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Al parecer, la política de seguridad democrática será la ruta para que el presidente Álvaro Uribe resuelva de una vez su polémica encrucijada del alma de cara a la reelección. Según dijo ayer el Mandatario, hay que dejar que las instituciones tomen decisiones, pero aclaró que le preocupa que los “terroristas” todavía tienen la esperanza de maltratar a Colombia.
Por eso, Uribe aseguró que teme que los actuales candidatos a ocupar la Casa de Nariño no continúen con su política —que describió como su cultivo en el que no se puede quedar quieto ni se puede salir del caminito, porque hay que echarle agua todos los días—.
Y aunque uribistas y antiuribistas han hablado de seguridad en sus propuestas, el Jefe de Estado dijo a RCN radio que los discursos que ha escuchado no le parecen claros.
“Siempre me ha preocupado mucho la vacilación, el liderazgo de la Patria frente a estos temas. Lo que quiero es que Colombia se cure totalmente de la vacilación… No quiero entrar a decir nombres propios, pero he sido afectado de la inseguridad y con la mayor objetividad digo que mantengo todas las dudas y todas las preocupaciones, porque muchos no la llevan (la seguridad) como un compromiso del alma y estos temas tiene que ser compromisos del alma”, sostuvo Uribe.
Sin embargo, los argumentos del Primer Mandatario fueron tajantemente rechazados por los candidatos y precandidatos presidenciales. Por ejemplo, Luis Eduardo Garzón, ex alcalde de Bogotá y precandidato a la Presidencia por el Partido Verde, alegó que Uribe es un irresponsable al poner a unos aspirantes como amigos de lo ilegal.
Lucho Garzón le recordó al Presidente que: “La recuperación de la seguridad nació en Bogotá con Antanas Mockus cuando Uribe no era ni siquiera candidato. En Bogotá había 94 homicidios por cada 100 y durante mi gobierno fueron 17 (homicidios) por cada 100 mil. Tenemos un Mandatario que cuando las cifras de seguridad están mal es culpa del alcalde o de la Policía y cuando están bien es por él. Con eso sólo genera polarización”.
Para el aspirante presidencial por el Partido Liberal, Rafael Pardo, es muy valioso que la seguridad sea tema de discusión, pero cuestionó al Jefe de Estado por no haber llevado esta política a las ciudades y por, según él, no aplicarla en el manejo de los Derechos Humanos. “Estoy seguro de que podría implementarla, pero sin violaciones”, agregó.
Por los lados del conservatismo, Juan Gabriel Uribe, jefe de debate de la precandidata Noemí Sanín, aseguró que la seguridad democrática es un activo fijo en el balance de la Nación y es absolutamente irreversible e inmodificable.
El aspirante Andrés Felipe Arias prefirió interpretar que el Presidente solamente se refería a los candidatos de la oposición y a uno que otro que “funge” de defensor de la seguridad democrática.
Y ante la pregunta de para quiénes iba la pulla de Uribe sostuvo: “A todo quien haya pisado el Caguán, que haya participado de la dialoguitis hipócrita con los criminales de las Farc, que han adulado a terroristas o han militado en el narcoterrorismo jamás será garantía de continuidad de la seguridad democrática para el pueblo colombiano”.
Gustavo Petro, aspirante presidencial por el Polo Democrático Alternativo, optó por no contestarle a Uribe, sino aclarar a los electores que su propuesta es garantizar vida segura lo, cual va desde mantener el Ejército y la Policía, hasta garantizar los derechos y las libertades de los ciudadanos.
Lo cierto es que el pensamiento del presidente Uribe sobre la seguridad democrática fue resumido en una frase: “Eso de que ya hemos ganado unanimidad política frente a la seguridad todavía no es así”.