea para definir su posición. Los acompañaban el gobernador del Cauca, Juan José Cháux Mosquera; el del Valle, Juan Carlos Abadía, y el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina. También una comisión facilitadora y representantes de Naciones Unidas, entre otras organizaciones.
Los indígenas han configurado una agenda de siete puntos, entre ellos, la “problemática de violación de los derechos humanos”, el medio ambiente, economía y seguridad alimentaria, educación, salud y política pública.
Pero el tema candente será la devolución de tierras. Según un informe de la Procuraduría, el número de hectáreas en disputa asciende a 15.663. A pesar de los acuerdos firmados, las tierras prometidas no han sido entregadas.