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Los científicos cada vez reúnen más pistas del impacto que han tenido los compuestos químicos en los océanos, encargados de cubrir cerca del 71 % de la superficie de la Tierra. Ahora, en este esfuerzo por recopilar más información, un grupo de investigadores se dio a la tarea de comprender cuáles son los efectos que tienen los protectores solares o bloqueadores en los ecosistemas marinos.
Lo primero que dicen los investigadores de la Universidad de Plymouth (Reino Unido), encargados de este reciente estudio, es que las sustancias químicas de los protectores solares están cada vez más presentes en nuestros océanos. Sin embargo, advierten que por el momento todavía persisten vacíos sobre cómo podrían afectar a los ecosistemas marinos.
Entre los compuestos químicos con los que se elaboran los bloqueadores están unos conocidos como contaminantes pseudopersistentes. Este tipo de sustancias, si bien se degradan con relativa rapidez, generan una alerta porque al ingresar a los ambientes acuáticos lo hacen a un ritmo mayor.
Anneliese Hodge, investigadora de doctorado en la Universidad de Plymouth y del Laboratorio Marino de Plymouth, asegura que “lo que resulta especialmente preocupante es que estos compuestos se consideran “contaminantes pseudopersistentes” debido a su continua introducción en los entornos marinos, así como a la falta general de comprensión de cómo estos productos químicos interactúan con otros en el mar».
En el caso de los bloqueadores, una de estas sustancias, dicen los investigadores, son los filtros UV, que se encargan de proteger, bloquear o absorber la radiación ultravioleta (UV) del Sol. Además de ser un elemento clave en los bloqueadores, también hacen presencia en champús, cremas hidratantes o labiales.
A los ojos de los investigadores, se estima que para 2026, cada año se liberen entre 6.000 y 14.000 toneladas de filtros UV solo en zonas de arrecifes de coral. Esto, anotan, hace que sea cada vez más urgente “la necesidad de realizar estudios más exhaustivos sobre su impacto ambiental”. En el más reciente, publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, los investigadores señalan que estos productos pueden provocar blanqueamiento y deformidad en los corales o una disminución de la fertilidad de los peces.
Además, dicen los investigadores en la revista, “al menos el 25% de los productos de protección solar se eliminan durante el baño en el mar y que una sola playa con 1.000 visitantes puede estar sujeta a más de 35 kg de depósitos de protector solar por día”.
Pero, ¿cómo llegan estos compuestos al océano? De acuerdo con los investigadores, pueden ingresar al ambiente marino de forma directa o indirecta. Entre las vías directas, añaden, está “la natación u otras actividades recreativas acuáticas”, mientras que las formas indirectas son “el lavado de toallas que se han utilizado para secar la piel cubierta con protector solar, el lavado de residuos durante la ducha e incluso en la orina”.
En los resultados, los investigadores cuentan que para este trabajo analizaron más de 110 publicaciones relacionadas con los protectores solares, los filtros UV y su impacto ambiental y ecotoxicológico. Encontraron que las tecnologías tradicionales de tratamiento de aguas residuales y de agua no pueden eliminar en su totalidad la mayoría de los compuestos de los filtros UV, entonces, anotan, “la presencia de filtros UV orgánicos en el 95% de los efluentes de aguas residuales y el 86% de las aguas superficiales a nivel mundial”.
De acuerdo con los investigadores, algunos estudios han señalado que se han encontrado filtros UV en entornos marinos de todo el mundo, incluso en aquellas zonas que son más remotas, como la Antártida. Entre estos filtros UV, añaden, el compusto más común es la benzofenona, las cuales son identificadas como sustancias persistentes, bioacumulables y tóxicas. También encontraron altos niveles de benzofenona-3, la sustancia química que se encuentra frecuentemente en los protectores solares y los productos cosméticos.
Otra de las fuentes de contaminación, añaden los investigadores, está relacionada con las prácticas agrícolas, en las que se utilizan agua reciclada de plantas de tratamiento de aguas residuales y biosólidos de lodos como fertilizantes del suelo. Esta práctica, según los investigadores, “puede provocar la propagación de contaminantes de los filtros UV no solo en los cultivos, sino también en los mecanismos de escorrentía y vertido agrícolas que desembocan en entornos acuáticos”.
Una situación similar sucede con las duchas de playa. Uno de los estudios analizados por el equipo encontró que las arenas alrededor de las duchas de playa de la bahía de Hanauma, en Hawái, estaban altamente contaminadas con residuos de protector solar y su nivel se correlacionaba directamente con las altas tasas de visitas.
Estos resultados, dice Frances Hopkins, profesor de Bioquímica marina en el Laboratorio Marino de Plymouth y autor del estudio, muestran la variedad de sustancias químicas derivadas “de los protectores solares que sabemos que se liberan en los entornos marinos costeros, y demuestra que nuestra comprensión de los efectos de estos compuestos tóxicos en los organismos marinos es sorprendentemente limitada”.
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