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El día en el que Tatiana Rentería se subió al podio olímpico en París 2024, no solo cumplió su sueño, sino también el de su pequeña hija Yeisy: llevarle a casa una medalla. En ese momento, cuando ganó el bronce, en el escenario se escuchaba un coro de aplausos y vítores. “¡Vamos, Colombia! Tatiana Rentería, medallista de bronce, la tercera en la historia de la lucha colombiana”, gritaban los comentaristas. Ella, con su cabello rizado y su tez morena, sonreía mientras veía la medalla que le colgaba del cuello. La vallecaucana de 24 años, una de las mejores en su categoría de 76 kilogramos, logró el tercer lugar de la lucha libre en la capital francesa, con el que escribiría una nueva página en la historia olímpica de Colombia.
Entre las montañas y la planicie del Valle, una niña soñaba con hazañas gigantes. Nació en Buga, Valle del Cauca, pero fue en Buenaventura donde su vida se forjó. Al igual que el lugar que la vio crecer, Tatiana, serena pero tempestuosa, ya se parecía desde que era pequeña al viento de la costa Pacífica: suave, pero con la fuerza suficiente para derribar barreras.
La vida siempre la desafió a ser valiente. Fue la mayor de cinco hermanos, y a los 11 años comenzó a trabajar para sacar adelante a su familia. Empezó en la pesca, luego probó suerte con la recolección de madera. Y fue así, día tras día, como moldeó su vigor y tejió su espíritu. En esos días de trabajo duro, Tatiana, sin saberlo, forjó su carácter. Desde joven comprendió que la vida no era un lujo, sino una batalla constante, una zona de combate en la que no basta con ser el más fuerte. Solo la preparación, la determinación y las ganas de superar cualquier obstáculo pueden convertir a un adversario en algo más pequeño.
Tati, como la llaman quienes la conocen más de cerca, es una mujer de voluntad férrea. Su determinación no solo la impulsa a ella, sino que contagia a quienes la rodean. Dice que, aunque los recuerdos de su niñez son pocos, nunca olvida las enseñanzas de sacrificio, esfuerzo y disciplina: “Crecí en una familia de pescadores y me tocó trabajar desde muy pequeña. Yo digo que eso fue lo que más me ayudó en el deporte: aprender a ser responsable. Pues eso fue lo que me dio la vida y tenía que enfrentarlo en ese momento”.
La perseverancia es su mayor virtud. Es la misma que la ha llevado, paso a paso, a enfrentarse a las adversidades y a superarlas con calma. Como las corrientes de agua del río Cauca que la vieron crecer en las costas de Buenaventura, su convicción es inmensa y profunda.
Su vida, como en la lucha, no fue sencilla de ganar. En su adolescencia, se vio obligada a abandonar su hogar y refugiarse en la Fundación Servicio Juvenil Bosconia. Allí, mientras estudiaba, comenzó a buscar en el deporte un espacio al que pertenecer. Pasó por el fútbol y el levantamiento de pesas, pero fue en la lucha donde encontró ese lugar. “La lucha empezó como un juego y poco a poco fui descubriendo que era buena en el deporte. Ahí la pasión emergió. Me di cuenta que era buena, me gustaba lo que era competir, ganarles a otros era mi pasión”, cuenta Tatiana.
A los 17 años, se enteró de que estaba embarazada de su hija Yeisy y su mundo dio un giro inesperado. En el corregimiento de Cajambre, en Buenaventura, volvió a la pesca, pero ahora con un propósito mayor. Abandonó el deporte de alto rendimiento por un tiempo, pero nunca dejó de soñar. Su niña se convirtió en su motor, su razón de ser. La lucha pasó a ser un sueño compartido: un sueño de dos. Cuando encontró la motivación que necesitaba, volvió a entrenar con fuerza renovada. Impulsada por el amor y los sacrificios de su familia, su hija y su pareja se convirtieron en su mayor fuente de energía. “A veces uno en el deporte y en la vida tiene altos y bajos, tiene caídas y tiene que volverse a levantar. Ahí siento que es importante tener personas a tu lado que te ayuden a levantarte, que te digan ‘Vamos, con ánimo’”, recuerda.
Tatiana es una atleta hiperactiva, enérgica y determinada. Así la define Mario Izquierdo, su entrenador: “Ella es una campeona. Nada le parece imposible. Es inteligente, ella procesa de una manera más mental que otros deportistas, que son más motores”. Como en sus competencias, nunca se ha detenido ante un reto. Sabe que la vida no siempre sigue el camino que uno imagina, pero eso no la detiene; al contrario, la impulsa a seguir acumulando sueños.
Desde hace años, Tatiana empezó a trabajar en lo que sería su medalla en los Juegos Olímpicos de París 2024. Junto con su entrenador, se preparó física y mentalmente, labrando su cupo desde 2023, tras su destacable actuación en el Campeonato Mundial de Lucha Belgrado y la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile. Sin embargo, la vallecaucana desde mucho antes ya era una promesa, pues también fue medallista de oro en los Juegos Mundiales de Playa 2019 y campeona panamericana juvenil ese mismo año.
En su juventud, soñaba con ser arquitecta. Aunque vivía fascinada por las reminiscencias coloniales que adornan las calles del principal puerto del Pacífico colombiano, la vida, siempre impredecible, la condujo al deporte. Esa fue su nueva arquitectura, la construcción de un destino que se cimienta sobre el esfuerzo y la pasión.
Dentro y fuera del área de combate, Tatiana es ejemplo de estabilidad mental. Mario Izquierdo la describe como “la mujer más explosiva del planeta”; en su opinión, “la fuerza máxima de esa mujer es bastante desarrollada, es una deportista que, debido a su historia de vida, desarrolló fuerza innata”. Fueron esas vivencias las que la moldearon, sin que ella lo supiera, para convertirse en la atleta que es hoy. Por eso, Tatiana no olvida sus raíces. Dice que su pasado le da la fuerza para no volver a él.
Es una mujer compleja, de mirada decidida, que no se detiene ante nada. Su mayor sueño, más allá de otra medalla olímpica, es ver triunfar a su hija. Tatiana sabe que todo lo que es se lo debe a ella, y espera, con ansias, verla alcanzar sus propios sueños: “Mi meta es seguir entrenando, conseguir otra medalla en los juegos olímpicos y pues, si Dios me permite, ver triunfar a mi hija en su colegio o en la carrera que ella escoja”.
Tatiana Rentería es una luchadora de estilo libre, una de las mejores del mundo en su categoría de 76 kilogramos. Lo demostró este año, en los Juegos Olímpicos. Aunque sus golpes son fuertes, lo que realmente la define es la firmeza con la que enfrenta cada desafío. En las principales zonas de combate del mundo, Tatiana se destaca no solo por su destreza, sino por el testimonio de coraje que lleva consigo. Una historia que sigue escribiéndose, lucha tras lucha con la mirada fija en un futuro mejor.
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