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Las encuestas más recientes muestran que la imagen positiva del Presidente Santos ha caído significativamente.
Tiene un 72% de imagen negativa, su gestión cayó a un 25 %. Mas allá de los eventos recientes, como los paros, que son la primera y más lógica explicación, hay una razón de fondo para la baja popularidad del Presidente. Santos se comprometió con una agenda transformadora, lo que implica tocar intereses poderosos a nivel regional y vender beneficios a largo plazo que son difíciles de percibir hoy.
¿Que debería hacer el Presidente para remontar su imagen negativa, posicionarse para lanzarse a un segundo mandato y sacar adelante el proceso de paz?
En primer lugar, unificar su discurso y el del gabinete: los colombianos necesitan y quieren oír una narrativa coherente, que no varíe en lo fundamental de acuerdo a la coyuntura. Para eso, el gobierno tiene que coordinarse mejor y los cambios en el gabinete son una oportunidad para hacerlo.
En segundo lugar, volcarse a las regiones. Esto implica atender con detalle la evolución de la ejecución de la nueva ley de regalías y resolver los problemas de formulación y ejecución de proyectos. Así tendrá el apoyo de gobernadores y alcaldes y lo más importante, obras relevantes que solucionen los temas más apremiantes de las regiones que antes no tenían acceso a las regalías.
En tercer lugar, jugársela a fondo por la paz, con un una convocatoria nacional y local para que los colombianos entiendan las implicaciones de continuar el conflicto y los comparen contra los costos de una salida negociada. El Presidente necesita aglutinar a los ciudadanos en torno a un propósito común y ese es la paz. En el camino debe tener la capacidad de distribuir los costos para que los diferentes grupos de interés, apoyen el proceso.
La paz se convirtió, sin duda, en la base del segundo mandato de Santos y en el centro de la batalla electoral.
Finalmente, debe resolver los problemas de ejecución de presupuesto a nivel central, antes de que empiece a regir la ley de garantías electorales.
Enfocándose en estos pocos temas y con un discurso coherente, el Presidente tiene la capacidad de ser elegido para continuar su obra transformadora en un segundo mandato.