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Para el arranque de 2026 las mejores noticias no han venido por cuenta del agro. Pese a que el sector se había destacado por su crecimiento y desempeño, el año pasado bajó el ritmo. Y podría desacelerar más debido a los retos que ha tenido que enfrentar el sector, especialmente por cuenta del mal clima.
Lo primero a tener en cuenta es que la cartera venía de un muy buen crecimiento en 2024 (6,13 %), pero no se sostuvo para 2025. Recientemente se conocieron los resultados del Producto Interno Bruto (PIB) de 2025 y, aunque fue mayor al crecimiento de la economía nacional (3,1 % frente a 2,6 %), fue la mitad del aporte del año anterior.
Los datos muestran que la caída responde, en buena parte, al fin de la bonanza cafetera. Pues para el último trimestre y comienzo del año cafetero (en octubre) el cultivo permanente de café se contrajo 22,1 % en el último trimestre y un 2,2 % para el total del año.
En contraste, en 2025 crecieron los renglones de ganadería (8 %), los cultivos agrícolas permanentes y transitorios (2,1 %), la silvicultura y extracción de madera (2,9 %) y la pesca y acuicultura (11,2 %).
Otra alerta para el sector viene por cuenta de la pérdida de hectáreas productivas. El año pasado, el área cultivada presentó una caída de 1,2 % (67.000 hectáreas) frente a 2024, principalmente en frutales, tropicales tradicionales, cereales, raíces y tubérculos, que se compensó con la expansión de la soya, de acuerdo con las Evaluaciones Agropecuarias Municipales (EVA) de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA).
Un 2026 de mal viento
Los datos de 2025 son una muestra de que el sector no ha estado en su mejor momento, aunque tampoco se trataba de una crisis. La preocupación ahora es el impacto que puedan tener las lluvias y afectaciones en las actividades del agro y los ingresos de las personas que se dedican a ello.
Solo entre el 27 de enero y 6 de febrero de 2026 se registraron 65 emergencias en el país, especialmente en los departamentos de Córdoba, Antioquia, La Guajira, Sucre, Bolívar, César, Magdalena y Chocó. Aunque las fuertes lluvias dejaban damnificados desde comienzos de enero.
Esa es la razón por la que el Gobierno decretó el Estado de Emergencia Económica. En el documento que le da vida a la figura se mencionan afectaciones en casi 70.000 familias, 10 fallecidos y daños en 19.798 hectáreas productivas.
Entre los sectores más golpeados estuvo el ganadero. Las cuentas de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) son de 455.391 bovinos o búfalos afectados y 2.452 fallecidos en 178.862 hectáreas, cifra todavía mayor a la referenciada por el Gobierno.
Respecto a los cultivos, solo en cereales y leguminosas se perjudicaron 14.903 hectáreas, de acuerdo con la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce).
Los cultivos más afectados han sido el maíz y el fríjol, especialmente aquellos que se encontraban en etapas de cosecha o secamiento de grano en campo. “En el caso del fríjol, se reportan afectaciones tanto en volumen como en calidad, mientras que en el maíz los principales impactos se relacionan con retrasos en la cosecha y mayores problemas de humedad del grano”, explicó Arnulfo Trujillo, gerente general de Fenalce.
El caso del café
De entrada, se sabía que el 2026 no iba a ser el mejor año para los cafeteros. El cultivo tiene ciclos bianuales en el que se da un año de muy buen desempeño, 2025, y en el siguiente la planta se recupera de dicho esfuerzo y la productividad cae.
Pero a eso se le suma que al café no le van bien las lluvias porque daña los procesos de floración que son necesarios para el desarrollo del grano. Esto impacta directamente el volumen productivo nacional.
Por eso, la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) estableció que, en el acumulado del ciclo cafetero, la producción se estimaría en alrededor de 12,8 millones de sacos, lo que limitará la disponibilidad exportable en los próximos meses.
Pese a los recientes hechos climáticos, la FNC mantiene su proyección. Para el primer semestre de 2026 la producción cafetera se ubicaría en 6,2 millones de sacos, según estimaciones técnicas de Cenicafé basadas en el monitoreo permanente de 2.150 fincas cafeteras, confirmando un escenario de menor oferta y de exportaciones más limitadas. En este contexto es previsible un año de cifras negativas para el café.
El impacto de las lluvias
Lo ocurrido con la emergencia invernal se asocia con la consolidación del Fenómeno de La Niña, que ha generado un aumento significativo de las precipitaciones y la saturación de suelos en regiones clave para la producción de alimentos, de acuerdo con Carlos Duarte, miembro del Instituto de Estudios Interculturales (IEI) de la U. Javeriana de Cali.
Se trata de “un choque negativo que ocurre justo cuando el sector intentaba consolidar su crecimiento, que podría claramente poner en riesgo la inflación alimentaria global y la seguridad alimentaria de regiones enteras como las de las sabanas inundables caribeñas”, añadió el académico.
Aunque es muy pronto para medir el impacto, despierta preocupación la pérdida de hectáreas para los cultivos. Además, cada vez que las lluvias aumentan, el sector se enfrenta a sobrecostos en el transporte y hasta pérdidas debido a los derrumbes y daños en por lo menos 111 vías y 39 puentes vehiculares, según dice el decreto de la emergencia.
Otro punto para considerar es el impacto en el aporte al crecimiento económico por parte del agro. Jaime Alberto Rendón, director del Centro de Estudios e Investigaciones Rurales de la Universidad de La Salle, estima que puede ser moderada, especialmente si el fenómeno pasa rápido.
Aunque también reconoce que hay oportunidades con el cacao que viene creciendo de manera importante, así como las exportaciones y dinamismo de las carnes.
Finalmente, Duarte destaca que el agro colombiano enfrenta desafíos sistémicos en otros frentes que las lluvias han exacerbado:
- Baja tecnificación en granos básicos como cultivos como el maíz, el arroz y la soya.
- Informalidad y falta de escala, pues una gran parte de la producción de alimentos (frutas, verduras, lácteos) proviene de pequeños productores sin acceso a seguros agrícolas, crédito ni tecnología de riego.
- Los altos costos de fertilizantes, combustibles y el deficiente estado de la red vial terciaria (ahora peor por las inundaciones) encarecen la producción nacional.
Son amplios los retos que debe atender el sector y se trata de actividades esenciales para la economía y la alimentación de los colombianos, que son las más vulnerables ante condiciones climáticas adversas. Por eso requiere de mayores esfuerzos de mitigación y prevención del riesgo.
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