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Hace un par de semanas, en plena final del WTA de Guadalajara, a Emiliana Arango el cuerpo le pidió detenerse. Había pasado la noche enferma, deshidratada, sin poder dormir ni comer, pero aquella tarde la colombiana decidió salir a la cancha. No podía evitarlo: era una de las finales más importantes de su carrera, la culminación de una semana brillante y, sobre todo, la primera final profesional de la joven estadounidense Iva Jovic, de apenas 17 años.
“Sentía que no podía simplemente no presentarme. Pensaba en la gente que me apoyó toda la semana y también en Iva. No me parecía justo que ganara su primer título por retiro”, recordó la tenista. La imagen fue conmovedora: Arango, visiblemente agotada, resistiendo punto a punto con el orgullo de quien no juega solo por sí misma, sino por respeto al deporte.
Perdió, sí. Sin embargo, ese día ganó el reconocimiento del circuito, la admiración del público y la certeza de haber completado el mejor año de su carrera. Guadalajara cerró un ciclo brillante. En 2025, Arango fue finalista en Guadalajara, campeona del WTA 125 de Cancún y, después de esa final, alcanzó el puesto 46 del ranking mundial, su mejor ubicación hasta ahora. Se convirtió en la mejor raqueta del país.
La tenista se refirió a su temporada, su ascenso en el escalafón de la WTA y los retos que tiene por delante, tras el mejor año de su carrera.“Estoy muy orgullosa, no solo de mí, sino de mi equipo. Con Mauricio Hadad he trabajado casi toda mi vida; él ha sido mi constante. Y Felipe Mantilla, que se sumó hace poco más de un año, fue una gran adición. Todo este progreso es fruto de años de trabajo”.
Nacida en Medellín el 28 de noviembre del 2000, Arango empezó a jugar tenis a los tres años inspirada por Rafael Nadal, su ídolo de infancia. A los 17 se convirtió en profesional, luego de haber sido número ocho del ranking mundial juvenil tras alcanzar las semifinales del US Open júnior en 2017. No obstante, el salto al circuito adulto no fue fácil. Lesiones, altibajos y pausas forzadas marcaron su camino hasta estabilizarse en la élite.
Sin embargo, ha sido en los últimos años cuando la colombiana pegó un salto. “Creo que he mejorado en todo: técnica, mente y físico. Este año todo se alineó y eso marcó la diferencia. Mi meta es seguir sumando cosas a mi juego. No pienso tanto en los resultados como en seguir creciendo”, explica.
En el circuito, Emiliana es reconocida por su garra y autenticidad. Este año, su duelo en el Arthur Ashe Stadium del US Open contra Iga Swiatek, una de las mejores del mundo, fue uno de los hitos de su temporada. “Fue una experiencia increíble. Aprendí mucho de ese partido, me puso nuevos retos. Creo que fue clave para mi buen resultado después en México”.
Aunque los resultados recientes en la gira asiática que hizo no la acompañaron, su ascenso no se detiene. A sus 24 años, Emiliana representa la cara actual del tenis colombiano. No mide su éxito solo en trofeos, sino en evolución. “Cuando uno es niño sueña en grande, pero no entiende todo lo que implica. Hoy mi sueño es ser la mejor versión de mí misma. Quiero mirar atrás y saber que di todo con lo que tenía”, dice.
¿Cómo vivió la final de Guadalajara sabiendo que estaba enferma?
Fue muy duro. Pasé la noche en el baño, deshidratada, sin poder dormir. En un momento pensé que no iba a poder levantarme, pero era una final, la primera de Iva Jovic. No podía retirarme. Pensé en la gente que me apoyó y en ella, que había hecho una gran semana. Decidí salir, aunque sabía que físicamente estaba muy mal. En un punto sentí que me iba a desmayar, pero traté de hacer lo mejor que pude.
¿Dolió perder así?
Sí, pero más que tristeza, me dejó paz. Me dolió mucho perder, pero supe que di todo lo que tenía. Al final, la gente se queda con eso, con el esfuerzo, no con el marcador.
Después de esa final alcanzó su mejor “ranking”. ¿Qué significa ser la primera raqueta de Colombia?
Un orgullo enorme. Es el resultado de muchos años de trabajo y sacrificio. He tenido que sacar fuerzas de lugares que ni sabía que existían. Ver mi nombre ahí es una recompensa muy linda.
¿Cómo evalúa los grand slams de este año?
En Roland Garros jugué muy bien y perdí con una top 10. En Wimbledon pude hacerlo mejor, pero me quedé con los aprendizajes. En el US Open, jugar en el Arthur Ashe contra Iga Swiatek fue increíble. Aprendí mucho. Son experiencias que me ayudan a saber en qué nivel estoy y en qué debo mejorar.
Para llegar a este momento, ¿qué la ha sostenido?
Mi equipo, mi familia y mi amor por el tenis. A veces las cosas no salen, pero recuerdo a la niña que empezó a jugar a los tres años en Medellín, que soñaba con ser profesional. Eso me da fuerza.
¿Qué metas le quedan?
Sueño con ganar un Grand Slam y llegar al número uno del mundo. Pero, sobre todo, quiero seguir creciendo. Ser cada año una mejor jugadora y una mejor persona.
¿Qué representa el tenis para usted?
Todo. Es mi forma de expresarme, de conocerme. Me ha enseñado disciplina y humildad. Es una vida de sacrificios, pero también de momentos únicos. Cada vez que entro a la cancha siento que estoy en el lugar correcto.