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Colombia es un país con una riqueza extraordinaria: cinco regiones, dos océanos, tres cordilleras, 314 tipos de ecosistemas, más de 1.000 áreas protegidas, casi 2.000 especies de aves, 3.179 orquídeas y un sinnúmero de características adicionales conforman un patrimonio único que difícilmente se puede conjugar de la misma manera en otros países del mundo.
Según la Política de Turismo Sostenible: Unidos por la Naturaleza: “los viajeros que recorren nuestro país se encuentran con tesoros naturales inigualables, portadores de experiencias fascinantes, significativas e inspiradoras”.
Asimismo, como comparte esta política –que, vale la pena resaltar, Colombia es uno de los pocos países que cuentan con una de este tipo–, en los últimos años se ha puesto de manifiesto que el desarrollo de un turismo sostenible es, a la vez, una responsabilidad y una oportunidad para el sector en el país.
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Por un lado, la industria tiene la responsabilidad de contribuir a la preservación del capital natural y los valores ecológicos del país en la misma proporción en que hace uso de ellos para sustentar sus actividades. Y por el otro, se encuentra ante la oportunidad de transformarse, convirtiéndose en uno de los principales motores de desarrollo social y económico, así como de protección de su medio ambiente, biodiversidad, paisajes, ecosistemas y recursos excepcionales.
De la misma manera, a nivel internacional existe una aceptación generalizada de que el mundo se está enfrentando a un punto de inflexión ecológica y que el cuidado de las personas y el fortalecimiento económico solo serán posibles si el capital natural se ubica en el centro de la toma de decisiones de los gobiernos y de los sectores productivos. La Política de Turismo Sostenible tiene como objetivo sentar las bases para alcanzar este escenario en Colombia.
Trabajo articulado es clave
Entre tanto, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) reconoció la importancia del trabajo conjunto que los países requieren para conseguir destinos más resilientes y sostenibles, alcanzando un mayor desarrollo turístico a nivel global.
Ante nuevos desafíos, tales como la pandemia del covid-19 o fenómenos como el calentamiento global, que causan temperaturas extremas, ningún destino turístico ha quedado exento de tener que ejercer cambios que garanticen a mayor medida su bienestar.
“La crisis sanitaria ha tenido un impacto devastador, con afectaciones en todo el mundo. Pero ciertamente no es el primer desafío para los destinos y sus ciudadanos. La pandemia nos ha enseñado que nunca se puede estar lo suficientemente preparado”, asegura Julia Simpson, presidenta y CEO del WTTC.

Para ello, y a través del informe Enhancing Resilience to Create Sustainability in Destinations, creado junto al proveedor global de servicios digitales y de asesoría ICF, el WTTC diseñó cinco ejes de acción sobre los cuales la resiliencia es fundamental para el correcto desempeño del sector turístico global. Las pautas señaladas en dicho informe son:
1. Resiliencia ambiental
Se focaliza en la capacidad de un destino para resistir y recuperarse de forma adecuada ante los daños naturales. Este tipo de resiliencia es particularmente necesaria para las playas, montañas, ríos, y los bosques son un destino clave para los turistas.
2. Resiliencia de la infraestructura
Está relacionada directamente con los sectores de alojamiento y transporte, así como de instalaciones de soporte que permiten que la economía turística funcione de forma eficiente, lo que significa que los destinos deben garantizar que su infraestructura sea segura y eficaz para los viajeros. En este punto se contemplan los procesos para enfrentar crisis infraestructurales, tales como simulacros de evacuación.
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3. Resiliencia energética
Se refiere a la capacidad con la que cuenta un destino para garantizar un abastecimiento de energía eficiente. Este tipo de resiliencia tiene como principal objetivo permitir que el destino funcione sin problemas y proporcionar un nivel constante de servicio a los viajeros al tiempo que garantiza que las poblaciones locales no estén en desventaja por el intercambio de recursos.
4. Resiliencia económica
Se divide en dos definiciones, una de ellas se refiere a la capacidad de un destino para sobrevivir a una crisis en dicha materia, mientras que la otra se enfoca en el entorno operativo de las empresas.
En este punto destaca la necesidad de políticas reactivas, mismas que han surgido por el impacto que causó la pandemia sanitaria. También se recomienda implementar políticas proactivas encaminadas a la capacitación para lograr mejorar la resiliencia económica.
5. Resiliencia social
Se enfoca en que las personas y entidades desarrollen la capacidad de saber enfrentar los problemas ambientales, económicos y sociales (amenazas). Esto tiene relación directa con garantizar que aquellos que no pertenecen al sector de viajes y turismo no se vean afectados por dicho sector. En caso de una crisis, las necesidades de la sociedad local deben ser prioridad y así evitar la “resistencia” al turismo.
Por último, el informe ofrece recomendaciones identificadas como claves para que los destinos en su viaje mejoren su resiliencia: desarrollar modelos de gobernanza exitosos, garantizar la propiedad y el valor compartido, y prepararse para el próximo shock.
El sector crece en Latinoamérica

Por otro lado, el WTTC pronosticó una tasa de crecimiento interanual de 4 % durante los próximos 10 años para el sector turismo en Latinoamérica, casi el doble en comparación con el crecimiento de la economía total de la región, que se estima sea de 2,3 % para el mismo período.
De acuerdo con su último Informe de Impacto Económico, durante la siguiente década esta industria generará 5,5 millones de nuevos puestos de trabajo en el sector en Latinoamérica, con una tasa de crecimiento interanual de 3,2 %.
Asimismo, el informe señala que en 2021 la contribución del sector de viajes y turismo al PIB de Latinoamérica representó 6,1 % (213,4 billones de dólares), lo cual significó un crecimiento de 26,5 % con respecto a 2020.
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El sector de viajes y turismo de Latinoamérica, durante 2019, aportó US$288,1 billones al PIB, lo que representó el 8,2 % de la economía de la región. Sin embargo, en 2020, cuando la pandemia impactó severamente a la industria, su contribución cayó en un 41,4 %.
Durante 2021, en Latinoamérica el nivel de empleo en el sector de viajes y turismo aumentó en 8 % en comparación con 2020, con lo que el sector generó 14,25 millones de puestos de trabajo, lo que representó casi el 7 % del total de los empleos en la región. Esta última cifra se encuentra tan solo 1,1 % por debajo de lo registrado en 2019.
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