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Todo comenzó en enero de 2008, cuando mi hermano me habló de un juego de estrategia en internet y me decidí a abrir una cuenta en él.
La idea era acabar con la aldea de mi cuñado, pero resulta que quedábamos desperdigados todos y los ataques tardaban mucho en llegar. Mis aldeas eran pequeñas y me atacaban todo el tiempo. Ya estaba por dejarlo, hasta que un día alguien me envió una invitación para hacer una alianza y la acepté porque me estaban destrozando.
Esa simple invitación a una alianza de un juego virtual sería el principio de una historia de amor que le daría un vuelco a mi vida.
Primero nos enviábamos mensajes por medio del juego. Con el paso de los meses intercambiamos direcciones de correo electrónico y chateábamos por Messenger. Un día a él se le estropeó este programa y, como ya estábamos muy acostumbrados a hablarnos todos los días, fue cuando empezamos a hacer videollamadas por Skype.
Ese servidor del juego terminó en marzo y nos inscribimos en el siguiente, en el cual ganamos después de un año de jugar. A mediados de mayo, luego de meses de videollamadas y chats, nos hicimos novios.
Yo, estando en Colombia, y escéptica con las relaciones a distancia, terminé siendo novia de un chico a más de 8.000 kilómetros de distancia. Hablábamos tanto que hacíamos planes a futuro juntos. Me entristecía un poco pensar que esto era un poco imposible desde mi punto de vista, porque él estaba en España, pero la ilusión era más fuerte y seguíamos adelante.
A mediados de octubre, todavía sin conocernos personalmente, me pidió que me casara con él, a lo que yo, entre lágrimas de alegría y emoción, respondí con un sí.
Pasaron los meses y seguíamos en la misma situación. En marzo de 2009 me dijo que tenía boletos de avión para ir a visitarme en mayo. Y, pues sí, llegó mayo y yo fui desde Ocaña hasta Bogotá para recogerlo.
Mayo iba a ser decisivo para nuestras vidas y por eso los nervios, la ilusión y la incertidumbre eran sentimientos abrumadores. Ese primer encuentro fue maravilloso, porque parecía que nos conocíamos de toda la vida. Nos entendimos muy bien y antes de su regreso a España nos casamos.
Él se devolvió y yo me quedé porque tenía que hacer papeleos para registrar el matrimonio en la embajada española y así poder solicitar la visa. Además, yo estaba trabajando y tenía que dejarlo todo arreglado. Pues entre trámite y trámite pasaron diez meses hasta que pudimos estar de nuevo juntos.
Ahora vivo en España desde hace cinco años. Puedo decir que estoy felizmente casada con un hombre encantador y tenemos un niño precioso de tres años.
Gracias a Dios corrí con suerte, porque conocí al amor de mi vida en un juego de estrategia por internet.