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Olga, de 64 años, vive en La Calera, Cundinamarca. Con el dinero que le envía su hijo Fredy desde Estados Unidos abrió un pequeño restaurante, un uso poco común para este dinero si se tiene en cuenta que, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el 88 % de las remesas en Colombia se usan para gastos básicos como alimentación, vivienda, transporte o salud.
Fredy, aunque orgulloso de poder ayudar a su mamá, regularmente envía parte de su salario con un solo temor en la cabeza: el de ser detenido en una de las redadas de ICE (la agencia que aplica las leyes de inmigración y aduanas de Estados Unidos), reforzadas por la actual administración de Donald Trump.
Ese miedo no es solo suyo; lo comparten miles de migrantes que, sin saber cuánto tiempo dure su travesía en Estados Unidos, prefieren mandar más dinero y con mayor frecuencia.
Analistas señalan que este comportamiento se ha sumado a factores estructurales, como el buen desempeño del mercado laboral en Estados Unidos y Europa y la digitalización de los canales de envío, para explicar el repunte histórico de las remesas hacia Colombia.
Solo en el último año estos flujos alcanzaron US$12.781 millones, un monto que ya se compara con las exportaciones de petróleo y que, según cálculos de Bancolombia con datos del Banco de la República, duplica al carbón y triplica al café.
¿Por qué crecen las remesas hacia Colombia?
Que las remesas estén creciendo no es obra del azar. Detrás hay razones de largo plazo, pero también factores del momento.
El Informe Internacional de Remesas de la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Bancolombia muestra que, desde hace más de una década, estos flujos avanzan a mayor velocidad que el Producto Interno Bruto (PIB) colombiano, impulsados por la migración hacia Estados Unidos y Europa, la resiliencia de sus mercados laborales y la digitalización de los giros.
El auge de las aplicaciones para enviar dinero al país ha hecho más baratos y frecuentes los giros, convirtiendo a las remesas en una entrada más estable para millones de familias.
Para Juana Téllez, economista jefe de BBVA Research para Colombia, el buen momento del mercado laboral en los países de destino de los migrantes colombianos ha sostenido el flujo, al tiempo que la revaluación del peso en 2025 (cercano a un 5 %, según datos de mercado) pudo llevar a muchos a aumentar el monto en dólares para no afectar el poder de compra de sus familias.
A su turno, Jaime Rojas, líder del Centro de Investigación en Análisis de Datos Económicos y Sectoriales del Politécnico Grancolombiano, coincide en que el patrón de crecimiento obedece a una migración sostenida y a mejores condiciones laborales en el exterior.
Pero advierte que también intervienen factores coyunturales: “El temor a deportaciones bajo el nuevo gobierno de Trump ha incentivado a muchos migrantes a enviar más dinero a sus familias como medida preventiva”, señala.
La confluencia de estos factores se nota en las cifras. En el último año las remesas llegaron a US$12.781 millones, un nivel comparable con las exportaciones de petróleo y que, según Bancolombia, duplica al carbón y triplica al café.
¿Las remesas como salvavidas o como debilidad?
Que las remesas hayan alcanzado cifras récord plantea la pregunta de qué tan sostenible es para la economía de Colombia descansar cada vez más en este flujo de dólares que envían sus migrantes.
Hoy representan cerca de 4 % del PIB y financian buena parte del déficit externo, pero no todos los analistas las ven como un ingreso sin riesgos.
Para Téllez, de BBVA Research, estos flujos representan una fuente estable y positiva: “Las remesas seguirán siendo una fuente importante de ingresos para los hogares en los años por venir”.
Téllez recuerda que en 2024 representaron 2,3 % del PIB y ayudaron a cubrir el déficit en cuenta corriente, lo que las convierte en un ingreso “saludable” para el país.
Si bien los expertos reconocen el papel estabilizador de estos flujos, una dependencia excesiva puede ser riesgosa. Rojas señala que “la dependencia excesiva de estos flujos puede hacer vulnerable a la economía ante cambios en políticas migratorias o crisis en países emisores”.
Además, el académico precisa que su auge está ligado al éxodo de capital humano, lo que puede afectar la productividad nacional a largo plazo.
Al pensar sobre qué sucederá con las remesas en un futuro cercano, el análisis de Bancolombia agrega un elemento clave: la concentración del origen de los giros.
Y es que más de la mitad de las remesas que recibe Colombia provienen de Estados Unidos, lo que hace al país especialmente sensible a los cambios en la política migratoria y tributaria de ese país.
Esta misma unidad de análisis advierte que, aunque hoy el impacto de esas medidas es marginal, un endurecimiento de las políticas podría convertirse en un riesgo real para la estabilidad de estos flujos. Algo que probablemente sucederá en diciembre próximo.
El efecto Trump en los flujos de dinero de las remesas
En este punto, las remesas representan un ingreso importante para la economía colombiana y un alivio para millones de hogares. Pero no hay que olvidar que su estabilidad está atada a factores que, en su mayoría, están fuera del control del país.
Más de la mitad provienen de Estados Unidos, país donde la iniciativa ‘One Big Beautiful Bill Act’, impulsada por el gobierno Trump podría afectar el dinamismo de las remesas que salen de la primera economía global. Este proyecto, aprobado este año, establece un impuesto a las remesas internacionales que empezará a aplicarse a partir del 31 de diciembre de 2025.
En su trámite, la Cámara de Representantes de ese país contempló inicialmente un gravamen de 5 % sobre cada giro; luego lo redujo a 3,5 %. El Senado lo llevó aún más abajo, hasta 1 %, y excluyó de la medida las transferencias hechas a través de bancos, cooperativas de crédito, casas de bolsa y tarjetas emitidas en Estados Unidos.
El proyecto regresó a la Cámara, donde todavía pueden hacerse ajustes: subir o bajar la tasa, ampliar o restringir excepciones, o incluso definir si aplica sólo a inmigrantes indocumentados o a todos los ciudadanos.
Por ahora, las estimaciones de Bancolombia indican que un impuesto del 1 % tendría un efecto marginal para Colombia, una desaceleración de apenas 0,17 puntos porcentuales en los flujos de remesas. Pero el desenlace de ‘One Big Beautiful Bill Act’ en el legislativo de EE. UU. y las decisiones que tome la administración Trump, aún con tres largos años por delante, mantienen un margen de incertidumbre que la economía colombiana no puede pasar por alto.
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