
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Lo de Daniel Quintero en Medellín es un fenómeno que dejó una sensación agria para muchos. Primero, para el uribismo que veía en la Alcaldía de Medellín uno de los cargos que, en sus cuentas, estaban más que asegurados a nivel nacional en representación de Alfredo Ramos Maya, hijo del exgobernador Luis Alfredo Ramos, investigado por parapolítica. Segundo, a los ‘ramistas’ que pretendían reiterar su poder en la capital antioqueña. Tercero, al ‘fiquismo’ que depositó en Santiago Gómez su confianza para vender el discurso de la continuidad. Cuarto, para los opositores del Acuerdo de Paz, que rechazaron de tajo la aspiración de Quintero por su apoyo irrestricto a los textos de La Habana. Y quinto, para los acérrimos antipetristas, que lo criticaron por manifestar su respaldo a Gustavo Petro en la segunda vuelta presidencial en 2018.
Lea: Daniel Quintero es el nuevo alcalde de la capital antioqueña: uribismo pierde en Medellín.
Bajo ese panorama tan adverso a su aspiración —en una ciudad y departamento principales bastiones del uribismo— Quintero resultó elegido gracias al voto de opinión representado en una ciudadanía hastiada del liderazgo y la polarización que representa Álvaro Uribe a nivel nacional y regional. Expertos, antes de la cita con las urnas, señalaron que el voto útil también jugaría a favor del exviceministro, pues era el que más opción tenía de controvertir las encuestas lideradas en su totalidad por el voto en blanco, no sabe, no responde, seguido por Ramos que cada mes mostró un estancamiento en la intención de voto.
Por el movimiento significativo “Independientes”, el electo alcalde de Medellín se lanzó a la cruzada de hacerle contrapeso al uribismo con menos del 10 % en intención de voto, hasta alcanzar a Ramos, quien en sus redes sociales se mostró muchas veces como el ganador de esta contienda con el amén de Uribe y su padre, Luis Alfredo, exgobernador, amén que no sedujo a un electorado cada vez más consciente y cada vez más joven. Y es a los jóvenes el público al que le apostó Quintero para hacerse valer como el reemplazo de Federico Gutiérrez.
Con Quintero se ratifica la tesis que se ha construido en las últimas elecciones. Por más arraigado que esté el uribismo en la capital antioqueña, la opción alternativa, la que no está vinculada a un partido, es la que gana en Medellín. Ejemplo de ello es Gutiérrez, quien en 2011 se presentó como candidato de la U y perdió, pero que intentó de nuevo en 2015 por el movimiento significativo Creemos y el día de las urnas volteó toda predicción que daba a Juan Carlos Vélez, del Centro Democrático, como ganador. Aunque Gutiérrez y Quintero se hicieron elegir bajo la bandera de la independencia y la figura alternativa, hay diferencias ideológicas entre el uno y el otro. Mientras el primero tiene una tendencia más cercana al uribismo, realidad que le generó poca resistencia en su gobierno por parte de ese sector, el segundo sí se distancia por completo de él. Por eso, estos próximos cuatro años serán la prueba para ser testigos de qué tanto puede llegar a unir a los medellinenses en torno a su concepto de ciudad, tal cual lo manifestó en su discurso tras conocerse los resultados.
“Vamos a unir a Medellín. Los medellinenses de todos los barrios, de todas las comunas, de todos los corregimientos han enviado un mensaje claro: es el tiempo del cambio. Voy a ser el alcalde de todos, sin distinciones de ningún tipo, vamos a unir a Medellín, a atender al que sufre, a recuperar lo social. Vamos a sanar las heridas que ha dejado la polarización y a llevar la esperanza a los que han sido sometidos al miedo. Llegó el momento de emprender los grandes proyectos de ciudad, una nueva educación para una nueva sociedad, hacer de Medellín Valle del Software, capital de la cuarta revolución industrial”.
A los descontentos por el resultado les queda hacer control político, y a Quintero, que se promovió como independiente, le queda su promesa de hacer una Alcaldía sin colores políticos, por más que en su pasado haya un compendio de partidos, y cercanos políticos, por los que transitó hasta elegirse nuevo mandatario de Medellín.