Uribe, por fin, territorio de paz

Por donde se mire, Uribe, municipio del departamento del Meta, tiene rastros de violencia. Ese lugar, como muchos otros en Colombia, se convirtió en referente de guerra y enfrentamientos, e incluso en epicentro de unas frustradas conversaciones de paz.

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Basta recordar el intento del expresidente Belisario Betancur, quien en la década de los 80 hizo las primeras aproximaciones de diálogo para sellar definitivamente el conflicto armado con las guerrillas.

A Uribe se le conocía como el santuario de las Farc. En un campamento ubicado en la zona, denominado Casa Verde, se reunían los miembros que conformaban la delegación de paz de la guerrilla, y desde allí tenían línea directa con el Palacio de Nariño. Por eso, no sorprende que hoy, más de treinta años después del primer intento de cese bilateral del fuego entre las partes, el municipio llanero abogue por una paz estable y duradera.

Con ese fin se firmó el pacto social y político por la reconciliación y la construcción de paz de los pobladores de Uribe. Se trata de un documento acordado, hace apenas algunos días, por representantes de los sectores sociales, políticos, iglesias, víctimas, defensores de derechos humanos y hasta delegados de las Farc, en aras de dar cumplimiento a dos aspectos puntuales: ser garantes de la implementación del Acuerdo de Paz de La Habana y ser ejecutores transparentes de las acciones que en comunidad se concierten para hacer de Uribe un territorio de paz.

“Queremos honrar y valorar los contenidos del Acuerdo de Paz que significaron un esfuerzo maravilloso entre el Gobierno y las Farc. Por ello, reconocemos en lo firmado una oportunidad histórica para construir entre todos una paz estable y duradera, que debe emerger de los territorios que, como Uribe, sufrieron los rigores de la guerra”, señala el texto firmado por casi un centenar de personas que no quieren repetir episodios como el bombardeo de Casa Verde, ordenado por César Gaviria, sucesor de Betancur, en diciembre de 1990.

No se trata, ni mucho menos, de un pacto aislado. La firme intención de los sectores que conforman el municipio de Uribe, como La Julia, El Diviso, Paraíso, Primavera y Centro Duda, es acoger a los miembros de las Farc en su tránsito hacia la vida civil. Así ocurrió hace tres décadas, cuando se planteó la posibilidad de abrirle espacio político a la guerrilla para abonar el terreno a su desmovilización. De allí surgió la Unión Patriótica, que, como el país sabe, fue exterminada por cuenta de la persecución política y la intolerancia frente a ideologías de izquierda.

Con esa historia, justamente, quiere romper Uribe. Por eso, anunciaron los firmantes del documento, “nos mantendremos en permanente diálogo con la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación de la implementación del Acuerdo de Paz”. Todo en aras de no convertirse, nuevamente, en una zona de distensión, ni para las Farc ni para ningún grupo criminal. La presencia del Estado, hoy más que nunca, cobra vigencia.

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