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La toma de posesión de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos llega en medio de una serie de preocupaciones comerciales y económicas, un escenario en el que palabras como “proteccionismo” y “aranceles” circulan a la par de términos como MAGA (la contracción del popular eslogan de campaña del entrante mandatario).
Esta es una conversación llena de matices, con botones de pánico para algunos territorios, oportunidades para otros y un buen trecho de business as usual para otros tantos.
En términos gepolíticos, Latinoamérica “está por fuera del radar” en lo que se refiere a Trump, con la notable excepción del tema migratorio, argumenta Andrés Giraldo, director del departamento de Economía de la U. Javeriana. Y esto tiene tanto de ancho, como de largo, quizá. En parte, es un asunto negativo, pues Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Colombia, pero, a la vez, nos aleja un poco de la parte más crítica de los planes arancelarios de Trump.
El campo minado de los aranceles
Para este punto bien vale aclarar cuáles son las intenciones arancelarias del entrante mandatario.
En resumidas cuentas, se trata de imponer aranceles extra a los productos chinos (hasta por 60 %) y a mercancías del resto del mundo hasta por 20 %. Hay dos políticas diferenciales, si se quiere, que aplicarían para México y Canadá, dos de los socios comerciales más cercanos de EE.UU. y con quienes posee un tratado de libre comercio de amplio espectro. Para estos dos países, las tarifas de importación adicionales podrían llegar a 25 %.
La aplicación de esta medida tendría amplias consecuencias para los flujos comerciales de un mundo que, progresivamente, se ha ido integrando logística y económicamente: un producto complejo (un teléfono inteligente, por ejemplo) depende de una serie de materiales, procesos y servicios que en muchos casos atraviesan geografías, aduanas y regulaciones.
Las palabras “arancel” y “proteccionismo” se evitan en este escenario como si fueran la peste porque, a la larga, tienen un impacto directo en el precio al consumidor final, así como en la inflación de varios territorios (entre otra multitud de factores, como el PIB de países con vocación exportadora).
El mundo según Trump echa por la borda esta suerte de consenso internacional alrededor de las ventajas del comercio libre, como lo hace con otra larga lista de elementos.
El tema de los aranceles y las restricciones al comercio internacional es clave para Trump, pues son la herramienta mediante la cual intentaría controlar los costos de los alimentos a nivel local y, a la vez, obligar a que más cosas sean producidas en EE. UU., lo cual le pega a su agenda de incentivar la producción y el empleo local.
Sin embargo, varios análisis, incluyendo un documento de Goldman Sachs, han concluido que un cierto desmadre en los aranceles terminaría por encarecer bienes y servicios en general, lo que a su vez generaría una baja en consumo, una subida en inflación y terminaría por pegarle al mercado laboral y al crecimiento de la economía en general. De hecho, el informe de Goldman Sachs concluye que el crecimiento económico podría verse lastrado si se aplica la visión más extrema de la agenda proteccionista de Trump.
La relación comercial de Colombia y Estados Unidos
Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones colombianas. En los últimos 10 años, este país ha tenido una participación en las ventas internacionales de Colombia que no ha bajado de 25 % año a año, llegando a un pico de 32 % en 2016 y a su punto más bajo en 2018, con 25,47 %, según datos del Ministerio de Comercio.
Para hacerse una idea, entre enero y noviembre de 2024 (el dato más reciente), el 29,1 % de las exportaciones del país tuvieron como destino a EE. UU. El siguiente destino en el escalafón fue Panamá, con 8,6 %, según datos del DANE.
De acuerdo con la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), estas cifras representan un crecimiento anual (o sea, frente al periodo enero-noviembre de 2023) de 7,6 %, llegando a totalizar más de US$13.000 millones.
Según las cifras de Analdex, la mayor parte de las ventas internacionales en octubre fueron productos minero-energéticos, como sucede con el panorama general de las exportaciones de Colombia al mundo en general (52,2 %, US$6.834 millones.
En importaciones, el panorama es similar y, a la vez, diferente: Estados Unidos sigue siendo el principal destino de las compras internacionales de Colombia, con 25,5 % entre enero y octubre de 2024. Pero, según el DANE, en la lista le sigue China muy de cerca, con 24,5 %.
Las importaciones desde EE. UU. representan un aumento de 2 % frente al mismo periodo de 2023, llegando a totalizar US$13.403 millones.
En la última década, las compras a EE. UU. han rondado el 25 % de participación de todas las importaciones que hace Colombia anualmente, según la información del Ministerio de Comercio, el punto más bajo en este aspecto se registró en 2020 (año con el peor impacto de la pandemia), con 24,07 % y el más alto se dio en 2015 (28,65 %).
La relación comercial, claro, excede el ámbito de las compras y las ventas internacionales y se extiende a terrenos como turismo e inversión, entre otros asuntos.
“Cuando miramos el turismo, 29 % de los turistas que llegan al país vienen de EE. UU. En inversión estamos hablando de 42 % proveniente de ese país. En cooperación son unos US$740 millones. Y cuando vemos remesas, la participación que viene de EE. UU. supera* 50 %. Entonces, efectivamente, es una relación que para Colombia es prioritaria, vital”, dijo a este diario en una charla reciente María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana (Amcham).
¿Oportunidades en una guerra comercial?
Hay dos formas de tratar de encontrarle la comba al palo, como se dice popularmente, a un escenario que pareciera más en el terreno de lo inminente que de lo probable: con el viento de los aranceles a favor o en contra.
En el primer escenario, la jugada involucra a México y unos asuntos llamados near y friendshoring (producir más cerca de un mercado o desde un lugar más afín a este).
Ambos son movimientos que podrían impulsar el comercio internacional en Colombia, así como ser un motor de crecimiento. Esto, al menos teóricamente. En la práctica es más complicado. Al final de cuentas, no son asuntos nuevos y su materialización no es cuestión de un par de días, pues requiere inversiones, logística y alianzas entre negocios, entre otros asuntos vitales.
Pero puede haber una grieta de oportunidad, pues la base preferida para este movimiento, México, podría estar llegando a su capacidad en términos políticos, si se quiere. Hay cálculos que señalan que 85 % de la inversión en nearshoring que ha recibido México en años recientes es de China. “Eso ya genera un llamado de atención por parte del Congreso de EE. UU. Esto abre oportunidades importantes para Colombia. Por eso hablamos de que debemos ser un actor principal. Y tenemos todas las oportunidades para serlo”, dice Lacouture.
México sabe que es un punto frágil en su posicionamiento comercial y ha comenzado a tratar de diversificar su portafolio de proveedores en renglones como la fabricación de automóviles, por ejemplo, así como ir metiendo en cintura el enorme mercado de mercancías chinas que se consiguen en prácticamente cualquier calle del país.
Por el lado mexicano de la ecuación hay dos posibles escenarios: entrar a ser el proveedor diversificado que los negocios y autoridades de ese país comienzan a buscar o, por otra parte, establecerse como una segunda cabeza de playa en el movimiento hacia la fabricación más cercana de Estados Unidos de todo tipo de bienes.
“El socio comercial que debería estar haciendo esa relocalización y dándole una mayor confianza geopolítica a Estados Unidos debería ser Latinoamérica. Y Colombia ahí entra como el principal aliado. Entonces, definitivamente, depende de nosotros subirle el volumen a la relación, con propuestas, con acciones”, dijo en su momento Lacouture.
Según este gremio, hay oportunidades de competirle a China, de cara al mercado estadounidense, en unos 108 productos, que se reparten entre renglones como manufacturas, agrícolas y servicios.
Si se navega contra el viento de los aranceles, por decirlo de una forma, el escenario es mirar hacia China, como lo dice Analdex. “Los nuevos aranceles podrían generar un encarecimiento de productos básicos en Estados Unidos, incluyendo alimentos, automóviles y dispositivos electrónicos, impactando directamente a los consumidores estadounidenses. Además, estas medidas amenazan con tensar las relaciones comerciales y diplomáticas entre Estados Unidos y sus principales socios comerciales. China, en respuesta, ha manifestado su intención de diversificar sus fuentes de importación para reducir su dependencia de Estados Unidos”, según palabras de Javier Díaz, presidente de la Asociación.
En medio del fuego cruzado de lo que puede ser una segunda etapa de guerra comercial entre EE. UU. y China, el gigante asiático también busca diversificar su oferta de compras internacionales en regiones como Asia, África y también Latinoamérica (clave en temas agrícolas, por ejemplo).
Al final de cuentas, la nueva era de Trump en el poder promete ser un período que bien podría redefinir el panorama comercial para muchos actores del mercado. De cierta forma, Colombia tiene una parte de ese balón en su cancha para saber aprovechar las ventajas y los retos que emergerán una vez la nueva administración de EE. UU. comience a implementar sus políticas en forma.
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