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Una semana para seguir en el juego

Los candidatos pretenden ganar en los medios de comunicación los votos que les otorgue el tiquete a la segunda vuelta. La campaña seguirá con tintes judiciales.

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A siete días de las elecciones, la lucha por la Presidencia de la República parece haberse cerrado a las candidaturas de Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga. Mientras las otras tres campañas —de Enrique Peñalosa, Marta Lucía Ramírez y Clara López— intentarán esta última semana jugarse a fondo por ‘clasificar’ a esa inminente segunda vuelta, santismo y uribismo centrarán sus esfuerzos en discutir las implicaciones de la firma de un acuerdo parcial entre el Gobierno y las Farc sobre narcotráfico y, seguramente, continuarán inmersos en el cruce de sindicaciones, muchas de ellas con posibles desarrollos judiciales. Entre tanto, las limitaciones de ley a los aspirantes comenzarán a regir en un proceso electoral marcado por la falta de debates.

Las encuestas más recientes, las últimas antes de los comicios, marcan una tendencia clara en la intención de voto: Óscar Iván Zuluaga aventaja al presidente Juan Manuel Santos por, más o menos, un punto porcentual. Es decir, un incierto empate técnico teniendo en cuenta el margen de error. No obstante, con los debates que se darán los próximos jueves y viernes en los canales privados de televisión —caracol y RCN— esa inclinación de los electores podría variar. Porque si algo ha caracterizado el actual proceso electoral es la poca información que tienen los ciudadanos para cotejar las promesas y los programas de gobierno de cada una de las candidaturas.

Por el lado de la campaña reeleccionista, la estrategia parece clara: si bien una de las premisas ha sido no involucrar el proceso de paz de La Habana con el proceso electoral, sin duda los alcances del acuerdo parcial firmado con las Farc sobre solución al problema de las drogas ilícitas, anunciado el viernes pasado, les da argumentos para esgrimir la tesis de que, votando por el presidente Santos, los colombianos podrán acceder a la paz, mientras que votando por el uribismo se atizarán la guerra y el odio. Para ese propósito, además de figuras del comité de escuderos compuesto por los jefes de los partidos de la Unidad Nacional y otros parlamentarios, con la fuerza que en sus discursos ya comienza a mostrar el expresidente César Gaviria, quien el jueves pasado se sumó como jefe de debate del candidato-presidente.

En el Centro Democrático dicen que la tendencia de las encuestas ha sido producto de un trabajo planificado. Está claro que el despegue de la campaña de su candidato, Óscar Iván Zuluaga, comenzó cuando la estrategia publicitaria cambió, a comienzos de abril. Después de eso, factores como la adhesión de Pachito Santos, precandidato de ese movimiento, y la recurrencia de las apariciones mediáticas del expresidente Álvaro Uribe, marcaron la continuación del repunte. El plan ha sido evidente: atacar la obra de gobierno de Santos e incluso enunciar supuestos actos ilegales, poniendo así un manto de duda sobre la legitimidad del Gobierno y sus fuerzas políticas.

Por cuenta de esos señalamientos y de revelaciones periodísticas, durante las últimas semanas el proceso electoral se judicializó. Primero, que J. J. Rendón y Germán Chica, asesores de campaña de Santos, habían recibido dinero de narcotraficantes que buscaban un acuerdo de sometimiento. Luego apareció Andrés Sepúlveda, un hacker que trabajaba para la candidatura uribista y que, presuntamente, espió ilegalmente a los negociadores de paz y al mismo jefe de Estado. Y, posteriormente, Uribe aseveró que Santos había recibido dinero de narcos para su campaña en 2010, aunque el país todavía está a la espera de conocer las pruebas de tal sindicación.

Lejos del fuego cruzado, Enrique Peñalosa, quien había despegado fulgurante con el impulso que le dio obtener dos millones de sufragios en la consulta de la Alianza Verde, bajó en las encuestas hasta el último lugar. Ahora pretende cambiar esa tendencia consolidando una posición neutral, señalando “el desespero” de Santos por no perder y que Zuluaga sería un “presidente con jefe (Uribe)”. Sin embargo, su aspiración se ha resentido por los apoyos de Antanas Mockus y Gustavo Petro a Santos. Ambos, con muchos de sus seguidores vinculados al movimiento verde, pero enfocados, según dicen, en que la paz se concrete lo más pronto posible.

Por el lado de los conservadores, hay gran optimismo, pues del último lugar Marta Lucía Ramírez pasó a ser la tercera opción de poder. La campaña del enfoque anticorrupción, que cerrará hoy en Ubaté (Cundinamarca), se vio menguada por el apoyo de muchos de sus legisladores a la reelección. No obstante, en las últimas horas, muchos de los antes santistas han buscado a Ramírez para distensionar las relaciones. Incluso, existe gran entusiasmo por la posibilidad de obtener una buena votación que, en segunda vuelta, le permita al Partido Conservador negociar su inclusión en la campaña de Zuluaga.

En la candidatura de Clara López, del Polo Democrático, hay cierto escepticismo frente a las encuestas. En sus últimas declaraciones a la prensa y en el cierre de campaña en Bogotá del pasado jueves, López insistió en que llegará a segunda vuelta y que será capaz de derrotar al adversario que se le pare en frente. Pero hay otras figuras de su misma colectividad que ya sienten ciertos los resultados de los sondeos. Por ejemplo, el senador electo Iván Cepeda afirmó que en una eventual segunda vuelta entre Santos y Zuluaga, votaría por la paz. O sea, por el primer mandatario.

Hoy se darán los últimos actos públicos de campaña. A partir de mañana sólo podrán efectuarse reuniones de carácter político en recintos cerrados, pero los candidatos podrán dar entrevistas y hacer declaraciones públicas. La expectativa está en que se incrementen los señalamientos cruzados. Cualquier deterioro en la imagen del contrario puede significar unos votos más a favor. En ese juego, el que más tiene por perder es el candidato-presidente, pues las críticas a su gobierno y las discusiones alrededor de la paz giran sobre su figura.

El actual juego electoral, hasta ahora, deja varias certezas. La primera es que las Farc siguen poniendo y quitando presidentes. Al igual que en los últimos 16 años, en las elecciones de Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, el debate entre la paz y la guerra es el protagonista. La segunda, que frente a esa disyuntiva, los programas de gobierno son intrascendentes frente al flujo de epítetos. Y claro, que definitivamente no habrá ganador en primera vuelta y que el país seguirá inmerso —hasta el 15 de junio, fecha de la segunda ronda— en una tormenta política, electoral y hasta judicial con incalculables efectos en sus instituciones.

csegura@elespectador.com

@CamiloSeguraA

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