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Por quinta vez consecutiva, el Banco de la República decidió mantener su tasa de intervención en 9,25 %, en una votación que volvió a mostrar a la Junta Directiva dividida: cuatro codirectores respaldaron la pausa, mientras que dos votaron por un recorte de 50 puntos básicos y uno por una reducción de 25.
La división refleja que dentro del banco central coexisten lecturas distintas sobre el momento de la política monetaria.
Aunque la mayoría optó por mantener las tasas sin cambios, una parte de la Junta considera que ya hay espacio para empezar a reducirlas, aun cuando sea de manera gradual.
Durante la rueda de prensa en la que el Emisor anunció su decisión, el gerente del Banrep, Leonardo Villar, advirtió que, tras una fuerte reducción en años recientes, “el proceso de desaceleración de la inflación se trancó desde finales de 2024”. Ese freno, explicó Villar, ha obligado al banco central a mantener una postura cautelosa, pese a la impaciencia de distintos frentes, incluido el Gobierno, que ha insistido en la necesidad de tasas más bajas.
Con esta decisión, el Banco de la República cierra 2025 con una tasa de intervención que apenas se movió una vez en todo el año y en medio de un diagnóstico económico que explica buena parte de esa cautela del Emisor.
Inflación que, pese a algunos alivios puntuales, sigue por encima de la meta y apunta a terminar el año en niveles similares (o, posiblemente, con una cifra ligeramente superior) a los de 2024; un consumo que continúa mostrando fortaleza; una economía que crece por encima de lo previsto y un frente fiscal que añade incertidumbre a las proyecciones.
De cara a 2026, la discusión se centra más en qué tendría que cambiar para que el banco central considere retomar la senda de tasas más bajas.
Inflación, el principal freno
El mayor condicionante para que el Banco de la República retome los recortes de tasas sigue siendo la inflación, no tanto por un dato puntual, sino por la dificultad para consolidar una senda clara y sostenida de descenso.
En noviembre de 2025, la inflación se ubicó en 5,3 % frente al mismo mes de 2024, un resultado por debajo de lo esperado por el mercado y con una variación mensual moderada (es decir, en comparación con octubre de 2025), pues el indicador se expandió apenas 0,07 %.
Este resultado trajo algo de alivio sobre el ritmo de los precios al consumidor, pero no despejó del todo el panorama.
Y es que, si bien la inflación en 2025 ha estado por debajo de los niveles de 2024, su senda de descenso se ha ralentizado notablemente, estando por debajo del 5 % sólo durante dos meses (junio y julio).
Desde la Junta Directiva del Emisor, la lectura es que el proceso de desinflación perdió fuerza. Aunque algunos componentes, como alimentos, ayudaron a moderar el dato de noviembre, en la comparación anual los precios siguen por encima del cierre de 2024 y la trayectoria reciente del Índice de Precios al Consumidor (IPC) muestra una estabilización en un rango que aún está lejos de la meta del 3 %.
Ese comportamiento explica, una vez más, por qué la mayoría de los codirectores optó por mantener la tasa sin cambios, pese a los alivios parciales observados en algunos meses.
A este panorama se suma un factor clave para cualquier banco central: las expectativas, lo que viene hacia adelante.
Tras su decisión de política monetaria del 19 de diciembre, el Banco de la República advirtió que las expectativas de inflación a uno y dos años aumentaron.
Más precisamente, el Banrep estima que en 2026 la inflación empezaría a descender con mayor claridad, aunque cerraría ese año todavía por encima de la meta del 3 %. El objetivo, según el Emisor, es que los precios converjan a ese nivel en 2027. Mientras ese proceso no gane tracción, la política monetaria seguirá orientada a mantener una postura restrictiva.
Analistas coinciden en que el comportamiento reciente del IPC todavía exige cautela en las tasas.
Jackeline Piraján, economista principal de DAVIbank, advirtió que “hay una vigilancia importante sobre la dinámica de inflación, pues en los últimos meses hemos tenido señales erráticas: en octubre vimos un rebote, en noviembre vimos un decrecimiento”.
En esa misma línea, Piraján explicó que la discusión hacia adelante se dio en un ambiente de alta expectativa en el mercado.
“Desde mediados de octubre se ha venido formando una expectativa por la posibilidad de que el Banco Central pueda subir sus tasas de interés hacia futuro”, señaló Piraján, y añadió que en esta ocasión el foco estuvo en ver qué pistas podía entregar el Emisor sobre “qué factores podrían detonar una subida de tasas hacia futuro”.
Sin embargo, el mensaje que, según la lectura de la economista de DAVIbank, terminó imponiéndose fue el de prudencia.
“El gerente Villar durante toda su exposición enfatizó en que la junta va a permanecer bastante observante de cómo evoluciona la inflación, cómo reacciona a los choques que se nos pueden venir, particularmente del salario mínimo, de ajustes de precios que tenemos al inicio de año, de choques en otros frentes, como pueden ser alimentos regulados, entre otros aspectos, antes de decidir mover las tasas de intervención”, acotó Piraján.
En una línea similar, Juana Téllez, economista jefe de BBVA Research, ha señalado que, aunque la inflación bajó en noviembre, “sigue muy por encima de la meta” y apunta a cerrar 2025 cerca de los niveles observados a finales de 2024 (5,2 %).
Esa persistencia, según el análisis de la economista de BBVA Research, reduce el margen para relajar la política monetaria en el corto plazo.
Al mantener las tasas de interés en niveles elevados, el Banco de la República busca encarecer el crédito, moderar el consumo y enfriar gradualmente la demanda, de manera que las presiones sobre los precios se vayan disipando.
La lógica del banco central es evitar que una baja prematura de las tasas reactive el consumo y la demanda cuando la inflación aún no está controlada. Por eso, mientras no haya señales más claras de que los precios están bajando de forma sostenida, la inflación sigue siendo hoy el principal obstáculo para que el Banrep retome los recortes de tasas.
El pulso de la economía colombiana
El segundo factor que explica la cautela del Banco de la República es que la economía, lejos de mostrar señales de debilidad, sigue creciendo a un ritmo mayor al previsto.
En el tercer trimestre, el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó 3,4 % anual, por encima de las proyecciones del mercado, en un desempeño impulsado principalmente por la demanda interna.
Dentro de ese balance, el consumo ha sido el principal motor. Según las cifras del Banco de la República, el consumo total creció 5,6 % anual, una dinámica que confirma que hogares y empresas siguen gastando con fuerza, pese al nivel elevado de las tasas de interés actuales.
Además, el Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) aumentó 2,9 % anual en octubre, por debajo del 3,9 % registrado en septiembre, en un desempeño impulsado principalmente por las actividades terciarias, que crecieron 3,9 %, mientras que las actividades primarias y secundarias se contrajeron -0,3 % y -0,8 %, respectivamente.
Hablando en clave de política monetaria, estas señales son relevantes para el Banrep, porque cuando el consumo se mantiene dinámico el riesgo de que las presiones inflacionarias persistan hacia adelante es mayor.
Según Itaú, “la actividad sigue impulsada por el consumo privado y el aumento de los ingresos de los hogares, acompañado de elevados niveles de confianza del consumidor”.
A su turno, Piraján, de DAVIbank, resalta que la fortaleza de la demanda interna también tiene efectos colaterales: el crecimiento del consumo se está reflejando en un mayor déficit comercial, en la medida en que una parte importante de ese gasto se canaliza hacia bienes importados. Ese desequilibrio externo es otro elemento que el banco central observa con atención al momento de evaluar su margen de maniobra.
Itaú anticipa que el Banco de la República mantendrá la tasa de interés inalterada a lo largo de 2026 y advierte que “el ajuste del salario mínimo en 2026 y los riesgos en las expectativas de inflación son fundamentales para calibrar la política monetaria a corto plazo”.
Así las cosas, la lectura del Emisor es que no hay urgencia por estimular la economía. Mientras el crecimiento se mantenga por encima de lo esperado y el consumo continúe firme, bajar las tasas podría terminar reforzando una dinámica que aún no es plenamente compatible con el objetivo de llevar la inflación de regreso a la meta.
El frente fiscal también pesa en las tasas
Además de la inflación y del pulso de la actividad económica, el Banco de la República puso sobre la mesa un conjunto de factores fiscales y externos que también influyen en su cautela.
La Junta Directiva señaló que la no aprobación de la Ley de Financiamiento obliga al Gobierno Nacional a tomar acciones para equilibrar el Presupuesto General de la Nación de 2026, un proceso que introduce incertidumbre sobre el manejo de las cuentas públicas en el próximo año.
Banco de Bogotá advirtió que el debate sobre las tasas ha tendido a concentrarse en la inflación y el crecimiento, mientras que el frente fiscal se discute menos de lo que debería, pese a su impacto sobre el balance macroeconómico.
“Aunque hay acciones de parte del Gobierno, no necesariamente estas apuntan en la dirección correcta de contener el gasto e incrementar los ingresos de forma permanente mediante una reforma tributaria más estructural”, indicó la entidad.
A ese frente se suma el deterioro de las cuentas externas. De acuerdo con el Banrep, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se ubicó en 2,4 % del PIB en el tercer trimestre del año, por encima del -1,5 % registrado en el mismo periodo de 2024.
“La ampliación de este desbalance obedeció primordialmente al resultado deficitario de la balanza comercial de bienes, en un contexto de crecimiento de la demanda interna”, indicó la Junta Directiva en el comunicado tras la decisión del viernes.
Un déficit externo más amplio implica que el país necesita seguir atrayendo recursos del exterior para financiar ese desbalance. De ahí que mantener condiciones financieras estables ayuda a evitar presiones sobre el dólar y sobre los precios.
Por lo tanto, bajo la lógica del Banrep, una reducción anticipada de las tasas podría terminar generando tensiones adicionales en el frente externo, un riesgo que el banco central busca evitar.
¿Qué tendría que pasar para que bajen las tasas?
En su intervención tras la decisión de diciembre, el gerente del Emisor dejó claro que el rumbo de la política monetaria dependerá, ante todo, de que la inflación retome una senda de desaceleración consistente.
“En la medida en que veamos que esa desaceleración se retoma con fuerza y conduce a que la inflación por lo menos esté dentro del rango aceptable de más o menos un punto porcentual alrededor de 3 % a finales del año entrante y se pueda prever que termine 2027 en el 3 %, va a ser más fácil mantener una tasa de interés estable”, afirmó Villar.
Banco de Bogotá advierte que el escenario para 2026 es hoy más incierto de lo que parecía hace apenas unos meses. La entidad ajustó su proyección para la tasa de interés y contempla aumentos de 25 puntos básicos en las reuniones de enero, marzo y abril, un movimiento que llevaría la tasa de política monetaria del Banrep del 9,25 % actual hasta el 10 %.
Según el banco, este escenario podría ganar fuerza si se confirma un ajuste significativo del salario mínimo, por encima de las proyecciones del Banco de la República basadas en el criterio técnico de inflación más productividad.
Y es que, tras no lograrse un acuerdo en la mesa de concertación, la decisión sobre el aumento quedó en manos del Gobierno, que ha dado señales de inclinarse por un aumento de dos dígitos.
A esto se sumarían las presiones habituales de comienzos de año, cuando los ajustes de precios tienden a empujar al alza las expectativas de inflación.
Con una economía más fuerte de lo previsto, ruido fiscal y una inflación que no termina de ceder, las piezas aún no encajan para que el Banco de la República baje las tasas. Hasta que ese tablero no se ordene, el alivio en el costo del crédito no llegará.
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