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El Banco de la República sorprendió a prácticamente nadie este viernes al dejar sus tasas de interés sin alteraciones, por cuarta reunión consecutiva. De hecho, en el año, la entidad sólo ha efectuado un recorte, en abril.
El movimiento de la junta estuvo en línea con las expectativas de mercado. Por ejemplo, la mayoría de analistas consultados en la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo esperaban, justamente, que el Banco mantuviera el freno en el descenso en las tasas.
Como en otras ocasiones, la votación fue dividida: cuatro codirectores votaron por mantener las tasas, mientras que dos lo hicieron por un recorte de 50 puntos básicos y uno más por uno de 25. El resultado de las deliberaciones fue exactamente igual al de septiembre y julio.
Esto, de entrada, vuelve a mostrar que las posiciones no han cambiado respecto al análisis que la junta hace de la economía en general y de la inflación en particular. Aunque sí ha habido modificaciones, pues en otras ocasiones, los votos minoritarios se han alineado con recortes más extensos (75 y 50 puntos básicos, respectivamente).
En otras palabras, nada ha cambiado, aunque sí se han modificado las posturas.
Y de fondo esto tiene que ver con la bocanada de aire que la junta parece mantener adentro por cuenta del comportamiento del Índice de Precios al Consumidor.
El palo en la rueda de la inflación
Las tasas de interés guardan una estrecha relación con la inflación de un país. Buena parte de la labor del Banco de la República es mantener el crecimiento de los precios dentro de un margen que considera saludable. En Colombia, esa cifra se ubica en 3 % actualmente.
Para septiembre de este año, el dato más reciente, la inflación anual llegó a 5,18 %, según las cifras del DANE.
Esta cifra implica que hubo un leve repunte frente a la cifra de agosto cuando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se ubicó en 5,1 %.
Y si bien no es una subida ampliamente significativa, es un alza para momentos en los que el indicador debería seguir doblando la espalda. Y pues no.
Para Carlos Betancourt, viceministro General de Hacienda (y quien por estos días es ministro encargado de esa cartera), “la inflación sí ha tenido una reducción desde 2023 y respecto al retorno a los puntos de convergencia somos más optimistas. Este último dato (IPC de septiembre) tiene que ver con el incremento de alimentos y regulados, pero la inflación básica está estable, incluso bajando”.
Para el viceministro, los datos de septiembre mostraron “un choque de oferta, no por el lado de la demanda”. En ese contexto, argumentó el funcionario, las decisiones del Banco no están contribuyendo a la meta de 3 %.
Sin embargo, en el comunicado del Banco se lee que “la decisión adoptada por la mayoría de los miembros de la Junta Directiva mantiene una postura cautelosa de la política monetaria que reconoce los riesgos identificados sobre la convergencia de la inflación a la meta. Los futuros movimientos de la tasa de interés responderán a la evolución de la inflación y sus expectativas, la dinámica de la actividad económica, y el balance de riesgos internos y externos”.
En este punto de la historia, Leonardo Villar, gerente del Banco, espera que la meta de 3 % se alcance para 2027, pero que la senda de convergencia comience a darse en 2026. Esta proyección viene con un asterisco grande: la negociación del salario mínimo.
En justicia, el comportamiento futuro de la inflación tiene una cantidad nada despreciable de bemoles y factores: desde el clima, pasando por el ánimo de política comercial con el que se levante Donald Trump cada mañana hasta, claro, el umbral de aumento del mínimo.
“Nadie tiene dudas de los beneficios que puede tener un ajuste del salario mínimo que permita recuperar las ganancias que pertenecen a los trabajadores. La discusión es la magnitud del aumento. Se deben buscar puntos de equilibrio que permitan tener resultados satisfactorios para el conjunto de la sociedad”, dijo Villar durante la rueda de prensa posterior a la junta de este viernes, cuando le preguntaron cuál debería ser un umbral sano para el aumento del mínimo.
Esta es una discusión que, típicamente, se comienza a calentar por estos días. Pero que en un año preelectoral viene haciéndolo, de cierta forma, desde agosto, cuando el presidente Gustavo Petro dijo abiertamente que buscaría un aumento alto.
La intención del Gobierno (que tiene la potestad de declarar el aumento por decreto) ha despertado ciertas alarmas, y algo de malestar, pues pareciera dejar sin piso la negociación entre sindicatos y empresarios. Uno de los usuarios conectados a la transmisión de la rueda de prensa del Banrep lo definió de esta forma: negociación por decreto.
Y si bien la inflación en 2025 ha estado por debajo de los niveles de 2024, su senda de descenso se ha ralentizado notablemente, registrando bajas por debajo de 5 % tan sólo en dos meses (junio y julio). Este resultado, que no es catastrófico en todo caso, es atribuido por algunos a las anclas que representó el aumento del mínimo para este año: 9,5 %, con una inflación anual de 5,2 %.
¿Qué implica todo esto para el futuro de las tasas? Con sólo una reunión más en el calendario (diciembre), la conclusión adelantada es que 2025 cerrará con 9,25 %, de acuerdo con César Pabón, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.
Desde BBVA Research aseguran que “mantenemos nuestra postura de estabilidad de tasas en lo que resta del año y en buena parte de 2026″.
Esta conclusión también se ve reflejada en la mayoría de analistas consultados en la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo.
Por lo demás, el Banco proyecta un crecimiento económico de 2,6 % para 2025 y un crecimiento de 2,9 % para 2026. “En ese sentido se ve una economía que ha recuperado un dinamismo importante, donde la mayor parte de los sectores, con excepción del minero y la construcción, están creciendo”, concluyó el gerente Villar.
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