Todavía es posible que en América Latina y el Caribe se cumpla la meta de hambre cero para 2030, que es el segundo Objeto de Desarrollo Sostenible (ODS). Sin embargo, para ello se deben asumir retos relacionados con reducir los precios de la comida, diversificar importaciones y mejorar los procesos agrícolas para lograr mayor productividad y sostenibilidad, teniendo en cuenta como incrementar a su vez la resiliencia ante el cambio climático.
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En este escenario, Colombia, en 2024, registró que el 25,5 % de los hogares tenía inseguridad alimentaria moderada o grave, con brechas profundas entre zonas urbanas (23 %) y rural disperso (34,2 %). El país cuenta con oportunidades significativas para mejorar la seguridad alimentaria de la población. Al respecto habla el Economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), Máximo Torero Cullen.
¿Cómo está la seguridad alimentaria global?
A nivel mundial, la seguridad alimentaria ha tenido una ligera mejora este año según el reporte del Informe de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo (SOFI). Estábamos en 2022 con 8,7 % y ahora en 2024 es del 8,2 % de la población, lo que equivale a 673 millones de personas en hambre. Si vemos el acceso regular a alimentación adecuada, que no solo es hambre sino también sobrepeso, hablamos de 2.300 millones de personas sin acceso regular a una alimentación saludable. En cuanto a la dieta saludable, hay 2.600 millones que no pueden pagarla. Otros indicadores nutricionales muestran algunas mejoras, pero ninguno alcanza las metas establecidas.
Además, la desigualdad se ha incrementado. Este año incluimos en el SOFI el tema de la inflación alimentaria, que tuvo un pico global de 13,6 %, y en el 30 % de los países más pobres fue aún mayor. Esto es relevante porque el precio de los alimentos no depende solo de los commodities, sino también de energía, agua y otros insumos.
En medio de ese panorama, ¿cómo se sitúa América Latina y especialmente Colombia?
En cuanto a regiones, Asia y Sudamérica han mejorado mientras que África ha empeorado. India ha tenido avances importantes y Brasil salió del mapa del hambre, junto con otros países, lo que llevó a que Latinoamérica pasara de 5,7 % a 5,1 % en 2024 (34 millones de personas). Sin embargo, hay 170 millones de personas sin acceso regular a una alimentación adecuada: no sólo es tener las calorías mínimas, sino además tener acceso a dietas saludables.
En Colombia, hay que reducir el hambre en dos millones de personas para cumplir el segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de hambre cero, porque se debe estar por debajo de 1,5 % de la población. La inseguridad alimentaria severa está en 2,6 millones y hay un problema serio de obesidad en 9,1 millones de adultos. El no acceso a dietas saludables afecta a 36,1 % de la población colombiana (19,1 millones).
¿Por qué la inflación de alimentos sube tan rápido y tarda tanto en bajar?
La inflación de alimentos en Colombia está en 6,64 %, más alta que la inflación general (5,51 %) para octubre 2025. Aunque ha bajado, no hemos vuelto a niveles pre-covid. Esto afecta la estabilidad política y macroeconómica, y especialmente a los más vulnerables porque la mayor parte de sus ingresos se gasta en alimentos. Aunque Colombia tiene un entorno macroeconómico más o menos estable, también se ha visto afectada por la inflación alimentaria.
Esta situación comenzó con la recuperación tras la pandemia y a inversión de los gobiernos para ello, lo que generó un aumento en la demanda mundial. Posteriormente hubo restricciones en la oferta, por la guerra en Ucrania por ser este un gran país exportador de trigo y otros cereales. A lo que se suma que la guerra llevó a que se elevaran los precios de energía y fertilizantes (que se multiplicaron por cuatro). Finalmente, luego del covid se dio una reducción de la oferta laboral elevando los costos salariales. Todos estos factores llevan a que los precios de los alimentos aumenten a pesar de que los commodities (el trigo, el maíz, el arros, etc.) bajaran La esperanza es que en el futuro cercano los precios de los alimentos se estabilicen, salvo que pase algo con los demás factores mencionados.
¿Es posible volver a niveles anteriores de precios?
La inflación alimentaria global ha bajado y se acerca a niveles previos, pero no solo depende del país, tiene que ver con factores como el tipo de cambio, tasas de interés, precios de los insumos y eventos climáticos. Además de como estos pueden afectar a países que son grandes exportadores haciendo que los precios de los commodities suban. En los últimos meses la inflación alimentaria en los países desarrollados ha mejorado más rápido que en los pobres o de ingresos medios.
¿Cómo explicar la relación entre inflación de alimentos y seguridad alimentaria?
Un aumento del 10 % en los precios de alimentos incrementa el hambre entre el 3,5 %, y 4 % la seguridad alimentaria severa y moderada y a 5,5 % la prevalencia de malnutrición grave en menores de cinco años. El impacto es grande.
¿Qué factores determinan la seguridad alimentaria?
En este aspecto son cuatro los componentes que lo definen: disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad. Entonces, bajar los precios mejora el acceso, pero la disponibilidad depende de producción nacional e importaciones. Hoy hay buena oferta global, pero el riesgo es la concentración de exportaciones en pocos países, especialmente en lo relacionado con los cereales. Cualquier problema en esos lugares va a afectar los precios mundiales.
¿Cómo puede Colombia mitigar riesgos y aprovechar su potencial agrícola?
No se trata de irse al extremo de producir todo lo que se consume, sino de tener resiliencia: aumentar producción donde hay ventajas comparativas, mejorar la exportación y asegurar acuerdos comerciales para poder acceder a los alimentos necesarios cuando se requieran.
Por ejemplo, los más afectados con el cierre de las exportaciones de cereales de Ucrania fueron los países de África del Norte porque sólo importaban de allí. El problema es que, aunque había disponibilidad en el mundo, no tenían acuerdos comerciales con otros países y se demoraron seis meses en poder comprar.
Colombia tiene ventajas importantes: dos mares por los que pueden importar y exportar, tierras recuperadas por el conflicto de buena calidad y potencial para productos de alto valor (especialmente en frutas, vegetales). Los cereales mayormente se importan, pero tienen esos acuerdos listos. Sin embargo, tiene que seguir mejorando su productividad y producir de forma sostenible.
Es una paradoja que una región tan productora de alimentos tenga una de las dietas saludables más costosas. ¿Por qué los precios de vegetales y frutas son tan altos?
Hay varias posibles explicaciones. Una de ellas es la orientación a agroexportación, lo que reduce la oferta local, y por lo tanto hay que lograr un mejor equilibrio entre agroexportación y producción para el mercado local. Así mismo, las dietas saludables pueden también ser más costosas por altos costos de transporte y posiblemente por una estructura de mercado concentrada en los distintos nodos de la cadena de valor.
Es un tema muy importante, pero tenemos que buscar soluciones. Por ejemplo, una estrategia es comercializar productos que no cumplen estándares de exportación: puede ayudar a mejorar la disponibilidad local. Igualmente, reducir las pérdidas y desperdicios, que son cerca de 30 %, y hacer campañas para incentivar consumo local y revisar la estructura de mercado y la concentración que pueden tener los mayoristas o grandes comercializadores.
La FAO ha asegurado que América Latina es la única región que todavía puede llegar al hambre cero para 2030. ¿Qué se debe hacer para lograrlo?
El horizonte de la región como gran productora y exportadora de alimentos al mundo es bastante bueno. Por un lado, hay oportunidades en el comercio hacia Asia por las nuevas mejoras logísticas como el puerto de Chancay en Perú. Eso va a ayudar a que haya una mejor demanda y a que se reduzcan los costos y tiempos de transporte.
De la misma forma, la región tiene todo el potencial: enorme biodiversidad, agua, tierras cultivables, capacidades técnicas, instituciones fuertes y experiencia en políticas innovadoras como programas de alimentación escolar, transferencias sociales, agricultura familiar y sistemas de información avanzados.
Sin embargo, lograr el ODS 2 requiere que todos los países de la región reduzcan el hambre. Hoy hay que tener en cuenta que hay países de la región a los que no les está yendo muy bien, como es el caso de Haití. La región debe cooperar para que todos los países avancen, incluidos los más rezagados, que es en los que más hay que trabajar.
Yo soy un convencido de que la región puede cumplir el segundo ODS, pero va a tener que trabajar y aprovechar las oportunidades. Los países que han salido del mapa del hambre han mostrado que, para ello, es clave la protección social de los más vulnerables y el incremento de la producción agrícola.
¿Cuáles son los principales riesgos para la seguridad alimentaria?
- Cambio climático: va a haber mayor frecuencia e intensidad en los eventos climáticos, por lo que se debe invertir en resiliencia. Mayor resiliencia implica dos componentes, el primero es prevenir, para lo que se requiere anticipación (alertas tempranas y seguros agropecuarios). Por otro lado, resiliencia implica tener capacidad de absorción cuando el shock se da. Por ejemplo, los programas de protección social, la inversión en adaptación climática con variedades resistentes al exceso o falta de agua o temperaturas extremas, y el comercio, son todas medidas que ayudaran a los países a tener mayor capacidad de resistir o recuperarse rápidos.
- El geopolítico: aumenta la incertidumbre y esto afecta las decisiones en las cadenas de valor, en las exportaciones e importaciones, en la eficiencia. Esa es la razón por la que se hace más necesario tener mejor información. En este sentido, las cadenas de valor no van a ser necesariamente las más eficientes, pero sí las que mejor se adapten a la situación.
- Riesgo macroeconómico y conflictos: la vinculación de este factor con la inseguridad alimentaria es muy importante porque la falta de alimentos puede generar conflictos y viceversa. Y en ese sentido el Acuerdo de Paz del país puede ser un ejemplo de que se puede lograr esa transición tan compleja de un conflicto tan largo.
Una clave de la seguridad alimentaria
Siempre debemos pensar en que queremos mejores alimentos para todos, hoy y también para mañana.
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