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Víctimas de las Farc, por la unidad

Cerca de 1.500 personas que sufrieron los vejámenes de la subversión se reunieron en Bogotá y, pese a un altercado con el mininterior, se mostraron dispuestas a contribuir a la construcción de la paz. Eso sí, sin negociar sus derechos.

Rubén Blandón fue la persona que intentó lanzarle un zapato al ministro Juan Fernando Cristo. / Luis Ángel
Rubén Blandón fue la persona que intentó lanzarle un zapato al ministro Juan Fernando Cristo. / Luis Ángel
Foto: LUIS ANGEL

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 Durante los foros que organizaron Naciones Unidas y la Universidad Nacional para recoger las propuestas de las víctimas del conflicto que serían insumo para el proceso de paz de La Habana, quedó en evidencia que, a pesar del prolongado accionar de las Farc a lo largo y ancho del país, sus víctimas no habían logrado el nivel de organización política que consiguieron las de otros actores, como el Estado mismo e incluso el paramilitarismo.

Ayer, después de un trabajo de meses realizado por congresistas como Sofía Gaviria, Mauricio Lizcano y Clara Rojas, que dieron la batalla por lograr que la voz de las víctimas de la guerrilla fuera escuchada, se dio el primer paso para que esa debilidad organizativa sea superada. Con la financiación del Ministerio del Interior, la Unidad de Víctimas y Naciones Unidas, 1.500 afectados por el accionar de la guerrilla provenientes de muchos rincones del país llegaron al centro de convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, en Bogotá, para asistir al evento “Colombia abraza a las víctimas de las Farc”.

Durante la instalación del evento, la senadora Sofía Gaviria, hermana de Guillermo Gaviria, exgobernador de Antioquia secuestrado y luego asesinado por las Farc, fue la primera en hablar. Reconoció que las víctimas están presas de una paradoja: “Por un lado, creemos firmemente en que vivir en paz es posible, pero por el otro nos incomoda ver a los victimarios alojados en La Habana sin haber reconocido sus culpas”, dijo.

La parlamentaria criticó al fiscal Eduardo Montealegre, a quien señaló de buscar “el beneplácito” de la Corte Penal Internacional “desatendiendo” sus obligaciones de “perseguir a quienes pretenden exculpar” y, con la misma vehemencia, le pidió al Gobierno que evite “que sean las víctimas las que terminen pidiendo perdón por reclamar sus derechos y no los victimarios por el daño causado”.

Acto seguido, Paula Gaviria, directora de la Unidad de Víctimas, explicó que por lo menos la tercera parte de los casi seis millones y medio de víctimas que contabiliza su oficina han reconocido que sus victimarios han sido alguno de los grupos insurgentes y que su compromiso, y el del Gobierno, es garantizar los derechos de las víctimas por encima del eventual buen puerto al que llegue el proceso con las Farc.

Además, aprovechó para referirse a una de las polémicas que afectan al proceso de paz. Sostuvo que, en coordinación con el Ministerio de Defensa, la Unidad está revisando mecanismos para integrar en su registro a los militares que han sufrido daños en la guerra y son amparados por el Derecho Internacional Humanitario. Incluso, dijo, aquellos que no puedan entrar al Registro Único de Víctimas serán atendidos por los mecanismos institucionales del Mindefensa y su rehabilitación se apoyará con asesorías técnicas.

Después de Gaviria, el turno fue para el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, y con su discurso llegó la polémica. Antes de que empezara a hablar, un grupo de asistentes se fue lanza en ristre en su contra y quiso callarlo con abucheos. El rifirrafe fue tal que, atravesando la multitud, un afrodescendiente víctima de una mina antipersona, Rubén Blandón, amenazó con tirarle un zapato, emulando aquella rueda de prensa de 2008 en la que un periodista iraquí le arrojó su calzado al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

Gaviria tuvo que intervenir y pidió calma. Sin embargo, un grupo de asistentes persistió en la rechifla, incluido Blandón, quien dijo representar una organización llamada Fundación Internacional Humanitaria contra las Minas Antipersonas, de la que no existen mayores registros en la Unidad de Víctimas. El Espectador indagó con varias de las personas que estaban con él, las cuales, según dijo, hacían parte de su organización, pero ninguna supo dar cuenta del lugar, la fecha y el tipo de victimización que había padecido.

No obstante, Blandón le dijo a este diario que “somos víctimas del terrorismo, yo vengo con personas de todo el Caribe y el Chocó. Nos negamos a escuchar al ministro hasta que el Gobierno les quite el estatus de beligerancia a las Farc y las llame terroristas, que es lo que son. Queremos que se pongan en nuestros zapatos. Yo nací con dos piernas y ahora tengo una; eso me lo quitó la guerrilla. Yo no puedo escuchar a un gobierno que desconoce nuestro dolor”.

Los organizadores del evento no descartaron que agitadores se hayan encargado de estropear la instalación de un encuentro que tenía por propósito, justamente, construir puentes de comunicación entre las víctimas y el Gobierno. “Estas son expresiones genuinas del desacuerdo que provoca en las víctimas el proceso de La Habana. El Gobierno tiene que escuchar la posición de quienes están acá”, dijo la representante a la Cámara por el Centro Democrático María Fernanda Cabal. Precisamente, entre los asistentes corrió el rumor de que el saboteo se había dado por medio de sectores afines al uribismo. Sin embargo, Cabal desmintió ese rumor y dijo que “fue una expresión natural”.

Al concluir el evento, el procurador Alejandro Ordóñez intervino ante un auditorio que le fue favorable por sus desacuerdos con la metodología del proceso de paz. El jefe del Ministerio Público les pidió a las Farc que no exijan impunidad y que reconozcan a sus víctimas. “Si queremos más guerra, hagamos una paz con impunidad y la tendremos”, dijo.

Sofía Gaviria hizo el balance del evento que coordinó y sostuvo que “estos incidentes no pueden opacar la gran dignidad con la que vienen estos colombianos a construir sus anhelos de paz, eso sí, con el respeto que merecen por parte del Gobierno y, aún más, de sus victimarios”. Pero da la impresión de que no todos están dispuestos a tragarse “sapos muy grandes” para “llegar a la paz”, como lo pidió ayer el presidente Juan Manuel Santos en el programa Agenda Colombia, de la Casa de Nariño.

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