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A escasos 28 kilómetros de Bogotá, en un predio de siete hectáreas situado en área rural del municipio de Granada (Cundinamarca), se erige el templo Varsana, un jardín ecológico de inspiración hindú en el que la comunidad para la conciencia de krishna en Colombia constituyó su santuario. En un ambiente de no violencia, alimentación saludable y meditación asistida, ahora es también un buen destino para el turismo yoga ecológico.
La propuesta de encuentros ancestrales o tours terapéuticos que hoy desarrollan los seguidores del movimiento krishna a través de una nueva misión de su cotidiano servicio devocional, en busca de compartir las experiencias aprendidas y transmitidas a las nuevas generaciones desde hace 38 años. Caminatas ecológicas, talleres de mandalas, terapias de temazcal o baños de vapor, un viaje distinto sin normas ni dogmas.
Por estos días, en Varsana Ecoaldea se desarrolla el encuentro “Raíces de la tierra”, una ceremonia de gratitud a la naturaleza, con presentaciones artísticas, círculos de la palabra, sesiones de mantra meditación o nutrición vegetariana, en una atmósfera de relajación y reencuentro con los altos valores espirituales y morales de la cultura védica. De hecho, el entorno del templo está inspirado en figuras y arquitectura india.
Pero Varsana Ecoaldea no es el único destino de los tours terapéuticos. La laguna de Sisga, los volcanes de Machetá o el municipio de Chocontá, también en Cundinamarca, son otros sitios elegidos para el turismo yoga ecológico. La idea es encontrar otros escenarios para conjugar arte, salud y espiritualidad, con un atractivo esencial: una acreditada trayectoria en creación de restaurantes para veganos y vegetarianos.
“Son alimentos que nacen de nuestras huertas orgánicas y de métodos de cocción en la misma línea de difusión de la bondad”, comenta Nytia Lila Das, uno de los jóvenes devotos que trabaja activamente en los encuentros ancestrales y que cree en la alimentación como el principio de la buena salud. Si se combina adecuadamente con gimnasia, meditación o terapias de sanación, la primera beneficiaria es la mente”, destaca.
En los años 60, en una granja situada en las montañas de Virginia Occidental, el maestro Bhaktivedanta Swami Prabhupada le dio vida en América a la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna. Un credo con sólidas bases en la cultura védica y un texto esencial catalogado como su ciencia suprema: el Bhagavad-Gita. Sus seguidores pronto se asociaron al canto de su mantra de gratitud a Dios: “Hare Krishna, hare Rama”.
Hoy existen más de 400 centros en el mundo dedicados a difundir las enseñanzas de Krishna o el “Señor Supremo”, y en Colombia son ya 13 templos en los que además de conocer el Bhagavad-Gita o entender el yoga, se venden libros o prendas de vestir y crece la gastronomía de sus restaurantes. Un saber que ahora resumen en sus tours terapéuticos porque asumen que parte de su servicio devocional es compartir su vida sana.