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Este lunes, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) dio a conocer que la inflación anual en mayo de 2025 (es decir, al compararse con el mismo mes del año anterior) alcanzó 5,05 %.
Estos datos implican que hubo una leve baja frente a la cifra de abril de este año, cuando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se ubicó en 5,16 %. A su vez, representan un descenso más serio frente a los resultados de mayo de 2024, cuando el IPC llegó a 7,16 %.
En términos mensuales, el IPC varió 0,32 % de abril a mayo del año en curso, por encima del 0,43 % que se registraba en el mismo periodo hace un año.
Los resultados del IPC para mayo estuvieron en línea con las expectativas de analistas que, por ejemplo, proyectaban una inflación anual de 5,1 % en la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo y que lo situaban entre 0,3 % y 0,4 % para la variación mensual en la encuesta de analistas que realiza el Banco de la República.
De fondo, la información del DANE permite respirar con algo más de tranquilidad, luego de que las cifras de abril sorprendieran con un repunte en la inflación, comandado especialmente por dos categorías preocupantes: los arriendos y los alimentos.
La inflación de alimentos es, por lo general, una mala noticia por derecho propio, pues le pega a los bolsillos de todos los consumidores, pero lo hace con especial fuerza en los de las personas que se encuentran en los renglones de pobreza o de vulnerabilidad.
Además de esto, es un dato que mira muy de cerca el Banco de la República a la hora de tomar decisiones sobre sus tasas de interés, pero de esto hablaremos en un momento.
Para este punto, la inflación anual registra un resultado que no se veía desde octubre de 2021, de acuerdo con Andrea Ramírez Pisco, subdirectora del DANE y quien presentó los datos este lunes.
Tanto en la mirada mensual (es decir, en comparación con abril de este año), como en la anual, el renglón que presentó mayor contribución en ambos resultados fue el de alojamiento, agua, electricidad y gas.
Pero, a diferencia de otras oportunidades, hubo comportamientos disimiles en este grupo de gastos. Por ejemplo, los arriendos siguieron comandando los incrementos de este segmento, con variaciones mensuales y anuales de 0,59 % y 6,26 % respectivamente.
Mientras tanto, la electricidad registró variaciones negativas bajo ambas miradas (la mensual y la anual), de -0,94 % y -1,81 %, respectivamente. En el comportamiento anual vale la pena destacar que la contracción es la mayor registrada desde 2019, cuando menos. Pero al mismo tiempo, es importante recordar que este servicio registró en 2024 algunos de los picos más duros en inflación desde la prepandemia.
Un dato preocupante en este renglón es la variación anual del gas, que para mayo rondó el 20 %, frente a los resultados de hace un año. Esto se da en medio de mayores importaciones de este combustible para cubrir la demanda nacional.
Desde una mirada macro, la variación a la baja en el IPC se debe, especialmente, a la disminución en las contribuciones mensuales del grupo de alojamiento y servicios públicos, así como de los alimentos. Por ejemplo, mientras en abril de este año, la comida llegó a crecer 1,10 %, para mayo este número se redujo casi a la mitad, 0,6 %.
Lo que esto datos implican para las tasas de interés
El comportamiento de los precios es uno de los principales indicadores para evaluar el estado de una economía, ya que un aumento excesivo de la inflación afecta negativamente el poder adquisitivo de los hogares, mientras que una disminución marcada puede obstaculizar el crecimiento de negocios y empresas, dicho en términos simples.
Desde la perspectiva del consumo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) constituye uno de los pilares fundamentales del desarrollo económico de un país. Por esta razón, una de las tareas esenciales —y en muchos casos la más importante— de los bancos centrales en el mundo es mantener este indicador dentro de un rango considerado saludable para el equilibrio económico general.
En el caso de Colombia, el Banco de la República ha establecido una meta de inflación del 3 %, un nivel que espera recuperar hacia finales del año 2026. Esto, luego del fuerte repunte inflacionario registrado tras la pandemia, que llevó al IPC a alcanzar un pico del 13,24 % en marzo de 2023.
En su decisión más reciente, el Banco optó por reducir las tasas de interés en 25 puntos básicos, situándolas en 9,25 %, una determinación tomada de forma unánime.
Esta reunión dejó varias sorpresas: la primera, que se aprobara una nueva baja en las tasas, a pesar de que el mercado anticipaba que permanecerían sin cambios; la segunda, que hubiera total acuerdo entre los miembros de la junta, algo poco común en los últimos encuentros, donde las decisiones habían estado marcadas por profundas divisiones internas.
Los datos de mayo ciertamente vuelven a abrirle a la junta directiva del banco central margen de maniobra para bajar las tasas, al menos desde el frente de inflación. Esto especialmente por la presión que se liberó en el rubro de alimentos, que sorprendió al alza en abril, pero que corrigió el rumbo en la medición de mayo.
La nuez del asunto acá será si el conjunto de datos de abril y mayo en el IPC, además del panorama fiscal del país (que se antoja oscuro por cuenta del déficit fiscal), son suficientes para convencer a la junta de efectuar un nuevo recorte o si, por el contrario, mantendrá una postura de cautela y dejará el indicador en 9,25 %.
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