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Pierre de Coubertin fue un aristócrata que nació en París en 1863 y tras recibir formación militar en su infancia, se obsesionó con la reforma educativa. Por eso estudio los sistemas de enseñanza de Inglaterra, Canadá, Estados Unidos e Irlanda, en donde asimiló los conceptos y valores que por entonces fomentaban los nacientes deportes como fútbol, rugby, tenis, esgrima y golf.
En uno de sus tantos viajes de estudio conoció detalles de un evento que se realizaba en la antigua Grecia, en el que se enfrentaban representantes de diferentes ciudades en competencias de carreras, lanzamientos, ecuestres y combates, propios de las actividades cotidianas.
Se propuso revivirlos, pero con las disciplinas que se estaban popularizando en Europa en ese momento y para eso convocó a amigos y conocidos suyos de 12 países a una reunión en la Universidad de La Sorbona, en la capital francesa, en donde creó, el 23 de junio de 1894, el Comité Olímpico Internacional.
Su idea era realizar un evento que reuniera a personas de todos los rincones del mundo, sin distingo de raza religión, tendencia política y sexo, pues consideraba que el deporte era un derecho humano que debía servir para fomentar la paz, la integración y la solidaridad, además de la cultura y la educación, sin ningún tipo de discriminación.
Para ello acudió al multimillonario griego George Averoff, quien financió buena parte de los escenarios de la primera edición de los Juegos Olímpicos, que se realizó en Atenas, hace exactamente 128 años, con 241 deportistas de 14 países. El estadounidense James Connolly, en el salto triple, fue el primer campeón y Spyridon Louis, ganador de la maratón, el gran héroe de la delegación local.
Evidentemente era otros tiempos, en los que los cambios de sede, la desorganización, la falta de recursos y la precariedad de los eventos fue una constante. Tanto que la mayoría de los atletas que acudieron a esas versiones iniciales no sabían que habían participado en los Juegos Olímpicos. Para muchos eran campeonatos deportivos que se hacían como parte de la Exposición Universal que se duraba hasta seis meses en alguna de las ciudades importantes de la época.
Por eso no hay que sorprenderse al ver videos en los que se comprueba que las carreras con costales, jalar soga, saltar cuerda, nadar en ríos o estanques y las pruebas militares hacían parte del programa olímpico. Los símbolos que hoy conocemos tampoco existían. Aunque las medallas se entregan desde San Luis 1904, los cinco anillos aparecieron en París 1924 y la llama en Amsterdam 1928. Apenas en Los Ángeles 1932 se implementó una Villa Olímpica en la que se hospedaban todos los deportistas.
Pero así como se fueron perfeccionando las reglamentaciones de los deportes, mejoró la organización, la difusión y la relevancia de las justas. Poco a poco las mujeres, inicialmente discriminadas, comenzaron a participar y el espíritu olímpico que soñó el barón De Coubertin se expandió por todos los continentes.
Sencillo no fue, sobre todo porque los medios de transporte y comunicación no se habían desarrollado. Un evento que inicialmente era exclusivo para oligarcas por los altos costos en los que debían incurrir quienes asistían, se fue popularizando.
Tras las ediciones de Atenas (Grecia) 1896, Paris (Francia) 1900, San Luis (Estados Unidos) 1904, Londres (Inglaterra) 1908 y Estocolmo (Suecia) 1912, la Primera Guerra Mundial obligó a la cancelación de la versión de 1916, que se iba a realiza en Berlín (Alemania).
Reaparecieron las justas en Amberes (Bélgica) 1920 y regresaron a la capital francesa en 1924, el mismo año en el que se hicieron los primeros Juegos de Invierno en Chamonix, también en territorio galo. Pasaron 100 años para que volvieran, pues del 26 de julio al 11 de agosto de este 2024 París acogerá la XXXIII edición, que reunirá a cerca de 10.500 deportistas de 206 países, acompañados por no menos de cinco mil personas de apoyo, entre dirigentes, entrenadores, médicos, mecánicos, fisioterapeutas, auxiliares y periodistas.
Los Juegos Olímpicos de Verano son hace décadas el evento más grande y multitudinario del mundo, una industria que mueve miles de millones de dólares en periodos de cuatro años y que ha generado la creación de los Juegos de Invierno y los Juegos de la Juventud, tanto de invierno como de verano, así como innumerables torneos multideportivos continentales.
Para Colombia la primera actuación fue en Los Ángeles 1932, cuando el atleta boyacense Jorge Perry Villate participó en la maratón, aunque apenas corrió 10 de los 42 kilómetros de la competencia. Tiempo después, se creó el Comité Olímpico Colombiano y nuestro país se vinculó oficialmente al movimiento olímpico.
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