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El pasado 14 de mayo marcó un punto de inflexión en las relaciones entre China y Colombia, con la firma del plan de cooperación bilateral que selló la entrada del país a la iniciativa de la Franja y la Ruta, conocida popularmente como la nueva Ruta de la Seda.
Desde entonces, el tema no ha dejado de generar especulaciones. No es para menos: hasta ahora no se conoce una versión oficial del documento —por acuerdo entre ambos gobiernos, como pudo establecer este diario—, lo que ha dado pie a toda clase de conjeturas sobre el verdadero alcance de esta alianza estratégica.
Para arrojar luz sobre lo firmado, el embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang, convocó esta semana a una rueda de prensa en la que detalló las áreas de cooperación que se trabajarán con Colombia de aquí en adelante.
El diplomático calificó la entrada de Colombia a la Franja y la Ruta como “la decisión más audaz” de su política exterior y precisó que lo firmado no es un memorando de entendimiento, sino un plan de cooperación flexible.
Según indicó, se optó por llamarlo así porque el gobierno colombiano consideró que un memorando de entendimiento era algo genérico, mientras que el plan permite especificar áreas y formalidades de cooperación, y deja la puerta abierta para incluir nuevas.
La Franja y la Ruta no es un único plato
En su encuentro con la prensa, el embajador insistió en que la entrada de Colombia a la Franja y la Ruta es el resultado de una negociación de varios años. Según Zhu, el borrador del plan de cooperación ya estaba sobre la mesa desde tiempos del gobierno de Iván Duque, y la administración Petro solo decidió seguir sopesando, revisando y, finalmente, firmarlo.
Cabe recordar que la Franja y la Ruta es una plataforma impulsada por China que, desde 2013, se propone fortalecer la conectividad física y promover el desarrollo económico de sus miembros.
Con más de 150 países y 30 organizaciones internacionales en su haber, esta plataforma opera bajo el principio de que cada quien elige lo que le conviene.
“(La Franja y la Ruta) Es como un buffet abierto, y quien participa lo hace según su interés, su necesidad, su capacidad”, explicó Zhu.
De ahí que el plan de cooperación firmado con Colombia es más un acuerdo de voluntades para explorar oportunidades a futuro (a tres, cinco o hasta 10 años, de acuerdo al embajador) que un contrato.
Qué hay en el menú para Colombia
Dentro de los proyectos más ambiciosos que podrían hacer parte de esta cooperación, el embajador mencionó algunos como plantas de ensamblaje de vehículos eléctricos, megapuertos, centrales hidroeléctricas, ciudades inteligentes, redes de telecomunicaciones 5G, granjas solares, y otros proyectos que ya han avanzado en algunos países, especialmente, en el llamado Sur Global.
Sin embargo, hay otras iniciativas que forman parte de un grupo más urgente -y, sobre todo, más realista- que se conversó entre los gobiernos de Gustavo Petro y Xi Jinping.
Entre ellos, proyectos para modernizar la infraestructura ferroviaria y portuaria, mejorar la logística en el corredor del río Magdalena, acelerar el desarrollo del Metro de Bogotá y potenciar la capacidad agroindustrial del país.
Respecto a esto último, en palabras de Zhu se trata de aprovechar la tecnología y el capital chinos para aumentar el valor agregado de las exportaciones colombianas y generar empleo.
En el frente comercial, China se comprometió a abrir más su mercado a productos agrícolas como el aguacate, el café, el limón tahití y el plátano.
Y es que el crecimiento del comercio bilateral respalda estos esfuerzos. En los primeros cuatro meses de 2025, el comercio bilateral sumó US$6.700 millones, lo que representa un aumento del 8,5 % frente al mismo periodo del año anterior. Zhu afirmó que China ya es el mayor mercado para la carne de res colombiana y el segundo para el café.
Financiamiento, el plato fuerte
Más allá del menú de proyectos, la Franja y la Ruta también abre nuevas opciones de financiamiento para Colombia.
Durante la rueda de prensa, Zhu mencionó los llamados bonos panda, instrumentos financieros emitidos por entidades extranjeras en el mercado chino y denominados en yuanes. El embajador manifestó que estos bonos no sólo buscan ofrecer alternativas de liquidez, sino también internacionalizar la moneda china, reduciendo la excesiva dependencia del dólar que ha otorgado a Estados Unidos un “monopolio de facto” sobre el comercio y la inversión internacionales.
“La economía de Estados Unidos tiene un peso mucho menor al que representa su moneda, que sigue siendo dominante. Con el tiempo, esta disparidad se irá corrigiendo y los bonos panda son parte de ese proceso”, dijo el embajador, quien agregó que Colombia también podría explorar financiamiento con el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura y el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS.
De hecho, durante la visita del gabinete de Gustavo Petro a China, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, sostuvo reuniones con estas instituciones.
Así mismo, el embajador se refirió a las advertencias sobre una supuesta “trampa de la deuda” asociada a proyectos financiados por China.
En palabras del embajador, esta narrativa no se sostiene en el caso de Colombia, donde “la abrumadora mayoría de la deuda” proviene de instituciones financieras multilaterales controladas por Estados Unidos.
A su juicio, el verdadero riesgo no está en abrir nuevas fuentes de financiamiento, sino en depender de un único actor que, además, ya ha expresado su intención de restringir los desembolsos si se avanza en proyectos con participación china.
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Por un lado, una eventual llegada de más capitales chinos marca un intento por diversificar las fuentes de financiamiento; al mismo tiempo, esta posibilidad viene acompañada de advertencias por parte de Estados Unidos, que aunque atraviesa una tregua comercial con China, observa con recelo la expansión de la influencia del gigante asiático en América Latina.
Mediante una publicación en redes sociales, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental (dependencia del gobierno de EE. UU.) aseguró que se opondrá “enérgicamente” a proyectos recientes y próximos desembolsos del BID y otras instituciones financieras internacionales que puedan beneficiar a empresas chinas en Colombia y otros países asociados a la iniciativa.
Lo cierto es que, desde al menos 1960, instituciones como el BID, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han tenido un papel clave en el desarrollo económico de Colombia. Además, las tres tienen a Estados Unidos como principal socio. Solo el BID contabiliza actualmente más de 200 proyectos activos en el país.
La inversión extranjera directa de Estados Unidos representa más del 20 % del total que recibe Colombia, frente a un modesto 1 % desde China. En 2024, el capital chino comprometido fue de US$150 millones, como lo indican datos del Banco de la República, mientras que el de EE. UU. superó los US$5.500 millones.
Al respecto, el diplomático explicó que la baja inversión china en Colombia no se debe a falta de interés, sino a que las empresas chinas suelen ser cautelosas y priorizan invertir en países que ofrezcan un entorno más estable y amistoso hacia China. Algo que podría cambiar con la entrada a la Franja y la Ruta.
A juicio de Zhu, esta diferencia entre la inversión estadounidense y la china en Colombia refleja el enorme potencial que existe para los capitales del gigante asiático.
Un delicado equilibrismo
El embajador insistió en que, si Estados Unidos decide cortar su apoyo a proyectos en Colombia en los que participen empresas chinas, “no sería sólo una pérdida para Colombia, sino también para las propias multilaterales. Ningún banco puede dejar de prestar dinero si quiere seguir funcionando”.
Además, aseguró que China está en capacidad de respaldar esos proyectos (como el Metro de Bogotá, que cuenta con recursos del BID), incluso si Washington concreta sus advertencias. Esta capacidad de financiamiento, de acuerdo con el embajador, no es exclusiva del gigante asiático, sino que incluye a otros países aliados, como los miembros del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS.
Por ahora, los proyectos que puedan emerger de la Franja y la Ruta están por verse. Todo dependerá del uso que este Gobierno, y los que vengan, le den a esta herramienta. Cualquier camino exigirá un delicado juego de equilibrios, entre la necesidad de diversificar alianzas y el riesgo de quedar atrapados en las presiones geopolíticas.
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