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Inicialmente la vacuna necesitaría las dos dosis completas más las tres semanas posteriores a la última dosis de la vacunación para despertar los mecanismos inmunes, los cuales nos ayudarían a defendernos del virus. Ya que el SARS-CoV-2 se quedará circulando o endémico, término que se aplica desde el punto de vista epidemiológico, las personas seguiremos expuestas al virus. Para que se despierten los mecanismos inmunes el virus debe replicarse en el sistema respiratorio como lo hace normalmente durante la infección inicial. No obstante, en las personas vacunadas el tiempo de permanencia en el sistema respiratorio será más corto. Además, la cantidad de virus será menor comparada con personas no vacunadas o de aquellas que desarrollaron inmunidad natural por la infección.
Sin embargo, a pesar de estar vacunados para COVID-19, las personas pueden potencialmente diseminar el virus, especialmente durante contactos estrechos y en espacios cerrados, razón por la cual aún debemos usar las medidas de protección personal y el distanciamiento comunitario.
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Por eso la noticia generada una semana atrás en los Estados Unidos de América acerca de la recomendación del no uso de la mascarilla tuvo diversas interpretaciones. De acuerdo con el Centro de Control de Enfermedades o CDC, ya se deja el uso de la mascarilla en personas que han recibido las dosis completas de las vacunas para COVID-19. En ese país se han aplicado más de 330 millones de dosis y cerca del 40% de la población tiene ya las dosis completas de la vacuna. Igualmente, la guía del CDC indica algunas excepciones a la regla como por ejemplo los viajes en avión, entre otras.
En Colombia tenemos cerca de 7.5 millones de dosis de la vacuna aplicadas y apenas un 5.6% de personas con las dos dosis completas. Así que, dadas estas circunstancias, el uso de mascarilla debe continuar.
Además de las implicaciones personales y sociales de dejar al lado el uso de la mascarilla, hay una explicación desde el punto de vista infecciosos e inmunológico para dejarla de portar en comunidades con altos niveles de vacunación: los individuos vacunados deben exponerse al virus y sus variantes para su conocer la eficacia de dicha inmunización.
Vacunarse sin exponerse al virus es como tomar un curso virtual de paracaidismo, la teoría sin la práctica. Esto claramente conlleva a riesgos: que en algunas condiciones médicas la vacuna no sea tan eficiente en inducir la respuesta de defensa esperada. Es por eso que algunos adultos mayores, personas con deficiencia del sistema inmune de algún tipo o enfermedades asociadas (co-morbilidades) que tienen un peor pronóstico de la infección y la enfermedad deban seguir en continuo uso de este elemento de protección personas. No será fácil por el momento abandonar su uso. Como dice un colega salubrista público: la mascarilla facial llegó para quedarse por largo tiempo.
*John M. González MD, PhD. Profesor Titular- Facultad de Medicina – Universidad de los Andes