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El año 2025 será decisivo para garantizar el futuro energético de los colombianos y la sostenibilidad de esta industria en el país. Nos planteará una coyuntura crucial en abastecimiento energético, en la que la seguridad y autosuficiencia, como motores de la transición, son un desafío urgente, y el sector de hidrocarburos, un aliado estratégico. Esta coyuntura también nos presenta la oportunidad y el reto de liderar un modelo de transición energética que sea ejemplo para Latinoamérica, donde converjan armónicamente el progreso económico, la sostenibilidad ambiental y el bienestar social.
En ese contexto, garantizar un suministro confiable y suficiente de petróleo, gas natural y combustibles líquidos es imperativo. Sin embargo, la sostenibilidad de la industria de los hidrocarburos en Colombia enfrenta retos significativos en múltiples frentes.
En primer lugar, debido a la tendencia sostenida a la baja en las reservas de petróleo y gas natural, y a la demanda creciente de energía, es fundamental aumentar su producción para garantizar al abastecimiento energético nacional y fortalecer los recursos fiscales que requieren la Nación y los territorios.
Es indispensable que logremos un consenso para fortalecer la exploración y producción de petróleo y gas natural como pilares de nuestra seguridad energética.
Una mayor exploración permitiría incrementar las reservas y la producción para garantizar el autoabastecimiento a mediano y largo plazo, atender la demanda y mantener o alcanzar las metas de producción planteadas en el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2024 (producción promedio de 750 mil barriles día de petróleo hasta el 2035).
Colombia requiere garantizar las condiciones para que la exploración retorne a niveles de años anteriores y así aumentar la producción, para lo cual, el gran reto será mejorar la competitividad del país y brindar seguridad jurídica a los inversionistas, a fin de mantener y atraer capital privado al país.
En el año pasado se esperaba perforar 40 pozos y a noviembre solo se habían perforado 23. En petróleo, mientras que la ANH esperaba llegar a 800 mil barriles día, se proyecta que cerraremos 2024 en 777 mil.
En gas natural, a corte de noviembre de 2024 se registró una producción entregada al sistema de 829 GBTUD (Giga Unidades Térmicas Británicas día), lo que contrasta con una demanda de 1.041 GBTUD impulsada por los bajos aportes hídricos que incrementan el consumo termoeléctrico.
El año pasado, Colombia tuvo que importar más gas que nunca, incluso para sectores esenciales como hogares y comercios, la importación fue superior a 212 GBTUD. Colombia está perdiendo su autosuficiencia en gas natural, por ello, la exploración y desarrollo costa afuera y en tierra firme seguirán siendo cruciales.
Así mismo, el fortalecimiento de la infraestructura energética existente representa otro de los desafíos, la conexión de los mercados de gas, y la optimización de la remuneración del transporte de este energético.
Además, la priorización de los proyectos costa afuera será otra de las necesidades: clasificarlos como Proyectos de Interés Nacional y Estratégico (PINES) le daría prelación al desarrollo de sus actividades y permitiría que estos recursos energéticos entren lo más pronto posible al mercado nacional.
Para lo anterior, es clave contar con un marco regulatorio y fiscal estable y favorable para el desarrollo de las actividades, asegurar estabilidad en las reglas de juego, optimizar los procesos de licenciamiento, garantizar condiciones adecuadas para operar en las regiones, propiciar la reducción de los costos de producción, fortalecer la infraestructura energética, y cesar la estigmatización de esta industria. Ello requiere una sólida cooperación y articulación entre las entidades de Gobierno y las comunidades, en la que la participación del sector privado seguirá siendo crucial para diversificar el riesgo, mantener la competitividad del mercado y maximizar los beneficios para las regiones.
De otro lado, ante la creciente conflictividad social que se presenta en el país, en 2024 el sector reportó un promedio de 5,7 bloqueos diarios (en 2022 se registraron en promedio 3 bloqueos diarios), con demandas que en algunas ocasiones no están relacionadas con las operaciones del sector.
Además de la grave situación de seguridad y orden público que pone en riesgo a los ciudadanos, a las comunidades, y hace que disminuyan significativamente los aportes del sector a los territorios y a la Nación. Ello exige una gestión oportuna del Gobierno en los distintos niveles para prevenir y atender dichos eventos, y de la mano del sector continuar impulsando el desarrollo sostenible de los territorios.
En resumen, en petróleo y gas el desafío central es impulsar la reactivación y viabilidad de las operaciones, y con ello, sus contribuciones a la economía nacional y al cierre de brechas sociales en las regiones.
En el segmento de combustibles líquidos, los principales retos se enmarcan en mantener el abastecimiento ante las coyunturas que se puedan presentar por las debilidades estructurales que persisten en la cadena de suministro.
Entre otros temas, será crucial continuar con los avances de las iniciativas de la ANH y la CREG para la expansión de la infraestructura de poliductos, almacenamientos estratégicos y flexibilización regulatoria. También se requiere continuar con la formalización del comité de abastecimiento del Ministerio de Minas y Energía, aumentar la mezcla de etanol y biodiésel para la reducción de emisiones y el desarrollo del combustible sostenible de aviación (SAF).
En conclusión, nuestro reto, como país, es demostrar con acciones concretas, inversión responsable y colaboración entre todos los actores que Colombia tiene el potencial de convertirse en un modelo energético de referencia para la región, donde el progreso económico, la equidad social y la protección ambiental sean compatibles y complementarios, en el marco de una transición energética ‘a la colombiana’, adaptada a las condiciones particulares de los territorios, que incorpore nuevas tecnologías sin comprometer la seguridad energética y valor compartido para las comunidades que se genera desde esta industria. Es decir, lograr que la transición energética se dé de manera simultánea con una transición económica y una transición social.
La industria del petróleo, gas y combustibles líquidos es parte de la solución. Las empresas privadas que exploran y producen petróleo y gas en el país, y las que distribuyen los combustibles líquidos a todo el territorio nacional están comprometidas con Colombia, y pese a las coyunturas continúan apostándole al país, para ofrecernos los energéticos que necesitamos en nuestras actividades cotidianas, y además contribuir a la generación de empleo, inversión social y recursos fiscales para financiar el desarrollo de los territorios.
* Presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP)
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