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A solo 50 km de Bogotá, el Parque Nacional Natural Chingaza es un refugio de biodiversidad y cultura ancestral
Foto: Leidy Barbosa Ramírez
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Sus páramos, cubiertos de frailejones, son el hogar de miles de especies de fauna, mientras que sus lagunas sagradas, como Siecha y Chingaza, fueron escenarios de rituales muiscas.
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Con más de 76,600 hectáreas, Chingaza protege importantes cuencas hidrográficas, como las del río Negro y el río Guatavita, y resguarda especies endémicas de flora y fauna
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Chingaza tiene varios senderos, este es el de Cuchillas de Siecha, un recorrido que es difícil, en parte, por el desnivel positivo y al ascenso sostenido hasta un mirador natural desde donde se pueden contemplar, simultáneamente, las tres lagunas glaciares
Foto: Leidy Barbosa Ramírez
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El recorrido inicia con una breve inducción sobre qué es Chingaza, su importancia ecológica y las normas que permiten su conservación. Después se presentan las recomendaciones esenciales para la visita, enfocadas en el cuidado del ecosistema y la seguridad de quienes ingresan.
Foto: Leidy Barbosa Ramírez
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Algo importante: antes de comenzar el trayecto, se pasa por un punto de control similar a una aduana, donde se revisa que no entren plásticos u otros elementos que puedan afectar este territorio protegido.
Foto: Leidy Barbosa Ramírez
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La caminata hacia las Cuchillas de Siecha, es una experiencia exigente. Con un recorrido aproximado de ocho kilómetros, la caminata puede tomar cerca de cinco horas
Foto: Leidy Barbosa Ramírez
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A lo largo del recorrido hay varios puntos con avisos informativos. En estos espacios, los guías retoman y explican de manera reiterada la importancia del ecosistema que se visita, destacando por qué su protección es fundamental y cómo cada visitante puede contribuir a su conservación.
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Lo más importante: este es el ecosistema del oso andino, el único oso presente en Suramérica. Aunque es una especie esquiva y de difícil avistamiento, su presencia se reconoce en señales concretas del territorio. Entre ellas destacan las marcas de sus garras, que revelan su paso y recuerdan la relevancia de proteger este hábitat estratégico para su supervivencia.
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Para recorrer un páramo de forma segura, es imprescindible llevar calzado adecuado, vestirse por capas y contar con equipo básico que permita afrontar el clima variable y proteger la salud durante toda la jornada.
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A pesar del esfuerzo físico que implica, la recompensa visual y la posibilidad de explorar un ecosistema de páramo en estado casi prístino justifican plenamente la exigencia del sendero.
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