Estrategias para el COVID-19: ¿Evidencia, entusiasmo o falsas esperanzas?

En las últimas semanas han circulado en redes sociales varios mensajes sobre «tratamientos curativos” para el COVID-19. Sin embargo, aunque generen esperanzas, es mejor hacer una pausa y evaluar algo fundamental: la evidencia que los respalda.

Hasta el momento (31 de marzo) se han confirmado 826.222 casos de COVID-19.  / AFP
Hasta el momento (31 de marzo) se han confirmado 826.222 casos de COVID-19. / AFP

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«La HIDROXICLOROQUINA Y LA AZITROMICINA, en conjunto, tienen una oportunidad real de cambiar las reglas del juego en la historia de la medicina», Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, Marzo 21, 2020.

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Es evidente que, en estas épocas de tanta incertidumbre y dificultad, cuando nuestras vidas han entrado en una pausa forzada, los seres humanos tenemos la necesidad de conservar las esperanzas para poder sobrepasar el reto actual. Sin embargo, depositar las esperanzas en tratamientos incipientes, que no cuentan con el suficiente sustento científico, es un camino peligroso. 

Entusiasmo desbordado

La gran mayoría de los colombianos hemos recibido información vía cadenas de WhatsApp sobre “tratamientos curativos” para el Covid-19, particularmente relacionados con la cloroquina, un antiguo medicamento antimalárico que es usado para el tratamiento de algunas enfermedades reumáticas y autoinmunes. Esta información también llegó a mi red de familiares, quienes mencionaron que este medicamento “ya se usa en los Estados Unidos” después de las apasionadas alocuciones hechas por el presidente Donald Trump al respecto, e impulsados por ruedas de prensa de hospitales locales que anunciaron que este medicamento podría ser una alternativa terapéutica válida para el tratamiento de COVID-19 severo. (Lea Esta es la situación del coronavirus en Colombia en tiempo real)

El entusiasmo de mis familiares al encontrar esta respuesta era palpable. Siendo el único profesional de la salud de la familia, siento que es mi responsabilidad ayudarles a entender la información de salud que reciben. En este caso, la postura racional y basada en la evidencia que intenté transmitir frente al potencial de este medicamento como la respuesta a esta crisis que el mundo entero enfrenta fue “los datos que existen hasta el momento no son lo suficientemente fuertes para adoptar este medicamento como tratamiento efectivo de COVID-19. La mejor estrategia continúa siendo el aislamiento preventivo y lavarse las manos frecuentemente”. Este mensaje no fue bien recibido por mis familiares; me acusaron de destrozar sus esperanzas.

Evidencia en construcción

En lo que respecta al tratamiento con la combinación del antipalúdico cloroquina y azitromicina, un antibiótico usado para el tratamiento de infecciones respiratorias que ha demostrado efectos antivirales in-vitro y que fue implementado en un estudio francés cuyos resultados no contribuyen de manera significativa al conocimiento general sobre estos medicamentos dado sus fallas metodológicas, expertos en toxicología y cardiólogos a nivel mundial han expedido mensajes de alerta sobre la posibilidad de arritmias mortales con estos medicamentos, cada uno por separado y que aumentan en combinación. En África, donde la noticia del entusiasmo sobre la cloroquina ha llegado, se han reportado casos de intoxicación y hasta muertes debido a su uso, y personas en Estados Unidos han llegado al punto de ingerir compuestos que se usan para limpiar acuarios que contienen cloroquina, con consecuencias fatales. 

Las expectativas alrededor de la cloroquina han llevado a que miles de personas en Estados Unidos, Canadá y Colombia compren cantidades innecesarias de estos medicamentos, desabasteciendo las cantidades que estarían disponibles para las personas que sufren enfermedades como el lupus eritematoso sistémico y la artritis reumatoide, quienes seguramente experimentarán reactivación o empeoramiento de sus síntomas si no tienen acceso a estas medicinas. Este entusiasmo también ha dado pie a que personas inescrupulosas ofrezcan estos medicamentos a la venta, sin pasar por los controles sanitarios establecidos por las autoridades de sanidad pertinentes. 

Algo que ha revelado nuestro afán de encontrar una “cura” para el coronavirus, es la propensión para aceptar intentar cualquier terapia en el contexto de nuestra desesperación. En otras regiones del mundo donde se han atendido más casos de COVID-19 severo, los equipos de salud han probado cócteles de diferentes medicamentos, con diferentes resultados clínicos, dificultando entender qué medicamento puede tener un beneficio real, o cuáles son responsables por efectos colaterales, y, de cierta manera, dificultando la construcción de la evidencia de buena calidad. Sin esta evidencia es un desafío poder tomar decisiones sin hacer un buen análisis del riesgo y el beneficio de las posibles terapias, tanto para pacientes como para profesionales de la salud. 

Es aquí donde la experimentación en condiciones controladas, bajo un marco de un estudio bien estructurado, que respete los principios de protección del bienestar de los voluntarios de las investigaciones con seres humanos debe jugar un papel esencial. La experimentación fuera de los esquemas de estudios bien estructurados nos roba la oportunidad de generar datos robustos que puedan ayudar a los profesionales de la salud y a los pacientes, al igual que entes regulatorios, tomar mejores decisiones para enfrentar las consecuencias de la pandemia. Varias autoridades a nivel mundial han reconocido que la necesidad de establecer protocolos donde se estudien los medicamentos potencialmente útiles, para tratar de dar respuestas a muchas de los interrogantes que existen frente a un tratamiento para Covid-19 severo. Esfuerzos a nivel mundial se están llevando a cabo probando cloroquina, hidroxicloroquina, otros medicamentos anti-virales y anti-inflamatorios. Aunque muchos argumentan que no tenemos el tiempo para realizar los estudios aleatorizados controlados que podrían brindar respuestas más certeras, la rápida planeación e implementación de estos proyectos nos demuestra exactamente lo contrario. 

Esperanza fundamentada

Depositar nuestras esperanzas en tratamientos farmacológicos que no han demostrado ser seguros ni efectivos hasta el momento nos distrae de enfocarnos en las estrategias durante las pandemias que, aunque sean difíciles de implementar, han demostrado ser efectivas. El aislamiento preventivo, el rastreo de contactos, la implementación de pruebas masivas, la disponibilidad de equipos de protección personal para profesionales de la salud que atienden poblaciones posiblemente infectadas con el SARS-CoV-2, son medidas que ya se han probado en otras regiones y que han mostrado efectividad en “aplanar la curva” –el proceso de reducción la velocidad de la pandemia–, reduciendo el número de casos que están activos en un momento dado, lo que a su vez les da a los profesionales de la salud, hospitales, colegios y fabricantes de vacunas tiempo para prepararse y responder, sin llegar a la sobrecarga de los sistemas de salud ni en otros ámbitos sociales. 

Es posible que no veamos inmediatamente los resultados de los esfuerzos que hacemos adhiriéndonos a estas estrategias de restricciones de movilidad y autocuidado, pero los veremos en un futuro no muy distante. Es mediante el compromiso ciudadano, el fortalecimiento de las estrategias de salud pública, que tenemos las mayores posibilidades de sobreponernos a este reto que nos presenta la vida actualmente. El hecho de que la solución está en nuestras manos debe darnos esperanza. No la falsa promesa de un fármaco “milagroso”. Con respeto, cariño, y entendiendo la necesidad que tenemos los humanos de aferrarnos a la esperanza, seguiré impartiendo este mensaje a mis familiares, conocidos, y a quien quiera escucharlo. 

*M.D, N.D, Directora Médica | Colombia – CB2 Insights, Expresidente Comité de Ética en Investigación, Clínica Las Américas, Medellín

* Estamos cubriendo de manera responsable esta pandemia, parte de eso es dejar sin restricción todos los contenidos sobre el tema que puedes consultar en el especial sobre Coronavirus

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