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Una inteligencia artificial (IA) no es más que una tecnología que emula, en varios aspectos, a la inteligencia humana. Hacen parte del día a día, pues están en nuestros teléfonos celulares, en los asistentes de voz para el hogar, en las aplicaciones que usamos para saber la ruta al conducir y hasta en los servicios de atención al cliente que ofrecen las EPS.
Desde hace mucho la inteligencia humana dejó de ser la única que aporta al desarrollo de la sociedad. También desde hace mucho los humanos dejaron de hablar solo con humanos.
Desde hace algunos meses ha sido tendencia una poderosa IA llamada Chat GPT, una herramienta conversacional capaz de responder con la naturalidad con la que lo haría una persona, amén de resolver las preguntas más complejas. Su potencial es tal, que hay pruebas que dicen que es capaz de redactar una noticia, aprobar un examen de universidad y hasta pasar con éxito una entrevista de trabajo.
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Pero estos no son los únicos usos que tiene Chat GPT, pues el gigante tecnológico Microsoft le puso el ojo para incorporarlo en su motor de búsqueda Bing (acto que acompañó con una inversión de US$10.000 millones). La idea es cambiar las reglas de juego en las búsquedas, haciendo que el proceso sea más rápido y personalizado, cosa que podría amenazar la privilegiada posición que actualmente ostenta Google.
Como lo explica Johan Molina, cofundador de Wardiam (empresa que tiene una IA conversacional capaz de resolver preguntas de índole legal y administrativo), integrar una herramienta como Chat GPT en un buscador se traduce en que el usuario ya no tendrá que escarbar, entre diversos resultados, la información que necesita, sino que solo bastará que haga la pregunta para que la inteligencia artificial haga ese proceso por él (en segundos o milésimas de segundos), mostrando la respuesta en un lenguaje claro y comprensible.
Esto, evidentemente, cambiará la forma en la que interactuamos con internet, pues no solo hace que sea más fácil usarlo, sino que abre nuevas oportunidades para la industria que se mueve a su alrededor. Si para el solo desarrollo de Chat GPT Microsoft ha invertido miles de millones de dólares, no es descabellado pensar que cuando comience a dar frutos el dinero que moverá será de millones o incluso billones de dólares.
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Muestra del remezón que ha generado Microsoft, es que recientemente Google salió al ruedo anunciando que hará lo mismo, pero con una IA en la que ha trabajado durante años. Su nombre es Bard.
“Hemos estado trabajando en un servicio de inteligencia artificial conversacional experimental, impulsado por LaMDA, al que llamamos Bard. Y hoy, estamos dando otro paso adelante al abrirlo a evaluadores de confianza antes de que esté más disponible para el público en las próximas semanas”, comunicó la empresa.
Google no reservó sus intenciones, quieren hacer con Bard lo que Microsoft quiere hacer con Chat GPT: integrarlo en su motor de búsqueda. Incluso mostró algunos ejemplos del potencial que tiene este nuevo desarrollo, como la capacidad de explicar la complejidad del telescopio James Webb con los términos y la forma en la que lo entendería un niño de nueve años.
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Con las cartas de ambas compañías puestas sobre la mesa, es cuestión de tiempo para saber quién sale primero, y quién logra hacerlo mejor. Si Bing logra superar con creces lo que pretende hacer Google, es muy probable que comience a quitarle participación de mercado a quien hoy se reconoce como el rey de las búsquedas en internet.
El CEO de Microsoft, Satya Nadella, dijo en entrevista con el medio de comunicación especializado en tecnología The Verge, que sus intenciones con esto no es rivalizar con Google (de hecho, actualmente tienen varias alianzas), sino más bien estimular la innovación en un segmento que lleva años sin registrar mayores cambios para los usuarios.
“Respeto mucho lo que Google ha hecho y admiro demasiado su trabajo. Solo quiero que innovemos. Tú sabes, ellos son el gorila de 800 libras en esto y espero que con nuestra innovación ellos salgan y demuestren que pueden bailar y que la gente sepa que fuimos nosotros quienes los hicimos bailar. Creo que ese será un gran día”, dijo al detallar que ChatGPT no fomentará el que la gente trague entero la información que brinda, sino que los resultados estarán acompañados de enlaces en donde los usuarios pueden corroborar las fuentes de donde la Inteligencia Artificial extrajo la información.
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Para el consultor de Control Risks, Adalberto José García, si ese gorila de 800 libras no hace algo provechoso, Bing podría reemplazarlo rápidamente como buscador principal o preferido. En esta previsión lo acompaña el cofundador de Wardiam al decir argumentar que “toda herramienta que optimice tiempo, procesos y recursos, aumenta la rentabilidad, y por ende, tiene el éxito por delante”.
La ética detrás de estos nuevos desarrollos
Por sorprendente que parezca, la ya conocida expresión de que gracias a internet tenemos todo el conocimiento del mundo en la palma de la mano, se queda corta. Pues el nuevo nivel que proponen estas inteligencias artificiales es el de procesar esa información y obtener un análisis con tan solo un clic.
Esto demanda un riguroso cuidado con la ética, pues un análisis de estos puede estar acompañado de sesgos clasistas, racistas, xenófobos, homófobos, transfóbicos y cualquier otra forma de discriminación.
De hecho, esto ya se ha visto antes con aplicaciones de inteligencia artificial conversacional como Simsimi, la cual cobró popularidad no solo por su capacidad para responder a preguntas y comentarios como lo haría un persona en un chat de Whatsapp, sino por su irreverencia, al emitir comentarios discriminatorios y groseros (mismos que le habían enseñado los usuarios, pues los inputs de esta IA salían de las mismas conversaciones y de lo que la comunidad le enseñaba que debía responder a ciertas preguntas).
Para Google esto es relevante, de allí que haya establecido como objetivos (principios) para el desarrollo de la IA como lo es el que sea socialmente beneficiosa; que evite crear o reforzar prejuicios injustos; que sea responsable ante las personas; que incorpore principios de diseño de privacidad y que mantenga altos estándares de excelencia científica.
Sumado a lo anterior, asegura que trabajará para que sus desarrollos no se apliquen en que causen daños generales, en la elaboración de armas u otros elementos que puedan herir a otros, en casos de violación a la privacidad, o que vayan en contra de los derechos humanos.
Sumado a esto están los casos de plagio que puedan surgir, pues ya se ha demostrado que pueden redactar ensayos y demás documentos de corte académico y literario si se le pide. Para el consultor de Control Risks, es importante que las empresas desarrollen mecanismos que impidan estos casos (como que las IA tengan un banco de almacenamiento que sea compatible con herramientas como Turnitin para ver si un texto fue elaborado por una inteligencia artificial); pero también que la sociedad (academia y demás sectores que puedan verse afectados) implementen mecanismos que demanden un mayor razonamiento humano, pues sigue siendo cierto que hay cosas del pensamiento humano que las máquinas todavía no pueden hacer (y es probable que nunca lo hagan).
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