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En el municipio de Gigante, Huila, se tomaron en serio uno de los objetivos del Plan Nacional de Salud y de la Organización Mundial de la Salud: reducir a la mitad las muertes de mujeres embarazadas. Mientras en 2005 se presentaron 12 muertes maternas, que colocaron al municipio en un deshonroso primer lugar en el departamento, para 2007 esa cifra descendió a seis.
La meta, todavía ajena al resto de Colombia y otros países de la región, se logró en este municipio gracias a un proyecto impulsado por la gerencia del hospital San Antonio, de Gigante, que decidió eliminar las barreras que existían entre las madres gestantes y los servicios de salud.
El proyecto, que ha recibido el reconocimiento de la Fundación Así vamos en salud, implementó medidas tan sencillas como hacer un control prenatal más estricto a cada madre, ofrecer transporte de urgencia, realizar un estricto control posparto domiciliario, consulta de psicología, estudios de malformaciones congénitas e incluso control del estrés. Esta experiencia promete convertirse en un modelo a seguir por otros municipios en el país.
Un riesgo innecesario
Se calcula que en Colombia 80 de cada 10.000 madres embarazadas fallecen durante el embarazo y entre el 3 al 5% de los bebés mueren antes del primer mes de vida. Para Jimmy Castañeda, secretario general de la Federación Colombiana de Ginecología, “el 90% de las muertes maternas puede prevenirse, así como un alto porcentaje de las muertes de los menores”.
La capacidad de un país para prevenir la muerte de madres y sus hijos constituye uno de los indicadores más importantes para señalar el grado de su desarrollo. Aunque la tasa en Colombia se corresponde con la de otros países de Latinoamérica, aún hace falta recorrer un gran trecho para lograr niveles como las de países desarrollados, donde apenas fallecen entre 20 y 30 mujeres embarazadas por cada 10.000. En la región, Brasil, Chile y Argentina han logrado reducir sus tasas hasta 50 por cada 10.000.
En opinión de Castañeda, “más que una buena atención por parte de los médicos, lo que realmente puede provocar un
impacto en los indicadores son las políticas de salud del Estado para aumentar coberturas, mejorar la calidad, permitir el acceso a medicamentos y por supuesto, invertir en infraestructura”.
Mayores riesgos
El mayor enemigo de las madres es la hipertensión del embarazo conocida como preeclampsia, seguido por las hemorragias asociadas al parto y, en tercer lugar, las infecciones. La mayoría de estas patologías puede controlarse con un servicio médico adecuado y oportuno.
Quienes están expuestas a mayor riesgo son las adolescentes embarazadas. Según el ginecólogo Agustín Conde, “las adolescentes menores de 16 años que se embarazan, tienen cuatro veces más riesgo de morir que las madres de más edad”.
A esto se debe añadir que los hijos de madres adolescentes por lo general nacen con un peso menor.
“Entre las adolescentes es muy impactante el parto pretérmino, porque genera problemas secundarios. Los bebés que sobreviven necesitan terapias y tratamientos costosos”, explica Castañeda.
Recién nacidos
Pero no sólo las madres corren riesgo. Sin un adecuado seguimiento al embarazo los bebés también exponen su vida. En Colombia la tasa de mortalidad perinatal se calcula entre un 3 y 5%, mientras que en países desarrollados esta tasa apenas llega al 1%.
Cómo prevenir estas muertes será uno de los temas principales que se tratarán en el VII Congreso Mundial de Perinatología que se realizará del 28 al 31 de mayo en Cartagena y al que asistirán expertos de todo el mundo.