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Martín Aldas sabía que el reloj no se iba a detener y que, a diferencia del paso de los minutos, él sí podía ajustar su ritmo. Se encontraba en los últimos kilómetros de la Maratón de Nueva York. Era el séptimo recorrido de 42 kilómetros que hacía en el año, y todos por debajo de las tres horas. Sin embargo, el cronómetro estaba al límite.
El atleta bogotano, quien no es profesional ni de alto rendimiento, tenía la cabeza llena de pensamientos y la presión de todo un año trabajando por un objetivo. Al final, tras 2:58 minutos, completó la hazaña. De esta manera Aldas, de 25 años, se convirtió en la persona más joven en completar los siete “majors” en una misma temporada.
“Creo que como que no me la creía. Uno graba la llegada y ¡wow!, lo logramos. En ese instante ni siquiera como que dimensionaba lo que acababa de hacer. Era una cosa impresionante, años plasmados literalmente en un momento”, comentó Martín en diálogo con El Espectador.
Aldas no solo se adjudicó la medalla de “finisher” en cada una las siete maratones más importantes del planeta (Tokio, Boston, Londres, Sídney, Berlín, Chicago y Nueva York), sino que al completar ese selecto grupo fue merecedor también de las Seis Estrellas.
Nadie tan joven como Aldas, administrador de empresas dedicado a la creación de contenido, lo había conseguido antes. “Fue una oportunidad de hacer historia de una manera diferente, no de una manera tradicional, porque no soy el atleta más rápido ni tampoco busco serlo”.
No es un atleta de élite, de los que no suelen correr más de tres maratones al año por el desgaste que implica competir al más alto rendimiento. Martín no compite por títulos ni medallas olímpicas. Se presenta más como alguien que corre para “inspirar a las personas a que tengan una vida más en movimiento”. Su obsesión no es la cima deportiva, sino demostrar que “alguien normal” puede hacer algo extraordinario si sueña y trabaja por ello.
Ese “atleta común y corriente” empezó a correr cuando era adolescente junto a su papá, quien practica varios deportes. Su padre lo acompañó hasta los 21 kilómetros. “Los 42 ni de chiste”, cuenta Martín entre risas. Las pruebas de fondo más exigentes se convirtieron en su obsesión, y su familia en general siempre estuvo ahí para apoyarlo.
El objetivo de las siete maratones
La idea del 7-1 se construyó como se construyen las locuras serias, con planeación obsesiva. Siete maratones en nueve meses, algunas de ellas separadas apenas por tres semanas, implicaban un reto no solo logístico y financiero, sino también físico.
Encaró el reto con un equipo en el que trabajó cuatro frentes. Con su entrenador Pablo Vallejo (Bet Endurance) realizó la parte técnica, en el club Mitho trabajó fortalecimiento, con Reactive Move la fisioterapia y trabajó la nutrición con Andrés Zapata.
Paralela a la parte física también fue clave la digital. Aldas es creador de contenido y su proyecto en redes sociales se llama @rookierunners_, cuyo target son los atletas aficionados. El alcance logrado le permitió financiar su proyecto.
Se podría decir que aunque no es profesional, sí vive de su deporte. “He conseguido lo que muchos creadores y atletas quisieran, ser independientes. Esto ronda casi los COP 200 millones, tocó venderles el sueño a las marcas y lo hicimos realidad”, destacó el bogotano.
El cuidado físico fue quirúrgico, con el profesionalismo de un atleta de alto rendimiento. Detrás de cada carrera había un meticuloso trabajo enfocado en el control de cargas. Otra de las batallas fue adentro de su cabeza. Tokio, con 2:50, fue una de sus mejores marcas y al mismo tiempo una de las carreras más duras. “Si me hubieras preguntado después de esa carrera si iba a poder correr otras seis maratones, no estaría tan seguro”.
Cada carrera tuvo su reto. Al ser bogotano y entrenar a 2.600 metros de altura, con menos oxígeno, encontró una ventaja, pues cuando uno baja a nivel del mar no siente tanto el esfuerzo y puede fluir más. Sin embargo, el problema aparece cuando cambia el clima. “A nosotros lo que más nos afecta es el calor o la humedad”. En Berlín, por ejemplo, la temperatura alcanzó los 30 grados. “Fue la peor carrera en cómo me sentí. Lo que más me pegó fueron el calor y la humedad”.
El sueño cumplido (7-1)
Nueva York fue el examen final, el más difícil del circuito, pues contaba con una mayor altimetría debido a los puentes y desniveles constantes, sumado al desgaste acumulado en las piernas. “Uno empieza a hacer cálculos mentales, ya empezaba a rozar esas tres horas y tocaba acelerar, pero cualquier mal movimiento podía ser una lesión”.
Ahora el fruto de ese trabajo es la medalla del reto cumplido que hoy tiene en casa. Ocho círculos, siete ciudades y un año entero convertido en objeto. “Esto plasma todo el esfuerzo, demuestra de lo que soy capaz y de lo que cualquier persona que se atreva a soñar puede hacer. Va a ser un recordatorio: si puedo hacer esto, puedo hacer cosas más grandes”.
Hoy, con atención mediática, nuevos retos y proyectos —en 2026 apunta a completar las maratones más importantes de América Latina—, se repite una idea, y es que la competencia es consigo mismo. Su ancla es la gente que ha seguido sus pasos a través de las redes sociales. “Si no fuera por la comunidad que tengo, nada de esto habría sido posible”.
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