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Una pequeña joya del Mare Nostrum

El último paraíso del Mediterráneo conjuga la tranquilidad, la belleza y el medio ambiente con idílicas playas que obligan a cambiar el ritmo de vida.

02 de julio de 2015 – 10:53 a. m.
Formentera ofrece más de 20 kilómetros de playas de arena blanca y aguas transparentes.  / iStock
Formentera ofrece más de 20 kilómetros de playas de arena blanca y aguas transparentes. / iStock

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Existen destinos de aventura, de entretenimiento, cultura, naturaleza o negocios, escenarios en los que pasa de todo y otros en los que simplemente no pasa nada, excepto la brisa del mar y el sonido del entorno. Es el caso de Formentera (España), una isla sin fin en donde la calma, el silencio y los colores del ambiente hacen que cualquier turista cambie sus prioridades y busque un ritmo de vida diferente: tranquilo y sin prisas.

Está ubicada a 19,2 kilómetros de la isla de Ibiza, desde donde sale un barco que las conecta (es la única forma de llegar) y cuenta con una extensión de costa de 82 kilómetros. Pero son precisamente la inaccesibilidad y la distancia las que hacen de este lugar un verdadero edén terrenal donde el estrés y la masificación no tienen presencia porque las aguas claras, las playas y el clima se roban el protagonismo.

No en vano ha sido considerada el último paraíso del Mediterráneo por haber sabido conjugar el turismo con la protección del medio ambiente, una de las razones en las que radica su éxito turístico aunado con la preservación de la cultura y el patrimonio, la libertad y la luz que irradia y la visión de conseguir la exclusividad a través de la protección de la naturaleza.

El secreto de la existencia de un mar cristalino y de las largas playas que la diferencian del resto del Mediterráneo es la pradera de posidonia que rodea la isla, una depuradora natural que limpia el agua y permite la sedimentación de la arena en el litoral. Una auténtica selva submarina que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999.

La manera de conocer Formentera depende del gusto de cada viajero. Los apasionados del deporte, de los recorridos naturales y genuinos pueden hacerlo a pie o en bicicleta; para ellos están diseñadas 32 rutas verdes, caminos entrelazados que suman más de 100 kilómetros y que permiten acceder a increíbles playas como Illetes o Cavall d’en Borràs, singulares por sus aguas cristalinas que les confieren un aspecto de piscinas naturales.

Otro paseo recomendable es el camino de Es Brolls, que bordea la gran laguna de agua salada conocida como Estany Pudent, un lugar donde los flamencos, garzas reales y ánades hacen parte del paisaje natural. Mientras que en Es Cap de Barbaria, situado en el extremo sudoeste de la isla, un paisaje desértico, una carretera estrecha y desolada, un faro en el centro y un azul profundo del mar en el fondo personifican el imaginario cinematográfico colectivo.

Si el plan incluye niños, la isla, reconocida por Unicef como Ciudad Amiga de la Infancia, les ofrece a las familias paseos en bicicleta por las distintas rutas cicloturísticas, a pie por los innumerables caminos rurales y visitas al amplio patrimonio cultural, y por mar una amplia oferta de actividades acuáticas como windsurf, paddle surf, kayak, submarinismo o el simple relax en las idílicas playas de arena blanca.

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